En este bochornoso julio, un servidor ha reservado sus no demasiadas energías para los eventos culturales realmente imprescindibles. En mi opinión, un concierto de Pat Metheny siempre lo es, y por eso acudí sin dudar a mi nueva cita con el virtuoso guitarrista norteamericano, a quien ya ni recuerdo el número exacto de veces que he visto actuar en directo. El Palau de la Música fue, una vez más, el escenario en el que Metheny presentó en Barcelona su último proyecto, Side-Eye III+, un álbum que a mi juicio está entre los cinco mejores que ha grabado el guitarrista en este siglo.
Un concierto de Pat Metheny siempre es lo mismo, y nunca es lo mismo. Hablamos de uno de mis artistas favoritos, con independencia de la especialidad, la época o el estilo. Este año se cumple medio siglo del lanzamiento de su primer disco, Bright size life, y el genio de Missouri continúa no sólo en activo, sino evolucionando como músico a una edad (está a punto de cumplir 72 años) a la que sus colegas, con muy contadas excepciones, están en el retiro o viven de sus logros pretéritos. En el caso de Metheny, esos logros son muchísimos, pero eso no le impide expandir su universo artístico año tras año. Su nueva banda, formada por músicos mucho más jóvenes que él, y la energía que desprende el disco que todos ellos venían a presentar, ya hacía prever que el espectáculo iba a ser muy distinto al contemplado en la anterior visita de Metheny a la Ciudad Condal, hace menos de dos años. Si entonces se trató de un concierto en solitario y mayoritariamente acústico, lo que vimos anoche es un proyecto que, en muchos aspectos, recupera muchas de las cualidades y el sonido de una de mis formaciones favoritas de siempre, el Pat Metheny Group. Ya sin el añorado Lyle Mays, el guitarrista ha encontrado a unos músicos que no sólo permiten que sus nuevas canciones aguanten perfectamente el tipo en los conciertos junto a sus clásicos, sino recuperar esa parte esencial de su legado, probablemente la más popular de todas ellas.
Junto a los temas del nuevo disco, sonaron clásicos (Bright size life, entre ellos), pero con un toque distinto: la aplaudidísima First circle, únicamente con solo de piano acústico a cargo de un gran talento como Chris Fishman, y una exhibición vocal del percusionista Leonard Patton que hizo que todos los presentes recordásemos a Pedro Aznar; The red one, sin solo de guitarra pero sí de contrabajo, para que brillara otra joven estrella como Jermaine Paul; Phase dance, a dúo Metheny-Fishman. Quien esto escribe vivió desde la platea momentos que le van a acompañar al horno crematorio, epílogo para el que espero me falten algunos conciertos más de Pat Metheny. No fui el único, porque en la repleta sala se mascaba el aroma de estar asistiendo a uno de los mejores conciertos que los aficionados veteranos habíamos visto del guitarrista… y mira que hemos visto. Después de dos horas, el delirio llegó con los bises, que nos trajeron un medley acústico que incluyó partes de Minuano, Antonia, Slip away (la canción que supuso mi flechazo inmediato con el genio) y This is not America, la esencial Are you going with me? y la apoteosis de Song for Bilbao. La única mínima objeción que puedo poner a un concierto mayúsculo es que Joe Dyson es un baterista inmenso, pero en algunos momentos se mostró demasiado contundente (y no hablo de su dueto con Metheny en recuerdo a Ornette Coleman, que ahí la situación lo exigía), rasgo que le deja un peldaño por debajo de Antonio Sánchez.
Todavía hoy, Pat Metheny me sigue asombrando, porque no sólo es capaz de defender su legado musical con nota muy alta, sino que es capaz de hacerlo evolucionar, lo que le sitúa en las antípodas del tributo a sí mismo tan usual en músicos gloriosos y veteranos. Sus últimos discos hablan por sí solos y, en directo, el viejo mago aún es capaz de ejecutar sus mejores trucos. Para él, parece que el tiempo se ha detenido. Para mí, un regalo de dos horas y media maravillosas brindadas por alguien a quien asocio a mucho de lo mejor que he vivido, y cuya música me ha servido para sobrellevar lo peor. El genio de Missouri.
Con esto empezó el hechizo:
Una de las nuevas canciones que sonaron en el Palau: