12 AÑOS DE ESCLAVITUD

Resultado de imagen de 12 years a slave

12 YEARS A SLAVE. 2013. 133´. Color.

Dirección: Steve McQueen; Guión: John Ridley, basado en el libro de Solomon Northup; Dirección de fotografía: Sean Bobbitt;  Montaje: Joe Walker; Dirección artística: David Stein; Música: Hans Zimmer; Diseño de producción: Adam Stockhausen; Vestuario: Patricia Norris; Producción: Brad Pitt, Steve McQueen, Arnon Milchan, Dede Gardner, Jeremy Kleiner, Bill Pohlad y Anthony Katagas, para Regency Enterprises- River Road Entertainment-Plan B Entertainment- Film4- Summit Entertainment (EE.UU.- Reino Unido).

Intérpretes: Chiwetel Ejiofor (Solomon Northup/Platt); Michael Fassbender (Edwin Epps); Benedict Cumberbatch (Mr. Ford); Lupita Nyong´o (Patsey); Paul Dano (Tibeats); Garret Dillahunt (Armsby); Sarah Paulson (Sra. Epps); Paul Giamatti (Freeman); Brad Pitt (Bass); Kelsey Scott (Anne Northup); Scoot McNairy (Brown); Taran Killam (Hamilton); Christopher Berry (Burch); Bill Camp (Radburn); Chris Chalk (Clemens); Adepero Oduye (Eliza); Michael Kenneth Williams, Rob Steinberg, Liza J. Bennett, J. D. Evermore, Andy Dylan, Thomas Francis Murphy.

Sinopsis: A mediados del siglo XIX, un hombre negro que vive en libertad en el estado de Nueva York es secuestrado y enviado al Sur, donde se verá convertido en esclavo.

El británico Steve McQueen, que había conseguido un importante éxito con Shame, firmó la película más premiada del año 2013 con 12 años de esclavitud, crónica de la vida de un hombre que sufrió en sus propias carnes la indignidad del tráfico de personas, pese a haber vivido en libertad hasta la edad adulta. Este poderoso drama se benefició de la corriente reinante favorable a premiar las películas dirigidas por cineastas pertenecientes a minorías étnicas y fue el gran triunfador en la noche de los Oscar, además de recibir otro buen número de galardones y obtener el respaldo casi unánime de la crítica especializada.

Ya desde su primer largometraje, Hunger, McQueen había demostrado talento y querencia por las temáticas fuertes, cualidades que saltan a la vista en 12 años de esclavitud, obra que posee el don de no caer en esa estomagante costumbre moderna de reescribir el pasado de acuerdo a los insufribles cánones de la corrección política, pues no interpreta nada, sino que describe, lo cual es mucho más potente (la realidad siempre lo es) y, sobre todo, mucho menos estúpido. El drama de Solomon Northup no es tanto la esclavitud, que también, sino el haber vivido buena parte de su vida como hombre libre. Por razones obvias, este hombre no podía poseer el grado de sumisión que caracteriza a quienes nacieron esclavos y no conocían otra forma de vida. De ahí que afirme que su objetivo es vivir, no sólo sobrevivir: él, a diferencia de gran parte de las personas de su misma raza, sabía lo que eran el bienestar, la cultura y la libertad (en mi opinión, si en la primera categoría incluimos la salud y un adecuado sustento económico, las únicas cosas verdaderamente importantes en la vida), así que su pérdida (que incluía también una familia con esposa y dos hijos) era aún más grave.

McQueen, apoyado en un guión de lo más certero, opta por el realismo para describir una sociedad profundamente injusta y explotadora, en la que unos pocos hombres poseían poder absoluto sobre quienes estaban bajo su yugo, en especial, y ya es decir, si esa carne de cañón tenía la piel negra. El director no ahorra a su público la mezquindad de los traficantes de esclavos, la crueldad de los terratenientes y capataces (de hecho, McQueen pone especial énfasis en mostrar los castigos físicos, el chasquido del látigo y el brutal resultado de sus impactos contra la piel), y la ignominia de una actividad que en diversos lugares del mundo se sigue practicando de formas no muy distintas a las que se describen en la película, y en otros muchos se realiza de forma algo más disimulada, pues si algo caracteriza a la especie humana es su capacidad para explotar a los demás en beneficio propio. Tampoco se esconde la cobarde, aunque comprensible, sumisión de muchos esclavos: no hay explotación posible sin explotados obedientes. Con todo, y como se ha dicho, el director describe y deja el análisis para el publico, lo que a la larga es más efectivo… si ese público no es idiota. Se opta con acierto por la sobriedad en la puesta en escena (incluso la banda sonora, de Hans Zimmer, queda en un discreto segundo plano y no se utiliza para buscar la conmoción fácil del espectador), que por otra parte es de muchos kilates: sólo hay que ver las escenas que discurren en el barco que transporta a los futuros esclavos, o las que narran la venta de éstos, para comprobar que estamos delante de un tipo que sabe hacer buen cine, rodeado de técnicos competentes en grado sumo.

No deja de tener su punto de ironía que, de todos los que aparecen en la película, el único personaje de raza blanca que es partidario de la abolición de la esclavitud sea canadiense, ni que las mejores interpretaciones las ofrezcan actores caucásicos. No es que el trabajo de Chiwetel Ejiofor sea malo: al contrario, es esforzado y más que digno, pero al lado de un maravilloso Michael Fassbender, que vuelve a triunfar a las órdenes de McQueen, o de ese crack llamado Benedict Cumberbatch, aquí en el papel de un terrateniente de buen fondo pero pusilánime, la labor del protagonista principal queda un escalón por debajo, a la altura de los de Paul Dano, Sarah Paulson (cuyo personaje muestra a la perfección el temperamento de la típica dama blanca sureña) o un Brad Pitt que se reserva para sí el personaje de mayor poso moral. A Paul Giamatti le vemos poco, pero muy bien, y quien brilla de veras es Lupita Nyong´o, actriz casi debutante que supo darle a su personaje toda la intensidad que el guión demandaba.

Quizá, la película definitiva sobre la esclavitud. Con toda seguridad, el film que Spike Lee querría haber hecho. Un documento poderoso, y de notable valor cinematográfico (perdurará, cosa que no sucede con la inmensa mayoría de las películas simplemente testimoniales), sobre una de esas costumbres que forman parte de la naturaleza humana y hoy en día nos parecen abominables. En todo caso, la definitiva confirmación de que hay otro Steve McQueen dispuesto a figurar en un puesto importante en la historia del cine.

AFTERWORK

Resultado de imagen de after work cortometraje

AFTERWORK. 2017. 6´. Color.

Dirección: Luis Usón y Andrés Aguilar; Guión: Luis Usón; Dirección de fotografía: Rodrigo Chico; Montaje: Luis Usón y Andrés Aguilar; Música: Manuel Riveiro; Producción: Luis Usón y Andrés Aguilar, para Matte CG (España-Ecuador).

Intérpretes: Txabi Mira (Voz de Groompy).

Sinopsis: Groompy es el protagonista de una serie de dibujos animados, cuya vida fuera del trabajo es de lo más aburrida.

Que la animación para adultos es uno de los géneros cinematográficos que mejores resultados creativos ofrece de un tiempo a esta parte empieza a ser una obviedad. Incluso desde lugares tan inesperados como Ecuador nos llegan joyas como Afterwork, film que puede considerarse el reverso deprimente, no sólo de algunos de los clásicos animados por excelencia, sino de alguna obra representativa del estilo de Pixar. El protagonista, Groompy, es un remedo de personajes clásicos como El Coyote, Silvestre o Mr. Jinks, obsesionados con la captura de una presa que siempre se les acaba escapando. En su caso, ese objetivo imposible es una zanahoria. Esa es su vida en los dibujos animados. Después del trabajo, la vida de Groompy les resultará familiar: atascos, soledad, televisión, somnolencia, comida preparada… ¿Acaso el trato no era dejarnos explotar alegremente durante nuestra jornada laboral para disfrutar del confort y el bienestar (o séase, la zanahoria) en nuestras horas libres? ¿O el trato era mentira y detrás de ese cieno de números y leyes del que hablaba Lorca se esconde el vacío? Como es natural, cuando la zanahoria aparece en la sombría casa de Groompy, éste se desvive por atraparla porque en ella está el secreto de nuestra felicidad, ¿no?

Afterwork nos ofrece todo esto en apenas cinco minutos de acabado técnico más que solvente y con una mala hostia digna de elogio. La película tiene un sabor a máscara arrancada que cautivará a los cinéfilos menos complacientes, y un final de impacto. El trabajo hecho por Luis Usón, Andrés Aguilar y los técnicos que les acompañan justifica que la carrera internacional de esta obra sea larga y fructífera, pues no estamos hablando de un producto menor, ni en técnica ni mucho menos en contenido. Absolutamente recomendable… para cuando no vuelves demasiado quemado del trabajo.

LADY SOUL

Aunque, si hacemos caso al papanatismo imperante en los diarios de mayor difusión (con honrosas excepciones, como el artículo que publica Diego Manrique en El País de hoy), ahora resulta que Aretha Franklin era una feminista que además cantaba bien, los méritos de la cantante nacida en Memphis son muy otros: poseer una voz prodigiosa, adaptable a estilos muy diversos, que quizá no dio todos los frutos que debería porque la artista casi siempre orientó su carrera hacia la búsqueda del éxito comercial, lo que llevó a la publicación de diversos trabajos que no estaban a la altura de su talento. La última gran diva del soul murió anteayer, y creo que el mejor elogio que puede hacérsele es el que le dedicó otro grande de la música popular, Burt Bacharach, al comentar su versión de I say a little prayer: “Sin duda, era mucho mejor que la que grabamos nosotros”.

Una muestra de un talento vocal que va mucho más allá de las cuatro canciones que conoce todo el mundo:

EN ESTE RINCÓN DEL MUNDO

Resultado de imagen de kono sekai no katasumi ni

KONO SEKAI NO KATASUMI NI. 2016. 129´. Color.

Dirección: Sunao Katabuchi; Guión: Sunao Katabuchi y Chie Uratani, basado en el manga de Fumiyo Kono; Dirección de fotografía: Yuya Kumazawa; Montaje: Kashiko Kimura; Música: Kotringo; Dirección artística: Kosuke Hayashi; Producción: Taro Maki y Masao Maruyama, para Mappa-Genco (Japón).

Intérpretes: Rena Nounen (Voz de Suzu); Yoshimasa Hosoya (Voz de Shusaku); Daisuke Hara (Voz de Tetsu); Natsuki Hinaba (Voz de Harumi); Minori Omi (Voz de Keiko); Megumi Han (Voz de Sumi); Hisako Kyouda (Voz de la abuela); Shigeru Ushiyama (Voz de Entaro); Mayumi Shintani (Voz de la madre de Shusaku); Nanase Iwai (Voz de Lin); Masumi Tsuda (Voz de la madre de Suzu); Tsuyoshi Koyama (Voz del padre de Suzu).

Sinopsis: Suzu es una joven de 18 años, soñadora y amante del dibujo, que vive en Hiroshima. Siguiendo las costumbres locales, es casada con un joven funcionario del Ejército japonés cuya familia vive en la misma provincia. Con el estallido de guerra, profundos cambios sucederán en la vida de la joven.

En este rincón del mundo, tercer largometraje dirigido por Sunao Katabuchi, fue todo un éxito en Japón y, aunque no ha logrado la repercusión internacional de las películas de animación niponas que llevan el sello de calidad del Studio Ghibli, sí ha cosechado diversos premios y un importante reconocimiento crítico. Se trata de la adaptación a la gran pantalla del conocido cómic de Fumiyo Kono, que recrea la vida de una joven centrándose en los sucesos ocurridos en las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial.

Katabuchi insiste en darle todo el protagonismo a un personaje femenino, al igual que hizo en sus dos películas anteriores, y el resultado es francamente satisfactorio, pues vemos cómo paulatinamente el paso a la edad adulta y la aparición de la tragedia dejan su huella en el temperamento de una joven que, al llegar a la mayoría de edad, es mentalmente una niña, a la que su familia casa cuando a ella, inocente y optimista, sólo le interesan la naturaleza, el dibujo y, en menor medida, Tetsu, un joven de la zona. Con su bondad natural, su carácter humilde y su espíritu trabajador, Suzu logra superar el trauma de verse convertida en la esposa de un desconocido en un lugar extraño para ella, pero la guerra, que en sus primeros años fue casi un paseo triunfal para las tropas imperiales japonesas, da un vuelco y, poco a poco, llegan el racionamiento, las restricciones de todo tipo y los aviones enemigos, uno de los cuales arrojó en Hiroshima la bomba más destructiva creada hasta entonces por la inteligencia humana. Suzu y sus dos familias, la biológica y la política, sufrirán los desastres de la guerra en carne propia.

El principal defecto que se achaca a En este rincón del mundo es el de tener un metraje dilatado en exceso. Discrepo a medias: más que la duración del film, el problema es que le cuesta arrancar: la primera parte de la película es un cuadro costumbrista de notable belleza (esas pequeñas olas que son como conejos blancos saltando sobre el agua), pero algo reiterativo y en el que algunos de los diversos saltos en el tiempo se me antojan prescindibles. La razón de ser de esta obra es que el espectador conozca lo que es vivir en directo el horror de la guerra, y tal vez se dé algún rodeo de más para llegar hasta allí. No obstante, cuando la película emerge, lo hace con un notable poderío que no desaparece hasta el último fotograma. El tono se va haciendo progresivamente más negro, como no podía ser de otra forma, vistos los hechos narrados, hasta acabar situando a la película casi a la altura de la mejor obra que el cine japonés ha producido sobre el lanzamiento de las bombas atómicas, Lluvia negra, de Shoei Imamura. Aquí, sin embargo,, mi entusiasmo ante lo que se muestra en la pantalla disminuye por una cuestión ética: ni el pueblo japonés, ni desde luego sus cineastas, a quienes admiro en muchos aspectos, deben ignorar que su desgracia fue consecuencia de los desmanes provocados por la agresiva (y cruel en extremo) política imperialista de su país en el Sudeste asiático (otra cosa es que Alemania mereciera todavía más que Japón que le cayeran dos bombas atómicas encima). Poco se dice en el film de esto, salvo en la aparición de la joven esclava sexual que ayuda a Suzu a encontrar el camino de regreso desde la ciudad. Las guerras son malas, y pero aún es perderlas.

En los apartados técnicos la calidad de la película es notable, y debería satisfacer a los espectadores más exigentes. Se intenta respetar no sólo el espíritu, sino también las imágenes del cómic original, y la sobria delicadeza de los planos y los movimientos de cámara lo consiguen de sobras. La banda sonora, más allá de las canciones que ilustran el prólogo y el epílogo de la película, tiene la virtud de no enfatizar más de la cuenta las escenas más dramáticas. En cuanto a las voces he de decir que me parecen mejores, más expresivas y dotadas de mayores recursos las de las actrices que doblan a las protagonistas femeninas; el lado masculino me parece, en comparación, más plano y monocorde.

Muy buena película, que vuelve a demostrar que hay vida inteligente más allá de Ghibli. En muchos aspectos, me parece un film más destinado al público adulto que al infantil, y más disfrutable para personas de cierta edad y bagaje cultural. El mensaje es que hay que vivir, a pesar de todo, y que en paz se vive mejor. Como parece que muchos seres en apariencia inteligentes no acaban de comprender estas obviedades, he aquí una razón más para recomendar esta película.

EL ASESINATO DE JESSE JAMES POR EL COBARDE ROBERT FORD

Resultado de imagen de the assassination of jesse james by the coward robert ford

THE ASSASSINATION OF JESSE JAMES BY THE COWARD ROBERT FORD. 2007. 160´. Color.

Dirección: Andrew Dominik; Guión: Andrew Dominik, basado en la novela de Ron Hansen; Dirección de fotografía: Roger Deakins;  Montaje: Curtiss Clayton y Dylan Tichenor; Dirección artística: Troy Sizemore; Música: Nick Cave y Warren Ellis; Diseño de producción: Richard Hoover y Patricia Norris; Vestuario: Patricia Norris; Producción: Brad Pitt, Ridley Scott, David Valdés, Dede Gardner y Jules Daly, para Jesse Films Inc.- Scott Free Productions-Plan B Entertainment- Alberta Film Entertainment- Virtual Studios-Warner Bros. (EE.UU.-Canadá).

Intérpretes: Brad Pitt (Jesse James); Casey Affleck (Robert Ford); Sam Rockwell (Charley Ford); Jeremy Renner (Wood Hite); Paul Schneider (Dick Liddil); Garret Dillahunt (Ed Miller); Mary-Louise Parker (Zee James); Sam Shepard (Frank James); Zooey Deschanel (Dorothy Evans); Alison Elliott (Martha Bolton); Pat Healy, Michael Parks, Ted Levine, James Carville, Nick Cave, Kailin See, Tom Aldredge, Lauren Calvert, Hugh Ross.

Sinopsis: El joven Robert Ford consigue entrar en la banda de los hermanos James justo antes de que cometan un robo en un ferrocarril. A continuación, el grupo de forajidos se dispersa y Ford tiene la oportunidad de conocer a Jesse James, al que idolatra.

El notable debut de Andrew Dominik en el largometraje, Chopper, hizo que este joven director tuviera la oportunidad de ponerse al frente de uno de los últimos intentos de Hollywood de resucitar el western clásico, aunque sea en clave desmitificadora, tendencia muy común en nuestros tiempos. El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford gustó, sin llegar a entusiasmar, a buena parte del público y la crítica, confirmó a Dominik como un cineasta a seguir y permanece como uno de los últimos westerns importantes que se han realizado.

La historia narra, siguiendo la novela de Roy Hansen, la historia de los últimos meses en la vida de Jesse James, un legendario forajido que forma parte de la peculiar mitología norteamericana. En concreto, se trata de una crónica de la vida del menor de los hermanos James desde que conoce al que sería su asesino, el joven Robert Ford, que se une a su banda sin haber cumplido los veinte años junto a su hermano mayor, Charley. Para el muchacho, entrar a formar parte de la cuadrilla de forajidos más famosa de Norteamérica supone la realización de su mayor sueño, pues es un fervoroso admirador de Jesse James y colecciona todas las novelas y noticias que se publican sobre él. Realizado el que sería su último gran atraco, el asalto nocturno a un ferrocarril, el joven Bob Ford tiene ocasión de entrar en el círculo íntimo de Jesse James, hecho que supondrá la caída del mito: su idolatrado bandido es un psicópata despiadado, que desconfía de todo el mundo y que sólo a veces consigue disfrazar su verdadero carácter, que incluso provoca el rechazo de su hermano mayor, Frank, con un barniz de cordialidad, elegancia y buenos modales.

Pese a su dilatado metraje, considero que el interés de la narración no decae. Quizá el mayor problema sea que el film oscila, sin acabar de decantarse, entre la épica propia del western clásico y su indisimulado carácter desmitificador, que hace que resulte bastante difícil sentir simpatía hacia cualquiera de los principales protagonistas. A nivel visual, y aunque quizá se note más de lo necesario (ese gusto por los planos parcialmente desenfocados) el afán de Dominik por destacar, el film es excelente, calificativo indicado para referirse a la labor de Roger Deakins, que no en vano acaparó buena parte de los premios obtenidos por la película. En un film que en lo fundamental es de interiores, la majestuosidad de las escenas rodadas al aire libre es de las que se quedan en la retina. Escenas como la del asalto nocturno al ferrocarril, o la que muestra a James cabalgando, también por la noche, detrás del aterrorizado Ed Miller, son puro cine. Sin embargo, el film olvida una de las frases más recordadas del gran maestro del western, John Ford (“Entre la realidad y la leyenda, imprime la leyenda”), y eso, junto a la desigual inspiración entre escenas, hace que no se alcance un nivel de obra maestra que en algunos momentos llega a rozarse. Opino que el western necesita de un cierto nivel mítico, por mucho que sepamos que sus protagonistas fueran en verdad seres mezquinos y primarios, de gatillo fácil y escasa enjundia moral. Jesse James es una persona que quizá nunca mereció ser mitificada, aunque igualmente ya lo esté, y no pueden nuestros tiempos borrar lo que la historia ha dictado; los motivos de Robert Ford para matarle, como se explica al final de la película, no son otros que el miedo y la recompensa. Falta grandeza, aunque lo que sí me parece interesante es el modo de describir la reacción popular ante el asesinato: en su inmensa mayoría, la sociedad no celebró la muerte del peligroso criminal, sino que le mitificó, tal y como el propio Robert Ford había hecho antes de conocerle en persona; en cambio, él obtuvo mucho menos reconocimiento que desprecio por su acción: por un lado, libró a la sociedad de un elemento indeseable; por el otro, disparó por la espalda (todas las muertes de la película ocurren de ese modo) a un hombre que le acogió en su hogar. La sentencia popular contra el hombre que incluso explotó comercialmente su acción fue clara: nada de aplausos, sólo desdén. Sin duda, un fenómeno digno de análisis, que explica mucho de la Norteamérica de entonces y de ahora, y que puede hacerse extensivo a otras sociedades de este lado del Atlántico.

Al contrario que en la vida real, en el capítulo interpretativo los parabienes de críticos y espectadores fueron mucho más para Robert Ford que para Jesse James.. Aunque la interpretación de Brad Pitt es bastante correcta, y su manera de abordar al ciclotímico forajido es la que se busca, los matices que sabe darle Casey Affleck a su personaje, un individuo que, como tantos otros, posee mucha más ambición que talento, le hacen salir ganador del duelo. Pitt y Affleck se rodean de excelentes secundarios, como Sam Rockwell y Jeremy Renner, dos actores que son toda una garantía, y de un Sam Shepard que aparece sólo al principio, pero es a quien corresponde la mejor descripción que se hace del personaje de Robert Ford. Asimismo, las interpretaciones de Garret Dillahunt y, sobre todo, de Paul Schneider, me parecen de alto nivel. En cuanto al elenco femenino, su presencia es poco más que testimonial, y su desempeño es, en general, correcto, con Alison Elliott algo por encima del resto, en mi opinión.

Western importante, aunque no decididamente imprescindible, El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford es bueno para la vista y para el intelecto, aunque carece de algunos de los atributos que otorgan la excelencia. Con todo, no se hacen muchas películas de esta calidad en un año cualquiera.

HAPPYFLOWERS, FUERA DE MI CAMINO

Canción dedicada a todos los soplapollas, apóstoles del buenrollismo, con todo mi cariño, que es ninguno.

SIETE DÍAS DE ENERO

 

Resultado de imagen de siete dias de enero

SIETE DÍAS DE ENERO. 1979. 128´. Color.

Dirección: Juan Antonio Bardem; Guión: Juan Antonio Bardem y Gregorio Morán; Dirección de fotografía: Leopoldo Villaseñor; Montaje: Guillermo S. Maldonado; Música: Nicolas Peyrac; Producción: Serafín García Trueba y Alain Coiffier, para Goya Producciones Cinematográficas- Les Films des Deux Mondes (España-Francia)

Intérpretes: Manuel Ángel Egea (Luis María Hernando de Cabral); Fernando Sánchez Polack (Sebastián Cifuentes); Madeleine Robinson (Adelaida); Jacques François (Don Tomás); Virginia Mataix (Pilar); José Manuel Cervino (Antonio González Muñoz); Manuel de Benito (Andrés); Alberto Alonso (Cisco Kid); Joaquín Navarro (Líder sindical); Miguel Bódalo, Cris Huerta, Lázaro Cerezo, Jesús Alcaide, Enriqueta Carballeira, Eduardo Calvo, Fernando Chinarro, Raúl Fraire, Ricardo Palacios, Gabriel Llopart, Guillermo Montesinos, José Riesgo, Francisco Vidal.

Sinopsis: Mientras en España hay una huelga general en el transporte por carretera, organizada por los clandestinos sindicatos de izquierda, la represión policial causa la muerte de un estudiante en una manifestación y el GRAPO secuestra a dos importantes personajes del país, grupos de extrema derecha organizan una acción violenta para revertir la incipiente apertura democrática.

Con la llegada de la democracia, Juan Antonio Bardem se dedicó a realizar sus films más militantes, que no los mejores. Su carrera estaba en trayectoria descendente desde hacía varios años, y ni siquiera su primera película rodada tras la muerte de Franco, la estimable El puente, está a la altura de sus primeros –y mayores-logros como director. En esta tesitura vio la luz Siete días de enero, mezcla de ficción y documental que, partiendo de la narración de la famosa Semana Negra madrileña, constituye un homenaje a los abogados laboralistas asesinados en la calle de Atocha por pistoleros pertenecientes a la extrema derecha. Este cine abiertamente político no solía dar mucho juego en las taquillas españolas, y esto fue lo que sucedió también con el film de Bardem.

Cualquier reseña dedicada a Siete días de enero debe comenzar señalando que estamos ante un ejemplo de film de propaganda, pero de propaganda bien hecha, porque esta clase de cine, como cualquier otra, hay que saber hacerla, y Bardem domina los recursos de su oficio: véase, por ejemplo, cómo se muestran los asesinatos de los abogados laboralistas al ralentí, o el acompañamiento musical de las ya de por sí conmovedoras imágenes del entierro. Al comienzo, un rótulo nos advierte de que no es intención de los autores de la película prejuzgar los hechos narrados, pero lo cierto es que los asesinos, así como los instigadores del crimen, quedan retratados de manera inequívoca (muy poco hay que saber de la historia reciente en España como para no reconocer al personaje real que oculta don Tomás, el líder político de la extrema derecha, o quién es realmente el elegante y perverso Cisco Kid, personaje muy de moda en la actualidad). De hecho, el guión, obra del propio director y de una de las mentes políticas más lúcidas de este país, Gregorio Morán, hace hincapié en enseñar al espectador el universo de aquellos que deseaban con fervor la continuidad del franquismo. Para ello, trataron de utilizar en provecho propio la estrategia de la tensión, cuyo objetivo era provocar la reacción violenta de la izquierda, en especial de los todavía ilegalizados comunistas, para justificar un golpe de estado, que habrían de liderar los elementos más reaccionarios del Ejército. Al margen del feroz terrorismo de ETA, y de algunas espectaculares acciones de los GRAPO (dos de ellas, sobre las que la película pasa de puntillas, tuvieron lugar durante la misma semana que los asesinatos de Atocha), organizaciones situadas al margen del espectro político, esa reacción violenta de la izquierda no se produjo, pues si de algo carece la derecha radical española es de sutileza, y los rojos les vieron venir desde lejos y supieron, por la cuenta que les traía, contenerse.

También en el cine, las prisas son malas, y el principal defecto de Siete días de enero radica en su propio carácter de film de urgencia. Esto, que por un lado dota a la película de un gran valor testimonial, repercute de modo negativo en la parte puramente artística, pese a que Bardem no era, como ha quedado dicho, ni un patán ni un recién llegado. Algunos grandes aciertos, como el modo de alternar las imágenes reales (véanse, por ejemplo, las de la represión policial en la manifestación llevada a cabo para protestar por la muerte del estudiante Arturo Ruiz) con las de ficción, quedan empañados por el carácter muchas veces forzado y casi desaliñado de algunas de éstas, que, aunque verosímiles (no cuesta creer que los señoritos pijos de la extrema derecha necesiten manos encallecidas que hagan por ellos el trabajo sucio), adolecen de un acabado cinematográfico mejorable. Esto se hace también muy patente en el apartado interpretativo, muy desigual y marcado por el hecho de que los personajes de ambos lados del tablero político son muy de una pieza, seguramente demasiado. Como retrato de la extrema derecha española, creo que Siete días de enero no yerra demasiado, pero la visión del comunismo patrio que ofrece la película anda escasa de autocrítica. Entrando en materia, me creo a José Manuel Cervino como pistolero inmisericorde, a un a veces excesivo Fernando Sánchez Polack como fascista irredento, a Alberto Alonso como engominado ángel exterminador de la Brigada Político-Social, o a Joaquín Navarro como líder sindical (a él, me lo creo por algo tan anticinematográfico como que no actúa en absoluto), pero las interpretaciones de Manuel Ángel Egea o Jacques François se me quedan cortas, y en el bando comunista todo es tan colectivo que apenas asoma algún personaje con entidad propia.

Siete días de enero es, con todo, un testimonio ineludible de una época convulsa, en el que se alternan aciertos y errores artísticos para dar forma a un film muy poderoso en sus mejores momentos, y muy agudo en el análisis del enemigo. Se trata de un film que todo el mundo en España debería ver, en especial aquellos que piensan, o nos quieren hacer pensar, que este país ha cambiado muy poco desde la muerte del dictador Francisco Franco.

DEPREDADOR

Resultado de imagen de predator 1987 poster

PREDATOR. 1987. 107´. Color.

Dirección: John McTiernan; Guión: Jim Thomas y John Thomas; Director de fotografía: Donald McAlpine;  Montaje: John F. Link y Mark Helfrich; Música: Alan Silvestri; Dirección artística: Frank Richwood y Jorge Sáenz; Diseño de producciónJohn Vallone; Producción: Lawrence Gordon, John  Davis y Joel Silver, para 20th Century Fox (EE.UU).

Intérpretes: Arnold Schwarzenegger (Dutch); Carl Weathers (Dillon); Elpidia Carrillo (Ana); Bill Duke (Mac); Jesse Ventura (Blain); Sonny Landham (Billy); Richard Chaves (Poncho); R.G Armstrong (General Phillips); Shane Black (Hawkins); Kevin Peter Hall, Peter Cullen.

Sinopsis: Un grupo de militares de las fuerzas especiales es enviado a la jungla centroamericana para rescatar a un importante político. Sin embargo, una vez en la selva los soldados son atacados por una criatura de origen desconocido.

Depredador, la segunda película firmada por John McTiernan, supuso el primer gran éxito en la carrera de este director especializado en el cine de acción que vivió sus mejores años al inicio de su filmografía. Se trata de un film que mezcla el género bélico, la ciencia ficción y el terror a mayor gloria de su musculoso protagonista, Arnold Schwarxenegger, que tras los éxitos de Conan el bárbaro Terminator reclamaba para sí el trono de la acción ochentera. La taquilla bendijo la propuesta, que significó un gran espaldarazo para las carreras de los principales artífices de la película.

El guión, además de flojo, es más bien delirante, pero supongo que de todas formas nadie esperaba aquí a Ben Hecht. El caso es que un alienígena dotado de un notable poder destructivo aterriza en lo más profundo de la jungla centroamericana, justo la misma zona a la que un comando de soldados de élite estadounidenses es enviado para rescatar a uno de esos tipos que manejan los hilos de la política. El rescate culmina en la típica carnicería exitosa, pero el periplo selvático de los hercúleos militares se complica por culpa del encuentro con alguien mucho más peligroso que cualquier guerrilla latinoamericana: el alienígena del principio, que no parece simpatizar demasiado con ellos y se dedica a eliminarlos de uno en uno, y de formas bastante espectaculares. Si alguien encuentra notables parecidos entre este planteamiento y los de los films que por aquella época producía a destajo la Cannon para Chuck Norris y otras estrellas de menor entidad, no se equivoca: se trata de la misma fórmula, pero con mayor presupuesto. Depredador es pura serie B con envoltorio de A, pero está rodada con solvencia y los efectos especiales están, en general, muy logrados.

McTiernan demuestra poseer buen pulso para la acción. No le molestan demasiado los diálogos, escasos y en los que abunda más la chulería que el seso, y puede lanzarse a mostrar su pericia a la hora de rodar un film lleno de testosterona, en el que la fotografía es más que correcta, el montaje es ágil y la música, presa de buena parte de los clichés ochenteros, resulta al menos eficaz. De hecho, la película funciona muy bien mientras el diezmo del comando no es absoluto, porque lo cierto es que, en cuanto el monstruo y el protagonista se quedan solos en la selva, los intentos por rizar el rizo convierten el final de la película en algo involuntariamente risible (otra similitud con buena parte de los films de la Cannon…): uno diría que, al llegar al momento cumbre, los guionistas y productores de la película ya habían aspirado demasiada coca, y lo que queda es una versión chusca de Alien que, no obstante, fue muy bien aceptada como animal de compañía.

Sin duda, el mejor intérprete del reparto es el monstruo alienígena… y al final sobreactúa. De hecho, su postrera performance es, en toda la extensión del término, de carcajada pura: véanla de este modo, y disfruten. En cuanto a los actores de músculo y hueso, el protagonismo absoluto es para Arnold Schwarzenegger, el hombre que con su esculpido cuerpo hizo que el cine de acción pasara de ser viril a involuntariamente gay-friendly. La nula expresividad del actor austríaco no supone un problema para la película, antes al contrario, y tampoco le hace quedar mal porque el resto de intérpretes, entre los que sólo hay dos verdaderos actores, Elpidia Carrillo y R.G. Armstrong, cuyas apariciones son poco más que testimoniales, son también forzudos sin expresión. Carl Weathers hace lo que puede, pero no nació para interpretar Ricardo III, y aún me quedo con un Bill Duke que al menos le pone algo de intención al asunto.

Depredador tuvo una secuela, que siguiendo la costumbre fue mucho peor que el primer intento, y como era de esperar tendrá su remake, que no pienso ver salvo amenaza de muerte. El film original tiene la baza de la nostalgia para los que crecimos entre las estanterías de los videoclubs, y es a la vez una película de acción bastante consistente que degenera en un final descacharrante, lo que también tiene su punto. Vamos, que se ve con interés hasta los últimos veinte minutos, y después se hunde de manera irremisible si te la tomas en serio, pero se disfruta mucho si aprietas el botón del descojone a su debido tiempo.

SUMMER IN THE CITY

El balance final de la huelga de taxistas deja mucho más vencidos que vencedores. Por un lado, un gremio de lo más auto-regulado ha hecho una demostración de fuerza que lo único que ha conseguido es demostrar que es más fácil paralizar una ciudad, o varias, que ir contra el signo de los tiempos. Por otra parte, empresas como Uber o Cabify, a las que con la ley en la mano es muy difícil cortar las alas, lo único que aportan, como otras muchas sociedades mercantiles incluidas en eso que llaman nueva economía, es más precariedad, más subempleo y más fraude. No obstante, el negocio del taxi, tal y como hoy se concibe,  tiene fecha de caducidad, porque si algo está demostrado en la economía de nuestro tiempo es que lo barato triunfa, aunque sea malo. Ocurre en todos los sectores, y así pasará también en el transporte urbano de pasajeros. En conclusión, este asunto deja un aroma a derrota, que por otra parte es el olor de Barcelona un día laborable de agosto a primera hora de la mañana: olor a orines, a sudor mal combatido, a perfume de puta barata, a bostezos apenas reprimidos, a restos del naufragio, a quiero y no puedo, a degeneración. Eso sí, tenemos unos manteros con los que podríamos montar un magnífico equipo de lucha libre. Enjoy Barcelona.

ECLIPSE DE SOL EN LUNA LLENA

Resultado de imagen de georges melies eclipse

L´ECLIPSE DU SOLEIL EN PLEINE LUNE. 1907. 8´. B/N.

Dirección: Georges Méliès; Guión: Georges Méliès;  Montaje: Georges Méliès; Diseño de producción: Georges Méliès; Producción: Georges Méliès, para Star-Film  (Francia)

Intérpretes: Georges Méliès (Profesor de astronomía); Mlle. Bodson (Cometa); Manuel (Supervisor de la clase).

Sinopsis: Un profesor de astronomía explica a sus alumnos cómo se produce un eclipse.

Sólo en 1907, Georges Méliès dirigió la friolera de 29 cortometrajes. De los que no se han perdido, Eclipse de sol en luna llena es uno de los más celebrados, por aquello de que retoma la temática de la obra gracias a la cual Georges Méliès se ganó la posteridad: Viaje a la luna. El film que nos ocupa es más un divertimento, en el que de nuevo asoma el enorme ingenio del cineasta francés, el hombre que, como dije en la reseña de la película antes mencionada, abrió el camino del cine como ilusión y fantasía.

Quizá lo más llamativo de Eclipse de sol en luna llena sea su carácter humorístico, que queda patente en la primera parte del film, en la que un profesor de astronomía intenta explicar cómo se produce un eclipse ante un grupo de alumnos especialmente alborotadores. Se trata del episodio realista de la película, que da paso a una escena, la del eclipse propiamente dicho, en la que, además de rememorar al Méliès más recordado, asistimos a lo que parece ser la primera película de temática homosexual de la historia del cine, pues el eclipse se expone de una forma que evoca, y dudo que esto sea casual (prueba de ello es que, en diversos países, al film se le añadió el subtítulo de El cortejo del Sol y la Luna), un acto de sodomía en toda regla. Presentado, eso sí, con la jovialidad y el humor que caracteriza esta película.

No estamos, y justo es decirlo, ante una obra mayor, pero sí ante una nueva muestra del visionario talento de Georges Méliès, en clave lúdica.

1 2 3 4 5 155 156