RÉQUIEM POR UN MAGNÍFICO GUITARRISTA

John Abercrombie era un mago de las seis cuerdas que nos deja teniendo aún mucho que ofrecer, por lo que se escucha en su último disco. Quede este post como un homenaje a su talento.

LA MEJOR PORTADA DEL AÑO

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Mucha gente de Charlie Hebdo murió por defender y ejercer la libertad. Quienes les critican por esta portada demuestran, como poco, ignorancia.

LA MANERA DE SER LIBRES

Debemos al enciclopedista francés Denis Diderot la fórmula de la libertad humana:

“EL HOMBRE SÓLO SERÁ LIBRE CUANDO EL ÚLTIMO REY SEA AHORCADO CON LAS TRIPAS DEL ÚLTIMO SACERDOTE”.

OMEGA

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OMEGA. 2016. 80´. Color.

Dirección: José Sánchez Montes y Gervasio Iglesias; Guión: Gervasio Iglesia, José Sánchez Montes y Mercedes Cantero; Dirección de fotografía : Juan Manuel Carmona;  Montaje: Abel Fernández y Pablo Rojo; Música: Enrique Morente, Lagartija Nick, Leonard Cohen; Producción: Cristóbal García, para Sacromonte Films-Telecinco Cinema (España).

Intérpretes: Enrique Morente, Antonio Arias, Aurora Carbonell de Morente, Eric Jiménez, Alberto Manzano, Estrella Morente, Laura García Lorca, Juan Codorniu, Miguel Ángel Cortés, Lee Ranaldo, Cañizares, Montoyita, Miguel Ángel Rodríguez Pareja, David Fernández, Jesús Arias, Diego Manrique, José Enrique Morente.

Sinopsis: Recorrido por la génesis y evolución del álbum Omega, que unió al cantaor Enrique Morente con el grupo de post-punk Lagartija Nick.

El disco más revolucionario y rompedor hecho jamás en España no se concibió en Madrid, Barcelona o Sevilla, sino en Granada, cuna del maestro Enrique Morente, quien ya desde los años 80 proyectaba fusionar la pureza emocional del flamenco con la fiereza del rock, de una forma más radical que la llevada a cabo por las bandas señeras del rock andaluz unos años atrás. Por otro lado, Alberto Manzano, amigo y traductor de Leonard Cohen, quiso regalarle al canadiense las grabaciones de algunos de sus temas más conocidos en versión flamenca, estilo que Cohen conocía y admiraba. Con la entrada en el proyecto del también granadino grupo de rock Lagartija Nick, la cosa empezó a tomar forma, y el plan original se convirtió en un álbum que fusionaba post-punk y flamenco, con letras de Leonard Cohen y Federico García Lorca, en concreto extraídas de Poeta en Nueva York. Pocas veces se ha juntado tanta genialidad en un solo proyecto. La película narra, de una manera tradicional (alternando imágenes conocidas e inéditas de los protagonistas con declaraciones de artífices y testigos de Omega), cómo se fue creando la obra musical más rompedora que ha conocido este país tan poco receptivo a las novedades que es España. Morente, artista controvertido que acababa de ganar el Premio Nacional de la Música, sabía que lo que iba a hacer era un salto sin red, e involucró a toda su familia en un experimento que podía ser un hito, o destrozar su carrera. Sucedió lo primero, pero durante bastante tiempo no estuvo claro el resultado de la apuesta. De hecho, la obra fue mal recibida por buena parte del universo flamenco, tan atractivo como cerrado, y suscitó un encendido debate entre partidarios y detractores que, aún hoy, está lejos de apagarse. La película, rodada con esmero y con un acabado formal impecable, incide en el cambio que se produjo cuando, por presiones de la compañía discográfica, la fase final del proyecto se trasladó a Madrid, donde se acabaron la libertad creativa y la pasión por experimentar que se dieron cita en Granada y se hizo palpable el rechazo al que habría de enfrentarse un disco ya ignorado de entrada por varias compañías. Todo esto llenó de dudas al propio Morente, que recibió muchas presiones para reducir lo máximo posible la presencia de Lagartija Nick en el álbum. Al final, el disco tuvo más canciones puramente flamencas que rockeras, pero fueron éstas las que generaron el mayor impacto y, pese a la controversia, despertaron el interés por el cante jondo entre muchos jóvenes cuya cultura musical era eminentemente rockera.

La película transmite lo que hay detrás de Omega, que en esencia son dos cosas: arte y valentía. La agilidad del montaje es sin duda un punto a favor, como lo son muchos de los testimonios, divertidos o emocionados, de quienes estuvieron al lado de Enrique Morente en su salto al vacío, en la creación de una obra que, sin duda, marcó un antes y un después. Fusiones hay muchas, buenas y malas, pero cuesta imaginar una más extrema y que pueda producir resultados artísticos de una calidad siquiera parecida. Jondura, ruidismo, Lorca, Cohen, distorsión y palmas. Una verdadera sacudida para mentes y oídos inquietos, que José Sánchez Montes y Gervasio Iglesias explican y reivindican como merece.

¿NO TENGO MIEDO?

Ahora que parece confirmarse que el asesino de la furgoneta de Barcelona bebió de su propia medicina en Cambrils, he de decir que admiro profundamente a quienes manifiestan no sentir miedo ante la tristemente materializada amenaza del terrorismo yihadista en la Ciudad Condal. Mejor dicho, les admiraría si les creyera. Temer a unos asesinos que matan de manera indiscriminada, cuando uno vive en el lugar de mayor implantación del terrorismo islamista en toda la Península Ibérica (lo cual, por cierto, es para hacérselo mirar) no es cobardía, sino puro sentido común. Una cosa es decir que, de todas formas, hay que seguir viviendo, y hacerlo; faltar a la verdad es algo bien distinto.

EL RENACIDO

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THE REVENANT. 2015. 154´. Color.

Dirección: Alejandro González Iñárritu; Guión: Alejandro González Iñárritu y Mark L. Smith, basado parcialmente en la novela de Michael Punke; Director de fotografía: Emmanuel Lubezki;  Montaje: Stephen Mirrione; Música: Ryuichi Sakamoto y Alva Noto;  Diseño de producción: Jack Fisk;  Dirección artística: Michael Diner e Isabelle Guay (Supervisión); Diseño de vestuario: Jacqueline West; Producción: Alejandro González Iñárritu, Steve Golin, Arnon Milchan, Mary Parent, Keith Redmon y James W. Skotchdopole, para Regency Enterprises-New Regency-M Productions- Anonymous Content- Ratpac Entertainment- Appian Way-Monarchy Enterprises (EE.UU.).

Intérpretes: Leonardo DiCaprio (Hugh Glass); Tom Hardy (John Fitzgerald); Domhnall Gleeson (Capitán Henry); Will Poulter (Bridger); Forrest Goodluck (Hawk); Paul Anderson (Anderson); Kristoffer Joner (Murphy); Joshua Burge (Stubby Bill); Duane Howard (Elk Dog); Christopher Rosamund (Boone); Lukas Haas (Jones); Melaw Nakehk´o, Fabrice Adde, Arthur Redcloud, Robert Moloney, Brendan Fletcher, Tyson Wood.

Sinopsis: Hugh Glass es un explorador que guía a una expedición a través de rutas deshabitadas de Norteamérica. Muchos hombres perecen por un ataque de los indios, y poco después Glass queda al borde de la muerte por el ataque de un oso. La traición de Fitzgerald, uno de los miembros de la expedición, acaba con el asesinato del hijo mestizo de Glass, y con éste abandonado a su suerte. A partir de ese momento, los dos únicos objetivos del explorador son la supervivencia y la venganza.

Después de hacer saltar la banca con su anterior film, Birdman, el cineasta mexicano Alejandro González Iñárritu viró hacia la épica con El renacido, una historia de supervivencia que narra las aventuras del explorador Hugh Glass a principios del siglo XIX. Un aluvión de premios saludó el nuevo tour de force de Iñárritu, que le situó en la intersección entre Terrence Malick y el Tarantino de Los odiosos ocho.

En un entorno salvaje y hostil, como el de los pioneros que colonizaron los Estados Unidos de Norteamérica, cobra todavía más sentido la célebre frase de Thomas Hobbes que dice que el hombre es un lobo para el hombre. De eso va la película. Iñárritu, en una tesis que ya es una constante en su obra, muestra que el hombre blanco, cruel y codicioso, es más lobo aún, pues los únicos gestos de nobleza y solidaridad los encontramos, excepción hecha del capitán que comanda la expedición en la que el protagonista ejerce de explorador, de la mano de indígenas. No comulgo con esta especie de racismo a la inversa, aun siendo consciente de las atrocidades cometidas por el hombre blanco, no sólo en la colonización de Norteamérica. Llámenme misántropo, pero creo que todos los humanos estamos hechos de la misma pasta, y lo único que nos diferencia es el nivel de conocimientos adquirido y la capacidad para ejercer sobre los débiles nuestra maldad natural. Dicho esto, la película narra el devenir de los miembros de una expedición que, tras adentrarse en territorio indio, se dispone a regresar al mundo civilizado con un buen número de pieles de animales, con cuya venta puede obtenerse bastante dinero. Sin embargo, una emboscada de los indios hace que la expedición pierda a la mayoría de sus hombres, y que el resto se vea obligado a huir para no correr idéntico y sangriento destino. En un bosque, Glass, el explorador, es atacado por un oso pardo, y queda al borde de la muerte. En vista de su penoso estado, y de la escasez de hombres y víveres, se decide que un grupo, formado por dos muchachos, uno de los cuales es el hijo mestizo de Glass, y un individuo mezquino y cruel apellidado Fitzgerald, se quede con él a la espera de recibir ayuda o, si muriese, se encargue de darle sepultura. Lo que hace Fitzgerald es engañar a uno de los muchachos, asesinar al hijo de Glass y abandonar a éste, moribundo, en mitad del bosque helado. Desde ese momento, el explorador lucha por sobrevivir, con el objetivo de vengarse del asesino de su hijo.

Iñárritu narra una historia de supervivencia en condiciones extremas y deseo de revancha con extremo preciosismo, de modo que su colaboración con Emmanuel Lubezki vuelve a ser un ejercicio visualmente fascinante. Es cierto que algunos de los larguísimos planos-secuencia que Iñárritu planifica y ejecuta con maestría no parecen tener otra justificación que el puro virtuosismo, pedantería disculpable en un panorama cinematográfico en el que prima en exceso el montaje fragmentado, y que a la película le sobra metraje y no hubiera estado de más un último recorte en la sala de edición, pero la suma de las mencionadas cualidades con unos magníficos efectos visuales convierte a El renacido en una obra mayor. La música, compuesta en su mayor parte por Ryuichi Sakamoto, me parece bastante buena, pero no produce el mismo impacto que las imágenes. En ellas, la belleza inhóspita de los paisajes, la de la sangre sobre el hielo y el paroxismo de unos rostros llevados por la climatología y las circunstancias a la pura animalidad, no se olvidan fácilmente.

El renacido le dio a Leonardo DiCaprio su perseguido Oscar, y hay que decir que se lo ganó a pulso, por lo certero de su labor y por las condiciones extremas en que se desarrolló el rodaje. Otra cosa es que en ningún momento el otro gran protagonista de la película, Tom Hardy, esté peor que él. De hecho, en algunas de las escenas que comparten (su primer diálogo, por ejemplo) opino que Hardy le come la tostada a DiCaprio, como se la comería al 95% de los actores vivos.  Así de mayúscula es su labor. Del resto, me quedo con Domhnall Gleeson y Christopher Rosamund, dentro de un tono general  notable.

Con un cuarto de hora menos de metraje (las ensoñaciones, o delirios, del protagonista me sobran casi en su totalidad, para ser sinceros) estaríamos hablando de una verdadera obra maestra (la primera hora para mí lo es, sin duda), que Alejandro González Iñárritu aún no posee en su filmografía, pero lleva todo el camino de conseguirla. Gran cine de un director cuyo talento casi está a la altura de su hipertrofiado ego.

 

TRUMBO: LA LISTA NEGRA DE HOLLYWOOD

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TRUMBO. 2015. 122´. Color.

Dirección: Jay Roach; Guión: John McNamara, basado en la novela de Bruce Cook Dalton Trumbo; Director de fotografía: Jim Denault;  Montaje: Alan Baumgarten; Música: Theodore Shapiro; Dirección artística: Jesse Rosenthal; Diseño de producción: Mark Ricker; Producción: Janice Williams, John McNamara, Shivani Rawat, Kevin Kelly Brown, Michael London, Nimitt Mankad y Monica Levinson, para Groundswell Productions-Bleecker Street Films- ShivHans Pictures (EE.UU).

Intérpretes: Bryan Cranston (Dalton Trumbo); Michael Stuhlbarg (Edward G. Robinson); Diane Lane (Cleo Trumbo); Helen Mirren (Hedda Hopper); Louis C.K. (Arlen Hird); Elle Fanning (Niki Trumbo); John Goodman (Frank King); John Getz (Sam Wood); David James Elliott (John Wayne); Richard Portnow (Louis B. Mayer); Roger Bart (Buddy Ross); Peter MacKenzie (Robert Kenny); James DuMont (J. Parnell Thomas);  Dean O´Gorman (Kirk Douglas); Christian Berkel (Otto Preminger); David Maldonado, Toby Nichols, Madison Wolfe, Alan Tudyk, Adewale Akinnuoye-Agbaje, Mitchell Zakocs, Stephen Root, Mark Harelik, Gus Rhodes.

Sinopsis: Dalton Trumbo pasa, en pocos meses, de ser el guionista mejor pagado de Hollywood a ser despedido de su empleo y procesado por sus ideas izquierdistas.

El director Jay Roach, famoso por una serie de infumables comedietas, cuyos nombres recuerdo pero prefiero omitir, decidió cambiar de registro, quizá para compensar el daño hecho al séptimo arte con sus películas anteriores, y ponerse al frente de Trumbo, film biográfico que narra las desventuras de este célebre  personaje cuando la paranoia anticomunista puso su dedo acusador sobre Hollywood. Trumbo logró el prestigio que buscaba, y me atrevo a decir que obtuvo menos premios de los que merecía.

De todos es sabido que el resultado de la Segunda Guerra Mundial dividió el mundo en dos bloques, lo que dio comienzo a la Guerra Fría. Por eso, cuando los guardianes de las esencias americanas quisieron centrar su cruzada en el Hollywood liberal y pecaminoso, no les faltaron víctimas. La Meca del Cine estaba repleta de personas de ideas progresistas, en muchos casos simpatizantes de un régimen soviético que, no hay que olvidarlo, contribuyó en gran manera a la victoria aliada. El ala más izquierdista de Hollywood tuvo el dudoso honor de comprobar, al poco de finalizar la guerra, que la celebradísima derrota del fascismo frente a la libertad y la democracia era fruto de un análisis demasiado optimista. El resultado de todo ello es bien conocido: innumerables carreras y vidas destruidas en pro de una cruzada anticomunista que, dicho sea de paso, buscó muchas más conspiraciones de las que logró encontrar. El nombre más célebre de entre los damnificados fue el de Dalton Trumbo, guionista estrella que conoció la cárcel por no renegar de su ideario político y vio como, durante años, la industria le dio por completo la espalda, obligándole, a lo sumo, a escribir libretos mal pagados que tampoco podía firmar. La película es la crónica de la lucha de Trumbo contra quienes le condenaron al ostracismo.

Trumbo se apoya en un notable guión, de John McNamara, que a su vez se inspira en la bien documentada novela de Bruce Cook. Al libreto puede criticársele cierta falta de sutileza, así como una exposición de la vida familiar del protagonista demasiado tópica, pero en lo demás es modélico. La acción se narra con gracia, agilidad y una carga de reflexión moral del todo necesaria en estos tiempos, en los que en todas partes, incluso en esas en  las que la gente va a votar cada cierto tiempo para crearse la ilusión de que pinta algo, existen personas perseguidas y represaliadas de muy diferentes maneras por el simple hecho de que su ideología no concuerda con la del régimen de turno. Por lo tanto, Trumbo es una película necesaria… que además es bastante buena, pues posee cualidades cinematográficas que trascienden su valor testimonial. La presentación y el desarrollo de los personajes (con nombres y apellidos, como hay que hacer, para que todos sepan quiénes fueron John Wayne, Kirk Douglas o Hedda Hopper, sujeta sobre cuya estrella prometo escupir si alguna vez piso el Hollywood Boulevard) es coherente y creíble; los diálogos, tan ingeniosos como cabía esperar en un film protagonizado por individuos especializados en crear frases brillantes, y las escenas presentan, sin descuidar en ningún momento eso tan importante de que el cine debe entretener, una sucesión de hechos de interés que la convierten en uno de los grandes biopics de este siglo. En el fondo, Trumbo es una película sobre el valor, virtud tan ensalzada como escasa, y sobre la resistencia a traicionarse a uno mismo (y el precio que uno paga por actuar de acuerdo a su conciencia cuando el mundo se vuelve loco). Dalton Trumbo poseía un gran talento, lo que hizo que pocas veces le faltaran guiones de mierda que retocar u ofertas para escribir: otros menos dotados que él vieron cómo sus carreras, su consideración social e incluso sus vidas se fueron al traste, no de forma temporal, sino para siempre. La mayoría prefirió plegarse a la barbarie, renegar de sus ideas o, lo que es peor, delatar a amigos y compañeros para salvar sus carreras. O sus piscinas, como dijo con saña Orson Welles. Los aspectos técnicos están resueltos con eficacia, lo que demuestra que Jay Roach es capaz de algo mejor que dirigir bodrios, y la recreación del Hollywood de los años 50 me parece realmente conseguida.

Quien se llevó el mayor número de parabienes en esta película fue su protagonista masculino, Bryan Cranston, actor de gran calidad que aporta a su personaje las dosis necesarias de terquedad, ingenio e ironía, y además posee capacidad de emocionar. Cranston, intérprete que debe su fama a al televisión, brilla aquí como nunca en la gran pantalla. Otro de los grandes puntos fuertes del reparto es la presencia de Helen Mirren, excelsa en su papel de supervillana. Destaco también la intervención del gran cómico Louis C.K., en el papel de uno de los compañeros represaliados de Trumbo, y de John Goodman, que protagoniza una de las mejores escenas de la película. No quiero dejar pasar la ocasión de alabar el trabajo de Michael Stuhlbarg, ni el de Christian Berkel como Otto Preminger, el excelente y tiránico director que, junto a Kirk Douglas, brindó a Trumbo la oportunidad de regresar al lugar del que jamás debió salir.

Gran película, que sirve para dar una gozosa bienvenida a Jay Roach al cine de verdad. En ocasiones, los films imprescindibles llegan desde lugares inesperados.

 

EL CORAZÓN DEL BOSQUE

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EL CORAZÓN DEL BOSQUE. 1979. 99´. Color.

Dirección: Manuel Gutiérrez Aragón; Guión: Manuel Gutiérrez Aragón y Luis Megino; Dirección de fotografía: Teo Escamilla;  Montaje: José Salcedo; Música: Miscelánea. Canciones de Agustín Lara, etc. Decorados: Félix Murcia; Producción: Luis Megino, para Arándano, S.A. (España).

Intérpretes: Ángela Molina (Amparo); Norman Briski (Juan); Luis Politti (El Andarín); Víctor Valverde (Suso); Santiago Ramos (Atiano); Raúl Fraire, Norma Bacaicoa, Luis Pastor, Susana Prados, Julián Navarro.

Sinopsis: Años después de finalizada la Guerra Civil, El Andarín continúa la lucha desde los montes. La organización a la que pertenece ha decidido poner fin a la lucha armada, por lo que envían a Juan, un hombre que creció en la zona, para convencerle de que se rinda.

El cuarto largometraje dirigido por Manuel Gutiérrez Aragón supuso el comienzo de su colaboración profesional con el productor Luis Megino, que sería una pieza importante en su trayectoria posterior. La película, que no cuadraba con las tendencias en boga durante la Transición, contó con el beneplácito de la crítica, pero tuvo unos resultados en taquilla que no pasaron de discretos.

Con el final del franquismo llegaron al cine español, además del destape, algunas películas que trataban cuestiones que la dictadura fascista impedía abordar, como por ejemplo el de los maquis. Mario Camus lo hizo, desde un enfoque eminentemente realista, en Los días del pasado. Manuel Gutiérrez Aragón, que pasó su infancia rodeado de bosques casi idénticos a los que aparecen en la película, basó también su historia en hechos reales, pero optó por una perspectiva casi onírica que, constituye, en mi opinión, un lastre para el resultado final de la obra. Por no dilatar el asunto, diré que El corazón del bosque me parece un film narrativamente plomizo, capaz de aburrir incluso a quienes estamos interesados en la historia de la resistencia antifranquista. Manuel Gutiérrez Aragón no es Carlos Saura ni, desde luego, Víctor Erice, cineastas con una marcada personalidad visual, capaces de decir mucho utilizando las palabras justas y de proponer un cine en verdad poético. Gutiérrez Aragón intenta seguir esa estela, pero todo se queda en eso, en un intento. La escasez de diálogos no justifica la falta de claridad expositiva (a la hora de explicar el conflicto de los personajes, el guión opta por plantearlo de manera arbitraria, casi a saltos), ni la constante panorámica de unos bellos bosques llenos de niebla y misterio es sinónimo de poesía visual. La animalidad de los personajes me parece forzada, lejos de la pureza con que la exponía Borau en Furtivos, y la película no nos hace entender por qué, en cuestión de diez años, El Andarín pasa de ser el personaje más popular en la verbena del pueblo a convertirse en un paria, escondido en el monte y abandonado por sus propios compañeros de armas, a su vez perseguidos de manera inmisericorde por la Guardia Civil. ¿Miedo, incomprensión ante el empecinamiento del sublevado por no aceptar la derrota y volver a la mísera normalidad? Un poco de todo, tal vez, pero veo mucha voluntad por ser ambiguo y sugerente, cuando lo que de verdad se hace es explicar menos de lo necesario.

Al final, lo mejor del conjunto es la fotografía de Teo Escamilla, que en ocasiones sí alcanza la belleza que la narración no logra transmitir, y también la interpretación de Ángela Molina, actriz visceral y poseedora de un acusado magnetismo, a cuyo personaje no conseguí entender. Las interpretaciones del elenco masculino, con la excepción de Santiago Ramos, me parecen mediocres, más esforzadas que brillantes.

El corazón del bosque es un experimento fallido que, por desgracia, justifica algunos de los prejuicios más recurrentes que los que hablan sin conocer esgrimen contra el cine español. Ni como cine poético, ni como descripción de lo que fue la lucha antifranquista en los montes, llega a funcionar. Creo que, como en la vida, los maquis merecían algo mejor en el cine.

 

DÍA DE ENTRENAMIENTO

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TRAINING DAY. 2001. 119´. Color.

Dirección: Antoine Fuqua; Guión: David Ayer; Director de fotografía: Mauro Fiore;  Montaje: Conrad Buff; Música: Mark Mancina; Dirección artística: David Lazan; Diseño de producción: Naomi Shohan; Producción: Bobby Newmyer y Jeffrey Silver, para Warner Bros. (EE.UU).

Intérpretes: Denzel Washington (Alonzo); Ethan Hawke (Jake); Scott Glenn (Roger); Tom Berenger (Stan); Harris Yulin (Doug Rosselli); Raymond J. Barry (Lou Jacobs); Cliff Curtis (Smiley); Dr. Dre (Paul); Snoop Dogg (Blue); Macy Gray (Mujer de Sandman); Charlotte Ayana (Lisa); Eva Mendes (Sara); Nick Chinlund (Tim);  Jaime Gómez (Mark); Raymond Cruz, Noel Guglielmi, Samantha Becker, Denzel Whitaker.

Sinopsis: Jake, un joven policía de Los Ángeles, desea convertirse en detective de narcóticos. Para ello debe pasar un día de prueba junto a Alonzo, un veterano y condecorado agente.

Antoine Fuqua, un director cuya breve trayectoria no hacía esperar grandes cosas, se destapó en la entrada del siglo con Training day, un thriller policial sobre el mundo de la droga en Los Ángeles que triunfó en taquilla, gustó a la crítica y es considerado por muchos el mejor film de acción en lo que llevamos de siglo.

Una de las claves del éxito la encontramos en el excelente guión de David Ayer, que sabe combinar a la perfección el puro entretenimiento con el análisis de un contexto social especialmente duro, el de los ghettos angelinos, cuya realidad tiene mucho en común con la de las favelas brasileñas, visto desde el prisma de los policías que deben enfrentarse, en una lucha siempre desigual, a los narcotraficantes.

Por lo demás, Training day repite el esquema clásico de las buddy movies, juntando a un policía novato con un experto detective de narcóticos. La diferencia es que, aquí, el veterano tiene más de Mefistófeles que de mentor: Alonzo es un encantador hijo de la gran puta, que se mueve a la perfección entre traficantes de moral inexistente y gatillo fácil porque puede ser igual que ellos, y al tiempo es capaz de pasar por un policía abnegado, generoso y carismático. Como su título indica, el film transcurre durante un solo día: en ese escaso tiempo, Jake irá desenmascarando a Alonzo, cuyos métodos no son en absoluto reglamentarios, mientras él mismo se ve envuelto en los problemas de su compañero, causados por un inoportuno y violento acceso de ira durante un fin de semana en Las Vegas. A su manera, Alonzo es un rey, dueño de las calles, y como tal se comporta. Él ofrecerá a Jake un cursillo acelerado de todo lo que no debe hacer un policía de narcóticos, sazonado con un puñado de actitudes y consejos que le permitirán sobrevivir en la jungla.

Fuqua, director con buen estilo visual estropeado en ocasiones por sus tendencias videocliperas, se pone al servicio de una historia que atrapa al espectador desde el primer minuto, y jamás lo suelta. Me gusta en especial el aprovechamiento que se hace de las posibilidades lumínicas que ofrecen las distintas horas del día, pues con ello se marcan los tiempos de la narración de un modo natural, sin distraer al público. Como película de acción, Training day es fantástica, y no decepcionará a los incondicionales del género. Pero los disparos, las persecuciones y el inevitable duelo final entre los protagonistas (el único aspecto del film que encuentro efectista y recargado en exceso) no son ni de lejos los principales alicientes de una película que saca petróleo del enfrentamiento entre caracteres antagónicos y, a la vez, lo enmarca en un contexto de puro narcoestado, que es lo que son, en pequeña escala, multitud de barrios de casi todas las grandes ciudades americanas (y de la Europa del Sur y el Este, todo sea dicho). El film enseña que para meterse en ese mundo, en el que, sin exagerar, cada día pueden volarte la cabeza, en una guerra, la del narcotráfico, que se está perdiendo en los Estados Unidos y en todas partes, hay que tener una enorme vocación, un punto de inconsciencia y un nulo espíritu flower-power, y al tiempo muestra lo que ocurre cuando se pierden los principios, se dejan atrás los dilemas morales y el ejercicio de la autoridad tiene mucho de poder absoluto. Este cóctel de adrenalina, duelo moral (y generacional) y radiografía del submundo no puede ser más certero.

Training day será recordada por ser la película que le dio el Oscar a Denzel Washington. La crítica ha agotado los elogios al actor por este trabajo, y puedo decir que son merecidos. Alonzo es el mejor papel en la carrera de Washington, que dejó de lado su habitual registro de tipo modélico y se arrojó a los brazos del mal, con resultados artísticos inmejorables. El encanto del personaje es tan indiscutible como su intrínseca hijoputez: la clase de individuo con la que jamás querrías encontrarte en la vida real (y, si lo haces, más te vale llevarte bien con él), pero que en una pantalla de cine es tan cautivador como repulsivo, La labor de Washington dejó en un injusto segundo plano la de Ethan Hawke, que sabe reflejar muy bien la transformación de su personaje, que pasa de novato blandito a tipo duro en un solo día, en buena parte gracias al tipo con el que comparte asiento en el coche patrulla. El personaje de Scott Glenn, eficaz como de costumbre, es imprescindible para ver el verdadero rostro de Alonzo, y los veteranos Tom Berenger, Harris Yulin y Raymond J. Barry sólo intervienen en una escena, pero es tremenda la presencia que le dan. Hablando de presencia, no puedo dejar de comentar la de Eva Mendes, ni tampoco la de diversos representantes de la moderna música negra en roles secundarios.

Gozada de película, que no inventa nada pero ofrece dos horas de puro placer cinematográfico. En su filmografía posterior, Antoine Fuqua no ha rodado nada tan bueno ni de lejos, pero siempre podrá presumir de Training day.

MI TÍO JACINTO

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MI TÍO JACINTO. 1956. 90´. B/N.

Dirección: Ladislao Vajda; Guión: Andrés Laazlo, Max Korner, José Santugini, Gian Luigi Rondi y Ladislao Vajda, basado en un argumento de Andrés Laszlo; Dirección de fotografía: Heinrich Gartner (acreditado como Enrique Guerner); Montaje: Julio Peña; Música: Roman Vlad; Producción: Vicente Sempere, para Chamartín Producciones- Falco Film-ENIC  (España- Italia)

Intérpretes: Pablito Calvo (Pepote); Antonio Vico (Jacinto); José Marco Davó (Inspector); Paolo Stoppa (Restaurador); José Isbert (Sánchez); Miguel Gila (Paco); Juan Calvo (Ropavejero); Walter Chiari (Caballero elegante); Julio Sanjuán (Organillero); Mariano Azaña, Pastora Peña, Luis Sánchez Polack Tip, Adriano Domínguez, Rafael Bardem, José María Lado, José Calvo.

Sinopsis: Jacinto, un torero retirado que vive, en la miseria y entregado al alcohol, con su joven sobrino, recibe una carta en la que le citan para torear esa misma noche en Las Ventas. Su problema es conseguir en tan poco tiempo el dinero que necesita para alquilar un traje de luces.

Después del monumental éxito de Marcelino pan y vino, el director de origen húngaro Ladislao Vajda decidió repetir fórmula (niño prodigio, historia tierna) de un modo más adulto, y desde luego mucho menos complaciente, con Mi tío Jacinto, película que es considerada, con toda justicia, una obra cumbre del Neorrealismo español.

Una de las pesadillas recurrentes del cine patrio son las películas con niño. Si además la criatura canta, la idea del infanticidio puede fácilmente rondar la cabeza del sufrido espectador. A Ladislao Vajda le corresponde el honor de haber dirigido las únicas películas cinematográficamente dignas que se han hecho en España protagnizadas por eso que se entiende como un niño prodigio. Mi tío Jacinto tiene un referente clarísimo, Ladrón de bicicletas. Aunque las comparaciones son odiosas, Vajda hizo una película de gran calidad, en la que hay más ternura que sensiblería y en la que se impone un retrato sensible, pero a la vez ecuánime, de la vida de las clases más bajas en la España de la posguerra.

Jacinto es un novillero retirado que jamás conoció el éxito y al que, ya próximo a la vejez, su alcoholismo ha llevado a vivir en una chabola de la periferia madrileña junto a su sobrino, un niño de siete años. Un día, no sé sabe bien cómo, recibe una carta en la que le ofrecen una importante suma de dinero a cambio de torear en  una charlotada. Al principio, Jacinto cree que todo es una broma de mal gusto pero, cuando se ve en los carteles, descubre que su inclusión en ellos se debió a un error, que no impide que le ofrezcan igualmente la faena. Jacinto la acepta porque puede más la consciencia de su ruina que su aversión a las parodias del toreo. El problema es que tiene un día para conseguir las trescientas pesetas que necesita para alquilar un traje de luces.

La película es un relato sobre los caminos que llevan a la miseria y las maneras, casi siempre delictivas, con las que se intenta salir de ella. La visión del lumpen madrileño refleja la dureza de la vida en lo más bajo de la escala social, con un punto de ternura que se resiste a buscar la lagrimita cómplice y algunos toques de comedia. La inocencia y la energía de Pepote, el sobrino de Jacinto, se oponen al resabio, la decadencia y el sentimiento de fracaso de éste. Vajda rueda, con su sobriedad y maestría características, en exteriores reales (son muy loables las escenas que transcurren en el Rastro madrileño), y obtiene un resultado que es mucho más que una simple copia de los clásicos neorrealistas italianos. Se incluyen aspectos típicamente españoles, como la picaresca y la tauromaquia, por entonces una de las escasas vías que tenían los jóvenes de clase baja para huir de la miseria (quien lo quiera entender, que recuerde la frase del Espartero: “Más cornás da el hambre”). Vajda, quien  ya había retratado la versión luminosa de la fiesta en Tarde de toros, muestra aquí el reverso del mundo taurino: el de los que jamás consiguieron el triunfo, el de las ilusiones rotas. Jacinto ve cumplido su sueño de torear en Las Ventas, pero de un modo muy distinto al que deseaba. Es llamativa la importancia de la climatología: dos de las escenas más importantes de la película transcurren entre intensos chaparrones, lo que viene a mostrarnos que el mal tiempo siempre es peor cuando se es pobre.  Por suerte para la película, cuya música es de calidad, en ella pesa más el realismo que la ternura.

Pablito Calvo tiene el honor de haber sido el único niño prodigio español capaz de no resultar repelente en cada fotograma. Poseía gracia y expresividad, y no es de extrañar que cautivara a un público que, en la vida real, tenía pocos motivos para la evasión y la ternura. No obstante, a quien hay que destacar por encima de todos en el reparto es a Antonio Vico, que borda el rol de viejo fracasado que sólo encuentra consuelo en el vino. Majestuosa interpretación de un actor que consiguió aquí su mayor logro en el cine. El plantel de secundarios reúne a algunos intérpretes italianos de prestigio, como Paolo Stoppa (gran aparición la suya) o Walter Chiari, con tótems del cine español como Pepe Isbert, y referencias del humor de las siguientes décadas, como Miguel Gila, aquí en el papel de estafador de poca monta, y un impávido Luis Sánchez Polack, Tip.

Mi tío Jacinto es una obra referencial del cine español, que sin duda merece un lugar destacadísimo entre los films rodados durante el franquismo, pues la comparación entre sus virtudes y sus defectos arroja un resultado abrumador a favor de las primeras.