HOLLYWOOD BABYLON. 2025. 52´. Color.
Dirección: Clara Kuperberg y Julia Kuperberg; Guión: Clara Kuperberg y Julia Kuperberg; Dirección de fotografía: Michael Gisselere; Montaje: Clara Kuperberg y Julia Kuperberg; Producción: Martine Melloul, Clara Kuperberg y Julia Kuperberg, para Wichita Films-Kali Pictures (EE.UU-Francia).
Intérpretes: Damien Chazelle, Tony Maietta, Emily Carman.
Sinopsis: Recorrido por el Hollywood de los años veinte, época de extraordinaria libertad creativa y moral, marcada por los escándalos, el alcohol, las drogas, la mafia y la progresiva reacción de los sectores conservadores, hasta la aplicación estricta del Código Hays en 1934.
Clara y Julia Kuperberg son dos hermanas francesas que en este siglo se han especializado en la realización de documentales sobre el Hollywood clásico. En esa línea se enmarca Hollywood Babylon, retrato de la Meca del cine desde el fin de la Primera Guerra Mundial hasta la entrada efectiva en vigor del Código Hays, norma que fijaba los límites morales que debían respetar las películas estadounidenses. El film ha tenido una distribución limitada, y siendo un trabajo solvente, su propia duración le impide desarrollar una verdadera crónica de la época, aunque cumple con una función introductoria y didáctica sobre una etapa decisiva del cine, que los sabelotodos de nuestros desmemoriados tiempos tienden a olvidar.
Para un porcentaje muy alto de aficionados al cine, categoría a la que me precio de pertenecer, Hollywood se construye y se define desde lo mítico. Las hermanas Kuperberg abordan esta vez los años veinte, década en la que Hollywood dejó de ser una simple industria cinematográfica para convertirse en uno de los grandes centros de poder cultural del mundo. Los excesos de la época son el hilo conductor de un film que versa sobre un periodo mucho más complejo de lo que su título, tan célebre como sensacionalista, podría hacer pensar. No hace falta ser muy listo, ni haber visto demasiadas películas, para saber que es imposible resumir en poco más de cincuenta minutos la transformación de Hollywood durante una década en la que confluyeron fenómenos tan distintos como la consolidación del sistema de estudios, la expansión del cine como espectáculo de masas, la primera emancipación femenina, la Ley Seca, la apertura a nuevos modelos de comportamiento sexual y la consiguiente reacción de una sociedad conservadora hasta la médula. Se imponía una ingente labor de selección de contenidos, y las Kuperberg optan por organizarlo alrededor de una idea muy concreta: el contraste entre un Hollywood desinhibido y la progresiva imposición de unos mecanismos de control destinados a otorgar al cine norteamericano cierta respetabilidad. El recurso funciona porque permite establecer una línea narrativa muy clara, aunque también presenta el inconveniente de convertir una realidad llena de contradicciones en una especie de movimiento pendular entre libertad y censura.
Hubo un Hollywood antes de Hollywood, y otro antes del Código Hays. El documental se ocupa del segundo, y de cómo aquel cine podía resultar tan atrevido para los parámetros de su tiempo. Durante los llamados locos años veinte, la industria llegó a producir centenares de películas anuales y exploró en la pantalla asuntos como el adulterio, la homosexualidad, la prostitución o el aborto, mientras lejos de los focos muchas estrellas participaban de un modo de vida en el que alcohol, drogas, fiestas y relaciones sentimentales fuera de lo establecido constituían una fuente constante de escándalo que alimentaba a la incipiente prensa sensacionalista. La Ley Seca no impidió que el alcohol, cuyo tráfico estaba monopolizado por la Mafia, circulara con extraordinaria facilidad, en especial entre gente joven, guapa y desinhibida. Una sucesión de episodios polémicos, debidamente amplificados por los tabloides y las estructuras de poder más conservadoras, contribuyeron a construir la leyenda negra de Hollywood. El documental explica algunos de los escándalos más célebres, entre ellos el caso Fatty Arbuckle y el asesinato, no esclarecido hasta pasadas varias décadas, del director William Desmond Taylor, armas perfectas para quienes creían que Hollywood era algo parecido a las Sodoma y Gomorra del siglo XX. La amenaza de una intervención federal llevó a los propios estudios a establecer mecanismos de autorregulación (no sé si esto les suena), bajo la dirección de William H. Hays, aunque no fue hasta 1934 cuando el llamado Código Hays comenzó a aplicarse de forma estricta. A partir de entonces, aquello que podía mostrarse, sugerirse o incluso nombrarse en una película quedó sometido a una compleja maquinaria de censura que condicionaría la producción norteamericana hasta finales de los años 60.
El grueso del metraje se apoya en fotografías, fragmentos de películas, carteles, titulares de prensa y material de archivo, ensamblados mediante un montaje ágil que procura que la abundancia de información nunca llegue a hacerse pesada. Los testimonios de Tony Maietta y Emily Carman aportan la necesaria contextualización histórica, mientras la presencia de Damien Chazelle, que retrató la época en su denostada Babylon, aporta la visión de un creador contemporáneo sobre aquellos años locos. Es Maietta, eso sí, quien aporta lo más lúcido que se dice en la película.
El principal problema de Hollywood Babylon reside precisamente en aquello que constituye también su mayor virtud: su capacidad de síntesis. Todo está explicado con claridad, pero casi todo queda inevitablemente en la superficie. El espectador recibe una sucesión de escándalos, películas, estrellas y episodios históricos que permiten hacerse una idea bastante precisa del ambiente de la época, aunque casi nunca de las causas profundas que lo hicieron posible. La emancipación de la mujer, la transformación de las costumbres, el incremento del poder de los medios de comunicación, el antisemitismo, el nacimiento del estrellato moderno o las enormes contradicciones sociales de la Norteamérica de entreguerras aparecen más como elementos de contexto que como auténticos objetos de análisis.
Hollywood Babylon es, en definitiva, un documental tan entretenido como necesariamente limitado por su formato. Las hermanas Kuperberg manejan con soltura el archivo y poseen un indudable talento para convertir la historia del cine en un relato accesible, pero la riqueza del periodo tratado reclama un metraje mayor que permita profundizar en cuestiones apenas esbozadas. Más allá de Tony Maietta, falta profundidad en la reflexión, y pondré sólo un ejemplo: a mi juicio, si el caso Fatty Arbuckle sucediese hoy, su resultado, que no fue otro que la ruina personal y profesional de un hombre inocente, sería idéntico. Lo interesante es analizar quién envió a la hoguera a Arbuckle en 1921, y quiénes lo harían hoy. Pero eso queda para otra película.