
CONVICT 13. 1920. 21´. B/N.
Dirección: Buster Keaton y Edward F. Cline; Guión: Buster Keaton y Edward F. Cline; Director de fotografía: Elgin Lessley; Montaje: Buster Keaton; Producción: Joseph M. Schenk, para Joseph M. Schenk Productions-Metro Pictures Corporation (EE.UU.).
Intérpretes: Buster Keaton (Golfista/Convicto 13); Sybil Seely (Hija del alcaide); Joe Roberts (Preso amotinado); Edward F. Cline (Verdugo); Joe Keaton, Louise Keaton, Harry Keaton.
Sinopsis: Un joven jugador de golf, torpe y despreocupado, es confundido con un peligroso criminal que acaba de escapar de la cárcel y, después de que el fugitivo intercambie su ropa con él, termina encerrado en la prisión que dirige su futuro suegro.
Convicto 13 fue el segundo cortometraje codirigido y protagonizado en solitario por Buster Keaton, y el primero en demostrar que el éxito de Una semana no había sido producto de la casualidad. Si en aquella película Keaton había convertido la construcción de una casa prefabricada en una sucesión vertiginosa de catástrofes, aquí amplía el escenario y pone a su personaje en contacto con una de las instituciones que más fácilmente podían alimentar el imaginario del cine cómico: la cárcel. El resultado es un cortometraje más ambicioso y elaborado que su precedente, aunque con un punto menor de inspiración, en el que pese a ello Keaton vuelve a demostrar que detrás de su apariencia de cómico especializado en acrobacias había un cineasta con un dominio excepcional del espacio, el ritmo y la narración visual.
El argumento no es más que la excusa que permite una sucesión de equívocos que funcionan con una precisión matemática. Buster comienza jugando al golf, actividad que proporciona algunos de los mejores gags del cortometraje: su absoluta incompetencia deportiva no le impide seguir dándole a los hierros con su impasibilidad habitual, aunque será el motivo de su desgracia: un lanzamiento desafortunado le acaba golpeando y dejándole inconsciente, lo que permite a un preso fugado cambiarle la ropa. De una forma directa, Keaton expone la importancia de la indumentaria, para nosotros mismos y, en especial, para los demás: por muy negado que seas, el traje de golfista te proporciona un aura de respetabilidad; en cambio, el uniforme de presidiario puede hacer que te ahorquen, y el de guardián de la prisión, otorga autoridad: sólo su novia, la persona que le quiere, repara en que esas tres personas son la misma. Con lo que se esfuerzan muchos por hacer películas con mensaje, y a Keaton le salían solos.
La comicidad tampoco es caprichosa: cada gag nace del anterior y modifica la situación, de modo que el espectador asiste a una auténtica maquinaria cómica en funcionamiento. El protagonista entra en la cárcel por accidente y, una vez dentro, tiene que desenvolverse en un universo en el que las reglas son completamente distintas de las que conoce. Su rostro imperturbable funciona entonces como contrapunto perfecto a un mundo que se desmorona a su alrededor. Cuanto más extraordinarias son las circunstancias, menos cambia su expresión. Buster parece incapaz de comprender la gravedad de lo que sucede, incluso su propio ahorcamiento, pero precisamente esa inconsciencia es lo que hace que Convicto 13 sea muy divertida. Entre las muchas secuencias memorables destaca la que tiene lugar durante la rebelión de los presos, que tiene mucho de tributo a Mack Sennett y en la que el protagonista queda atrapado en medio de una violencia, más explícita de lo habitual en los films cómicos de la época, que parece no tener nada que ver con él, pero que le obliga a aguzar su ingenio para sobrevivir, algo que logrará con su obstinación a prueba de bombas.
Keaton es uno de los grandes cómicos de la historia por obras como esta, en la que su impresionante despliegue físico se funde con su inteligencia natural para generar situaciones disparatadas y divertidas. Sybil Seely vuelve a acompañarle, y su personaje no es ni de lejos una figura decorativa, sino que se revela fundamental en una trama en la que, repito, sólo ella, que además salva de la horca a su amado, es capaz de ver a la persona que hay debajo de sus respectivos uniformes. Joe Roberts, por su parte, aporta su imponente presencia física al papel del líder del motín de presidiarios, mientras que Bull Montana encarna a la autoridad, con sus modos solemnes y su confusión ante lo excepcional. Detalle curioso es que es el codirector de la película, Eddie Cline, quien da vida al verdugo.
Convicto 13 confirmó que Una semana no había sido una feliz anomalía, sino el auténtico comienzo de una de las carreras más extraordinarias de la historia del cine. Keaton demuestra aquí que puede ampliar el espacio, multiplicar los personajes y elevar la dimensión de los conflictos sin perder la precisión de sus gags. Su rostro impávido, sus acrobacias y esa obstinación casi suicida de su personaje empezaban a ser ese lenguaje propio que fraguó su leyenda.