Si usted vive en un lugar poco idílico, trabaja en una ciudad hostil y está harto de que la normativa sobre vivienda permita que los especuladores expulsen a los habitantes nativos de las grandes urbes y, al tiempo, llena de trabas el camino de los propietarios legítimos que desean expulsar a parásitos y delincuentes de sus propiedades, le recomiendo que saboree unas sardinas al espeto y unos boquerones en un chiringuito de alguna playa no masificada de la costa malagueña, a poder ser en buena compañía. Todo lo anterior le dará igual.