
Anoche regresé, después de muchos años, a Salamandra para recuperar la juventud durante un par de horas. El pretexto, ver en directo el espectáculo en el que el antiguo vocalista de Queensrÿche, Geoff Tate, interpretaba junto a su actual banda el mejor disco del grupo, Operation Mindcrime, uno de mis álbumes de cabecera durante años, los mismos en los que la banda que lo grabó fue mi favorita. Creo que Queensrÿche están entre las mejores formaciones de heavy metal de la historia, y que Mindcrime merece ser incluido en el Top 5 de discos del género. No está al alcance de muchos pasar en menos de un lustro de ser una banda que imitaba a Iron Maiden a presentar al mundo un disco muy superior al que la formación londinense publicó con pocos meses de diferencia, Seventh son of a seventh son. Lástima que la gloria se apagara después de Empire, y que los miembros de la formación original de Queensrÿche lleven años dedicados a dilapidar un legado tan importante, atomizados ahora en cuatro microcosmos musicales, uno de ellos el comandado por Tate.
Dos apuntes sobre la sala: la climatización funcionó de manera excelente, lo que evitó muchos problemas visto el calor reinante y la edad media de los asistentes al concierto. El sonido, en cambio, dejó que desear, con acoples e instrumentos que apenas se llegaron a escuchar. Que Geoff Tate se presentara con una banda (compuesta en buena parte por miembros de Ogma, el grupo telonero) que incluía tres guitarristas tampoco contribuyó a que la calidad del sonido fuera excelsa.
El guión del espectáculo era claro: interpretación completa de Operation Mindcrime para empezar, y un repaso a otros éxitos de Queensrÿche en la parte final. Respecto a lo primero, decir que la banda entregó una versión casi literal de Mindcrime, sin experimentos. Hay que tener en cuenta que ese disco fue grabado por músicos en plenitud de energías, y que supuso uno de los mayores desempeños vocales de la historia del heavy metal, a cargo de Tate, y lo mismo cabe decir del aspecto compositivo, labor por la que cabe conceder los mayores honores al primer miembro en abandonar la banda, Chris DeGarmo, aunque para ser justos hay que decir que, de las obras mayores de Queensrÿche, Mindcrime fue la que tuvo mayor implicación del cantante en la escritura de las piezas. Por todo ello, exigirle a Geoff Tate que repita las maravillas que grabó hace 36 años está fuera de lugar, aunque su voz continúe estando a buen nivel. Como el apoyo recibido en el aspecto vocal desde la platea, donde el personal coreó las canciones con entusiasmo, y de sus compañeros de escenario, pues únicamente el batería Michele Panepinto (inciso: en este apartado eché más de menos a Scott Rockenfield que a otros miembros de la formación original) no secundó al líder en los coros, la parte lírica se superó con nota, en especial para Clodagh McCarthy, cuyos teclados apenas se llegaron a escuchar, pero que brilló en el papel de la hermana Mary en lo que al canto se refiere, pues en el aspecto actoral tanto ella como el líder tienden a la sobreactuación.
Una vez Mindcrime nos hubo devuelto a los días de gloria, oímos un repertorio que ignoró el primer gran disco de Queensrÿche, Rage for order, y que en cambio incluyó dos nuevas canciones, y aquí quedó claro que Geoff Tate es un tipo testarudo, porque habiendo sido el principal responsable de ese paso en falso que fue Operation Mincrime II, ahora ha reincidido y, ya alejado de los otros miembros de la formación original, acaba de publicar la tercera parte. No me disgustó la primera de esas dos canciones, The answer, pero hay cosas que es mejor dejar como estaban. A modo de compensación, sonaron varias de las mejores canciones de la otra obra magna del grupo, Empire, como el tema-título, escrito por los hoy irreconciliables Tate y Wilton, Jet City Woman, que siendo la única canción emblemática de Queensrÿche escrita íntegramente por el cantante dio lugar a una versión pelín caótica, y la monumental Silent lucidity. El concierto finalizó con la canción que lo empezó todo, Queen of the Reich. Balance positivo, aunque cualquier tiempo pasado… es pasado.
Hace pocos meses, en Texas:
Pues sí, con ella empezó la historia: