
MANIAC COP. 1988. 83´. Color.
Dirección: William Lustig; Guión: Larry Cohen; Dirección de fotografía: James Lemmo y Vincent J. Rabe; Montaje: David Kern; Música: Jay Chattaway; Diseño de producción: Jonathan R. Hodges; Producción: Larry Cohen, para Shapiro-Glickenhaus Entertainment (EE.UU.).
Intérpretes: Tom Atkins (Frank McCrae); Bruce Campbell (Jack Forrest); Laurene Landon (Theresa Mallory); Richard Roundtree (Comisario Pike); William Smith (Capitán Ripley); Robert Z’Dar (Matt Cordell); Sheree North (Sally Noland); Nina Arvesen, Victoria Catlin, Lou Bonacki, Barry Brenner, Rocky Giordani, Jake LaMotta, Sam Raimi, William Lustig.
Sinopsis: Un misterioso individuo vestido con el uniforme de la policía siembra el terror en las calles de Nueva York, asesinando a ciudadanos inocentes.
Lustig dirige de un modo efectista, que sin embargo casa bien con las características del producto, y del público al que se pretende acceder. No hay en Maniac Cop alardes formales, ni voluntad de trascender los límites del cine de explotación, pero sí dominio de los mecanismos del suspense, y un aprovechamiento eficaz de la sordidez propia de los bajos fondos de una gran ciudad. La película utiliza también el contraste entre la apariencia rutinaria de la actividad policial y la irrupción de una fuerza casi sobrenatural que desbarata cualquier posibilidad de control. El director consigue así que los excesos de la historia jueguen muchas veces a su favor. Le ayuda contar con un equipo técnico competente, empezando por los directores de fotografía James Lemmo y Vincent J. Rabe, cuya labor contribuye a reforzar la atmósfera sombría del relato. La iluminación nocturna, los encuadres que convierten al asesino en una presencia amenazadora y el aprovechamiento de las calles y los interiores urbanos son elementos esenciales para crear esa sensación de peligro que acompaña a buena parte del metraje. El montaje de David Kern cumple su cometido, aunque el ritmo decae en las pocas escenas dedicadas a mostrar las relaciones entre los personajes. La música electrónica de Jay Chattaway, muy representativa del cine de género de los años ochenta, es repetitiva a más no poder. Por su parte, los efectos de maquillaje y las escenas de violencia cumplen con eficacia, dentro de las limitaciones presupuestarias de una producción que apuesta más por la contundencia que por el refinamiento.
El reparto constituye otro de los atractivos de Maniac Cop, sobre todo por la presencia de Tom Atkins, un secundario muy ligado al cine fantástico, que aporta al teniente Frank McCrae la mezcla de dureza, ironía y cansancio profesional que tan bien sabía transmitir. Su personaje representa la experiencia frente al desconcierto de una investigación que escapa a toda lógica, y Atkins lo interpreta con la solvencia que le caracteriza. Bruce Campbell, conocido su trabajo en la saga de Posesión infernal, demuestra bastantes limitaciones como actor. Laurene Landon, por su parte, cumple como la agente Theresa Mallory, aun cuando el desarrollo de su papel no le permita alcanzar la misma entidad que el de sus compañeros masculinos. De todo el reparto, quien deja una impresión más duradera en el espectador es Robert Z’Dar, cuyo rostro de rasgos muy marcados constituye uno de los elementos visuales más característicos de la película. Su Matt Cordell no dice una sola palabra, ni falta que le hace: la inexpresividad de su rostro y la contundencia física de sus intervenciones bastan para convertirlo en una figura que se encuentra a medio camino entre el asesino en serie y el monstruo del cine fantástico. Richard Roundtree y William Smith están bastante desaprovechados, mientras que Sheree North y los restantes secundarios cumplen con eficacia en sus respectivos cometidos. Conviene destacar, asimismo, la breve aparición de Sam Raimi, amigo y colaborador habitual de Bruce Campbell, así como la presencia de Jake LaMotta, tío del director y hombre que inspiró Toro salvaje.
Maniac Cop sigue siendo una película atractiva, dentro de su condición de producto de serie B, aunque sus mejores virtudes no se encuentren precisamente en la consistencia del guión ni en la profundidad de sus personajes. La mezcla de terror, intriga policial y crítica institucional le proporciona una personalidad propia, si bien el rasgo más digno de elogio de la película es su capacidad para entretener. Podrá gustar o no, y sus limitaciones saltan a la vista, pero jamás aburre.