NOMENCLÁTOR BARCELONÉS PARA PEATONES DESPISTADOS

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Digan lo que digan los eruditos, la verdad es que la barcelonesa calle de Lancaster debe su nombre al hecho de que la primera frase que cualquier incauto que entra en ella se dice a sí mismo es: “La cagaste, Burt Lancaster”. Y la vía que se ahoga en paralelo a ella se llama calle Guardia porque ésa es la primera palabra, acompañada de sus correspondientes signos de admiración, que lucha por salir de los labios de todo acojonado transeúnte que la atraviesa a horas intempestivas. No entiendo los motivos que pueden llevar a un habitante de la capital de Tabarnia a visitar Port Aventura.

FUNCIONARIOS

Uno, que lleva años ganándose el sustento trabajando para la Administración, desea compartir la reflexión de un amigo que se dedica a lo mismo: “La gran mayoría de los prejuicios que se tienen desde fuera respecto a los funcionarios son ciertos. Al igual que casi todos ellos, también yo intento que todo se hunda un poco más cada día. La diferencia, creo, es que yo lo hago conscientemente. Aliviar el mal sólo ayuda a perpetuarlo”.

CUENTA CONMIGO

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STAND BY ME. 1986. 86´. Color.

Dirección: Rob Reiner; Guión: Raynold Gideon y Bruce A. Evans, basado en el relato de Stephen King The bodyDirección de fotografía: Thomas Del Ruth;  Montaje: Robert Leighton; Música: Jack Nitzsche; Diseño de producción: Dennis Washington; Producción: Andrew Scheinman, Raynold Gideon y Bruce A. Evans, para Columbia Pictures (EE.UU.).

Intérpretes: Will Wheaton (Gordie Lachance); River Phoenix (Chris Chambers); Corey Feldman (Teddy Duchamp); Jerry O´Connell (Vern Tessio); Kiefer Sutherland (Ace); Casey Siemazsko (Billy Tessio); Gary Riley (Charlie Hogan); Bradley Gregg (Eyeball Chambers); Jason Oliver (Vince); Marshall Bell (Mr. Lachance); John Cusack (Denny Lachance); Richard Dreyfuss (Gordie Lachance adulto); Frances Lee McCain, Bruce Kirby, William Bronder, Scott Beach, Madeleine Swift.

Sinopsis: Cuatro preadolescentes, que viven en un pequeño pueblo, descubren que el cadáver de un joven se encuentra en un bosque de la comarca y deciden ir hasta allí.

Después de la interesante Juegos de amor en la universidad, Rob Reiner continuó con la racha triunfal que marcó los primeros años de su carrera como director con Cuenta conmigo, film de temática juvenil que adapta un relato de Stephen King desde un enfoque en el que la nostalgia y la reivindicación de la amistad se imponen sobre los elementos terroríficos. El film fue un triunfo absoluto, que desde su estreno hasta hoy cuenta con una legión de admiradores que no se circunscribe a quienes, como quien esto escribe, tenían la misma edad que los protagonistas cuando se estrenó la película.

En mi opinión, Cuenta conmigo es un raro ejemplo de film ochentero que ha envejecido bien, y ello porque se trata de una película marcada por la sencillez, tanto en lo narrativo como en lo estético, y profundamente honesta. Hablamos de una película nostálgica y sentimental, pero nunca ñoña. Se nota para bien la huella de Stephen King, y los jóvenes protagonistas no sólo viven en un lugar que prácticamente les obliga a largarse si quieren ser alguien, sino que en plena pubertad ya almacenan, por cortesía de los adultos y de sus propios hermanos mayores, los traumas que habrán de acompañarles durante el resto de sus días. No en vano es la noticia de la muerte del que fuera su mejor amigo de la infancia la que aviva el recuerdo del ya maduro escritor;  ese recuerdo hace que su mente pìense en otro cadáver, el que provocó la más memorable aventura que vivió en una época marcada por el rock, el soul y la pérdida de un hermano modélico que era, sin duda, el favorito de sus padres. La nostalgia por el niño que nunca volveremos a ser y por la amistad sincera (que casi siempre se genera en la juventud, y muy raras veces pasados los treinta) no empaña la mirada de un hombre que carece de memoria selectiva, y recuerda por igual lo memorable y lo atroz de los años decisivos en su formación como individuo.

Reiner, que como director se limita a ilustrar lo narrado sin excesivos alardes, se apoya en la fuerza de un guión excelente, que reproduce con fidelidad la manera de hablar de los personajes que retrata y muestra a los adolescentes como realmente son: vulnerables y a la vez endurecidos por sus poco idílicas vidas, jugando a ser adultos en los albores de su despertar sexual y regidos por sus propios códigos, que les reivindican y a la vez les aíslan frente a las generaciones anteriores. La visión que la película da de los adultos no puede ser más negativa: son seres embrutecidos y mezquinos de los que es preciso huir para poder sentirse libre y valorado. Quienes todavía no son adultos, es decir, los hermanos mayores de los protagonistas, no salen mucho mejor parados: son unos macarras sin cerebro y, salvo en el caso de Ace, el líder del grupo, sin personalidad. Por ello la búsqueda del cadáver es la de la ansiada libertad, pero también un episodio que marca el fin de la infancia.

Más allá de la narrativa, son la música (obviamente, la presencia del Stand by me, de Ben E. King, marca toda la película) y un afán de realismo que se extiende a los apartados técnicos los elementos más característicos de una obra que se apoya en ellos para erigirse en universal.

Del cuarteto de jóvenes protagonistas, el mejor actor era sin duda el malogrado River Phoenix, fallecido pocos años después por sobredosis de drogas. En él se percibe verdadero talento, que por suerte se extendió a su hermano Joaquin. Will Wheaton, ahora más conocido por interpretarse a sí mismo en diversos capítulos de The Big Bang Theory, apunta maneras, pero no llega a alcanzar el nivel de Phoenix, aunque sí a superar lo que hacen un Corey Feldman sobreactuado (y para eso también hay que valer) y un discreto Jerry O´Connell, que debutó en esta película, dando inicio a una prolífica y, en general, poco distinguida carrera. A Kiefer Sutherland, que me parece un buen actor inferior a su padre, le sienta bien el disfraz de macarra obtuso y gallito. De los demás, destacar la aparición de Richard Dreyfuss como narrador y la de John Cusack en el papel del desaparecido hermano mayor del principal protagonista.

Cuenta conmigo ha pasado a la historia como una de las mejores películas sobre la infancia y la adolescencia producidas desde los estudios de Hollywood, y creo que merece esa consideración, pues posee eso tan buscado y tan raro de ver llamado magia, sin dejar de resultar realista.

BERBERIAN SOUND STUDIO

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BERBERIAN SOUND STUDIO. 2012. 92´. Color.

Dirección: Peter Strickland; Guión: Peter Strickland; Dirección de fotografía: Nic Knowland;  Montaje: Chris Dickens; Dirección artística: Sarah Finlay; Música: Broadcast; Diseño de producción: Jennifer Kernke; Producción: Keith Griffiths y Mary Burke, para Warp X-Illumination Films (Reino Unido).

Intérpretes: Toby Jones (Gilderoy); Cosimo Fusco (Francesco Coraggio); Antonio Mancino (Santini); Fatma Mohamed (Silvia/Teresa); Salvatore Li Causi (Fabio); Chiara D´Anna (Elisa/Teresa); Tonia Sotiropulou (Elena); Eugenia Caruso, Susanna Capellaro, Guido Adorni, Lara Palmiani, Jozef Czeres, Pal Toth, Jean-Michel Van Schouwburg.

Sinopsis: Gilderoy, un técnico de sonido inglés, viaja a Italia para trabajar en la nueva película de Santini, un conocido cineasta especializado en films de terror.

Berberian Sound Studio es el segundo largometraje del director Peter Strickland, y el que le dio reputación internacional, ya que obtuvo diversos premios en certámenes de cine fantástico y de terror, convirtiéndose para cierto sector de la cinefilia en un film de culto instantáneo.

En cierto modo, la película está concebida como un homenaje al giallo, aunque personalmente homenaje no veo mucho. La gran cualidad de Berberian Sound Studio reside en su carácter claustrofóbico, pues la práctica totalidad del metraje transcurre en el reducido espacio de un estudio de sonido, con lo que se consigue comunicar al espectador la creciente angustia que vive el protagonista, acentuada por la iluminación tenue y rojiza, y por el hecho de estar en un lugar en el que todos hablan entre sí en un idioma que él desconoce. Gilderoy,  que así se llama este hombre tímido y meticuloso hasta el extremo, se ve inmerso en una situación completamente kafkiana, donde la en apariencia apasionante experiencia de trabajar para un prestigioso cineasta italiano se convierte en un laberinto de malentendidos, ridícula burocracia y maneras despóticas por parte del director y el productor hacia sus actrices y técnicos. Todo esto forma un conjunto cuyo eje es la importancia del sonido en el cine como modo de provocar en el espectador las emociones buscadas (pánico, en el caso del film de Santini). El problema está en el guión, pues a partir del planteamiento inicial no deja de fomentar la idea de que no va hacía ninguna parte. Strickland cae prisionero de la confusión que pretende generar en su audiencia, hasta el punto de que las indudables virtudes estéticas del film parecen estar al servicio del vacío. La muy ingeniosa idea de que el espectador no vea un solo fotograma (a excepción de los títulos de crédito iniciales) de la película de Santini, y que por tanto perciba su horror a través de la banda sonora y de la atónita mirada de Gilderoy, termina por caer en la indefinición, como por otro lado ocurre con el resto de la película en cuanto a la narrativa se refiere. Y, repito, la visión del universo del giallo es más bien negativa, lo que no sería un defecto de no estar esa visión plagada de estereotipos británicos respecto a los europeos del Sur.

En el capítulo actoral, la interpretación de Toby Jones, el atribulado Gilderoy, es excelente, muy por encima del resto del reparto. El resto de personajes no están ni de lejos tan bien definidos como el protagonista, y además están interpretados por actores tirando a mediocres. Eso sí, Cosimo Fusco consigue darle a su personaje el tono cínico que necesita.

Berberian Sound Studio posee atmósfera y brillantez estética, pero deja claro que Peter Strickland es, hoy por hoy, mejor director que guionista.

 

MIDNIGHT SPECIAL

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MIDNIGHT SPECIAL. 2016. 109´. Color.

Dirección : Jeff Nichols; Guión: Jeff Nichols; Dirección de fotografía: Adam Stone;  Montaje: Julie Monroe; Dirección artística: Austin Gorg; Música: David Wingo; Diseño de producción: Chad Keith; Producción: Sarah Green y Brian Kavanaugh-Jones, para Warner Bros. (EE.UU.).

Intérpretes: Michael Shannon (Roy Tomlin); Joel Edgerton (Lucas); Jaeden Lieberher (Alton); Kirsten Dunst (Sarah); Adam Driver (Paul Sevier); Bill Camp (Doak); Scott Haze (Levi); Sam Shepard (Calvin Meyer); Paul Sparks (Agente Miller); David Jensen (Elden); Sharon Landry, Dana Gourrier, Sharon Garrison, Allison King, James Moses Black, Maureen Brennan.

Sinopsis: Roy, ayudado por su amigo Lucas, huye junto a su hijo Alton, un niño con poderes sobrenaturales que es objeto de culto por parte de una secta de Texas. Los miembros de esa organización, así como las autoridades gubernamentales, tratan de encontrar a Alton.

Después de Mud, película que supuso su consagración a escala mundial, Jeff Nichols cambió de registro con Midnight special, un thriller sobrenatural de presupuesto mucho más alto que las anteriores obras del director y que, en general, ha sido visto como un retroceso en una trayectoria hasta entonces intachable.

Con el miedo como nexo de unión con el resto de la filmografía de Nichols, Midnight special se aparta un tanto de sus otras películas y bebe de fuentes como el Spielberg de Encuentros en la tercera fase ET, e incluso el John Carpenter de Starman. Nichols narra la huida desesperada de un padre que, en compañía de un viejo amigo, rescata a su hijo de las garras de una secta a la que él mismo perteneció. Esa gente ha organizado un extraño culto que gira alrededor de los poderes de Alton, que así se llama la criatura, que debe culminar en un Día del Juicio que está a punto de llegar y en el que los miembros de la secta, gracias al niño, obtendrán la salvación. Sin embargo, esos mensajes que los miembros del culto obtienen a través de Alton, y que creen llegados directamente del Señor, contienen información altamente confidencial del Gobierno estadounidense, circunstancia que no pasa desapercibida a las autoridades federales, que envían a sus hombres en persecución de los miembros de la secta, pero especialmente de los huidos.

Se agradece a Nichols, que es un buen narrador, su afán por lograr que el desarrollo de la trama sea comprensible para el espectador, pero a veces éste tiene la sensación de que se aprovecha la coartada paranormal para colar situaciones que escapan a toda lógica, y que tampoco acaban de estar bien explicadas, como el uso que la secta hace (o hará el Día del Juicio) de los poderes de Alton, o la fotofobia de éste. En sus mejores momentos, buena parte de ellos concentrados en la primera mitad de su metraje, Midnight special está a la altura de esa gran película que es Take shelter, pero a partir de la escena en la que los huidos consiguen llegar hasta el domicilio de la madre del niño, la trama se vuelve algo repetitiva y no remonta del todo hasta un final que no resulta sorprendente pero sí me parece muy bien conseguido. No albergo dudas respecto a la capacidad de Jeff Nichols para la creación de atmósferas ni, desde luego, acerca de su sapiencia técnica: todo ello queda de nuevo acreditado en esta película, eminentemente nocturna y que describe la lucha entre diversas formas de irracionalidad. Opino que el film capta de forma inteligente las distintas reacciones de los humanos ante fenómenos que su inteligencia se muestra incapaz de explicar, y que además éstos están filmados con el grado de espectacularidad preciso. Otra cosa es que el entramado narrativo se sostenga siempre con la necesaria coherencia.

Nichols se rodea una vez más de antiguos colaboradores, con quienes ha sido capaz de crear un importante grado de complicidad. A mayor presupuesto, mayores medios técnicos, lo que supone un desafío para quienes están acostumbrados a manejar películas más pequeñas del que todos salen bastante airosos, en especial Adam Stone, que con sus imágenes da con el tono de una película que siempre se mueve entre la luz y las tinieblas. La partitura de David Wingo, sin llegar a ser excelente, sí supera el paso de la discreción a la épica, y creo que la labor realizada en la sala de montaje es igualmente notable. Como reflexión final, decir que la película se apunta a la tesis de que civilizaciones más inteligentes nos observan a través de las galaxias; por mi parte, me cuesta creer que, en caso de existir vida en otros planetas, las criaturas de allí surgidas no sean más intelectualmente avanzadas que nosotros. Pensar lo contrario me llevaría a desear la destrucción del universo, y todavía nos queda mucho por conocer.

Una vez más, Jeff Nichols sitúa al frente del reparto a su actor fetiche, Michael Shannon, intérprete de rostro peculiar y mirada profunda que da mucho de sí en la piel de personajes emocionalmente intensos. El prolífico y polifacético Joel Edgerton saca buena nota en el papel de fiel escudero del protagonista, y el joven actor  Jaeden Lieberher dota a su actuación de la suficiente entidad como para que el espectador no esté deseando que se lo lleven los marcianos a los diez minutos de película. Quien no me da la sensación de estar muy enterada de lo que ocurre a su alrededor es Kirsten Dunst, actriz que ha tenido interpretaciones mejores y que aquí se ve perjudicada por el hecho de que su aparición coincide con los momentos menos distinguidos de la película. Otra cosa ocurre con ese actor en alza llamado Adam Driver, lo mejor de una subtrama gubernamental a la que más de una vez le falta coherencia. Destacar la breve pero magnética aparición de Sam Shepard, y el trabajo de David Jensen.

Midnight special fue, quizás, peor recibida de lo que merecía porque su director había puesto el listón muy alto con sus obras anteriores, pero no me parece en absoluto un significativo paso atrás en la trayectoria de un cineasta dotado de talento narrativo y universo propio.

TIEMPO PRESTADO

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BORROWED TIME. 2015. 7´. Color.

Dirección: Andrew Coats y Lou Hamou-Lhadj; Guión: Andrew Coats, Lou Hamou-Lhadj y Mark Curnell Harris; Dirección de fotografía: Luke Martorelli; Montaje: Kathy Toon; Música: Gustavo Santaolalla; Producción: Amanda Deering Jones, para Quorum Films (EE.UU.).

Intérpretes: Greg Dykstra, Nick Pitera, Steve Purcell (Voces).

Sinopsis: Un sheriff regresa al lugar en el que ocurrió un terrible accidente cuando era niño.

Tiempo prestado es un cortometraje creado por dos técnicos de la factoría Pixar, Andrew Coats y Lou Hamou-Lhadj, quienes trabajaron en esta obra durante cinco largos años, en los períodos de tiempo en los que sus trabajos en otras producciones de la compañía no reclamaban toda su atención. Se trata de un film dirigido al público adulto, que estuvo nominado al Oscar al mejor cortometraje de animación y gustó a gran parte de la crítica especializada.

Estamos ante una obra atípica, pues su audiencia preferente no es ni de lejos el público infantil, y se enmarca en un género, el western, al que siempre se asocia con actores de carne y hueso. Tiempo prestado narra el regreso de un hombre maduro al lugar en el que aconteció el hecho más traumático de su existencia, y lo hace de una manera cruda, sin esquivar cuestiones como el suicidio. Se nota para bien que Coats y Hamou-Lhadj son dos cualificados técnicos de Pixar pues, aunque el contenido de su película se aparte de los senderos más transitados por la empresa, su calidad técnica es más que notable y la historia consigue conmover a los espectadores, que sin apenas diálogos captan de manera nítida el enorme sentimiento de pérdida del protagonista. Tiempo prestado nos explica que en la vida pueden ocurrir desgracias que jamás llegan a superarse del todo, pero deja claro es que la verdadera valentía reside en vivir con ello. En suma, un cortometraje de mucho nivel, dotado de profundidad emocional y con la pericia técnica que cabría esperar visto el perfil de su pareja de directores.

MENSAJES EQUÍVOCOS

Es de suponer que esos llamativos mensajes que ocupan buena parte de los paquetes de tabaco están puestos ahí para desincentivar el consumo del producto. Pues bien, opino que advertencias del tipo “fumar reduce la fertilidad”, tal y como está el cotarro, no hacen más que empujar al tabaquismo a la reducida parte de la población que mantiene una actividad neuronal saludable.

SILENCIO

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SILENCIO. 2016. 159´. Color.

Dirección: Martin Scorsese; Guión: Jay Cocks y Martin Scorsese, basado en la novela de Shusaku Endo; Director de fotografía: Rodrigo Prieto;  Montaje: Thelma Schoonmaker; Música: Kathryn Kluge y Kim Allen Kluge; Diseño de producción: Dante Ferretti; Dirección artística: Wen-Ying Huang (Supervisión); Producción: Gastón Pavlovich, Barbara De Fina, Martin Scorsese, Randall Emmett, Vittorio Cecchi Gori, Irwin Winkler, David Lee y Emma Tillinger Koskoff, para De Fina/Cappa- CatchPlay-EFO Films-Fábrica de Cine-IM Global-SharpSword Films-Sikelia Productions-Waypoint Entertainment (EE.UU.).

Intérpretes: Andrew Garfield (Padre Rodrigues); Adam Driver (Padre Garupe); Liam Neeson (Padre Ferreira); Tadanobu Asano (Intérprete); Ciarán Hinds (Padre Valignano); Issei Ogata (Inquisidor Inoue); Shinya Tsukamoto (Mokichi); Yoshi Oida (Ichizo); Yosuke Kubozuka (Kichijiro); Kaoru Endo, Diego Calderón, Liang Shi, Michié, Rafael Kading, Matthew Blake, Benôit Masse, Tetsuya Igawa, Panta, Miho Harita, Takuya Matsunaga, Masayuki Yamada, Yoriko Doguchi, Ryo Kase, Nana Komatsu.

Sinopsis: Dos jóvenes sacerdotes jesuitas solicitan ser enviados a Japón, donde el cristianismo es perseguido de manera brutal por las autoridades.

En lo que supuso un notable cambio de registro después de El lobo de Wall Street, Martin Scorsese completó con Silencio su trilogía sobre la fe, que inició hace tres décadas con La última tentación de Cristo y continuó a mediados de los 90 con la película menos apreciada de toda su filmografía, Kundun. En esta ocasión, Scorsese viajó al Japón del siglo XVI, tomando como punto de partida una novela de Shusako Endo que aborda la represión sufrida por quienes llevaron el cristianismo a Japón. Este film, claramente fuera de su tiempo y ajeno a las modas imperantes, dividió a la crítica y fue, en general, poco apreciado por el público. Por mi parte, no es el Scorsese más espiritual mi preferido, pero tengo claro que Silencio es la obra de un magnífico cineasta.

El tema de la película es el poder de la fe frente a la razón, e incluso frente a la fuerza. Esto, para Scorsese y uno de sus guionistas preferidos para los films de época, Jay Cocks, es algo positivo, opinión de la que discrepo. Para mí, el viaje de los dos jóvenes jesuitas a Japón en busca de su mentor espiritual, que al parecer ha apostatado, constituye un ejercicio de extrema soberbia disfrazada de piedad, pues su objetivo final es la imposición de unas creencias religiosas que se pretenden superiores a las imperantes en el lugar. El problema (para ellos y sus feligreses, obviamente) es que dichas creencias han sido prohibidas por las autoridades japonesas, que se esfuerzan en reprimir la fe cristiana con la misma crueldad extrema que ésta utilizó para imponerse en otras latitudes más occidentales. Esto equipara a los sacerdotes jesuitas en el Extremo Oriente, y por supuesto a su rebaño, con los primeros cristianos: obligados a ocultar su fe, siempre temerosos de la denuncia que les llevará hacia ese martirio que en el fondo desean, pues el cristianismo no deja de ser una religión que odia la vida y todo lo placentero que pueda haber en ella, viviendo como alimañas en espera del Paraíso prometido. Viéndolo en retrospectiva, creo que Japón acertó al erradicar el cristianismo: la brutalidad de los métodos empleados para ello no difiere mucho, como he dicho, de la utilizada para imponerlo en otros lugares. Ocurre en todas partes: los sectarios pueden despertar compasión cuando son minoría y son reprimidos por el poder, pero manifiestan toda su intolerancia y su fanatismo en cuanto lo alcanzan.

Una vez marcado mi territorio ideológico respecto al del director, añado que Silencio es una gran película, maravillosamente filmada. Scorsese utiliza con maestría las imágenes (y los silencios, cuya fuerza espiritual comprendemos quienes, desde un radical ateísmo, hemos visto en directo, por ejemplo, la procesión sevillana del Gran Poder) para captar la belleza salvaje del Japón rural, el sufrimiento de los torturados, que se niegan a creer que padecen en vano, y la confiada arrogancia de las autoridades. Como gran cinéfilo que es, Scorsese demuestra tener bien estudiados a los maestros japoneses (abundan los planos en los que la cámara sitúa su punto de vista a la altura de los ojos de una persona sentada en el suelo), en especial a Akira Kurosawa: la fantasmagórica aparición en pantalla del inquisidor Inoue es un magistral homenaje al genio nipón, al igual que el personaje de Kichijiro, casi una transcripción literal del samurái cobarde que aparece en una de las mejores películas que he visto jamás. Abundan las imágenes en las que se funden el virtuosismo con el engrandecimiento de la narración, aunque opino que la belleza de algunos planos no justifica un epílogo demasiado largo, y en parte innecesario. De haber terminado con la apostasía de Rodrigues, el film sería una obra maestra. Sus últimos diez minutos le alejan de esas cotas, pese a que el último plano es magistral en lo cinematográfico (en lo ideológico, es otro cantar). El ritmo de la película es muy japonés, lo que la aleja de los gustos del público mayoritario, pero no de los míos. Otro aspecto, que ya he tocado antes de pasada, pero que valoro mucho de esta obra es su gestión del sonido: el rugido de las olas, los lamentos de los afligidos y, sobre todo, ese silencio con el que Dios obsequia a quienes sufren en su nombre, dicen tanto o más que los diálogos, por mucho que algunos de ellos sean de alto nivel.

Quienes percibimos talento interpretativo en Andrew Garfield al ver La red social andábamos un tanto decepcionados con su trayectoria posterior, pero este joven intérprete confirma a las órdenes de Scorsese que es capaz de llevar el peso de una película de calidad sin hacerle perder valor. Adam Driver, que interpreta al sacerdote jesuita que acompaña a Rodrigues en su misión japonesa, es otro joven actor con muchas posibilidades, que aquí acierta al darle a su personaje la indispensable dosis de fanatismo. Son, no obstante, Issei Ogata y Liam Neeson quienes aún le aportan un plus a la película en cuanto aparecen en pantalla, uno como inquisidor y el otro como sacerdote apóstata. En general, el nivel de los actores japoneses es más que correcto, pero el que demuestra Tadanobu Asano va un punto más allá.

Silencio es otra prueba de que Scorsese es un crack, incluso cuando hace cine de estampita.

DON´T STOP BELIEVIN´: EVERYMAN´S JOURNEY

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DON´T STOP BELIEVIN´: EVERYMAN´S JOURNEY. 2012. 113´. Color.

Dirección: Ramona S. Díaz; Guión: Ramona S. Díaz; Dirección de fotografía: Julia Dengel y Vicente Franco; Montaje: Leah Marino; Música: Journey; Producción: Ramona S. Díaz y Capella Fahoome, para CineDíaz-Defining Entertainment-Game 7 Films-Arcady Bay Entertainment (Filipinas-EE.UU.).

Intérpretes: Arnel Pineda, Neal Schon, Jonathan Cain, Ross Valory, Deen Castronovo, John Baruck, Noel Gómez, Cherry Pineda, Erik Pineda, Rusmon Pineda, Steve Perry, Steve Augeri, Ann Wilson.

Sinopsis: Crónica del proceso que convirtió al desconocido cantante filipino Arnel Pineda en la voz solista de la famosa banda norteamericana Journey.

Don´t stop believin´: Everyman´s Journey es, como señala su principal protagonista en un momento del documental, un cuento de hadas en clave rockera. La encargada de llevarlo a la pantalla fue la directora filipina Ramona S. Díaz, cuya obra más destacada hasta la fecha era un documental biográfica sobre otra importante figura de su país, aunque mucho más siniestra: Imelda Marcos. Díaz ilustra de manera eficaz la increíble historia de Arnel Pineda, un hombre que pasó, gracias a su talento vocal, de la pobreza más absoluta a ser la voz solista de una de las bandas de rock más populares de los Estados Unidos: Journey.

El grupo, que grabó una serie de buenos álbumes en sus inicios que tuvieron poco éxito comercial, y que dio un giro en su trayectoria para hacer su música más accesible para el gran público, alcanzó el estrellato en Norteamérica a principios de los 80, con Steve Perry en la voz solista. En 2007, sin embargo, la situación era muy distinta: los problemas vocales de Steve Augeri, el cantante que sustituyó a Perry, supusieron el fin de su etapa en el grupo, dando a paso a Jeff Scott Soto, cuya participación en Journey se circunscribió a unos cuantos meses. Así pues, la banda estaba sin cantante, y lejos de la popularidad alcanzada décadas atrás. El guitarrista y líder del grupo, Neal Schon, empezó a buscar en internet a cantantes que militaran en bandas tributo a Journey, en un  desesperado intento de darle un nuevo impulso a la formación que no fructificó hasta que, casi por casualidad, observó varios vídeos de la banda filipina Zoo, cuyo cantante, Arnel Pineda, recreaba a la perfección la voz de Steve Perry. Esos vídeos fueron colgados por Noel Gómez, un gran fan de Pineda que fue el responsable de su éxito. Schon contactó con el cantante, quien, tras el pasmo inicial, viajó a los Estados Unidos y superó una audición para convertirse en la nueva voz solista de Journey. Ramona S. Díaz adopta el punto de vista de su compatriota, un ser humilde y de pequeña estatura, que llegó a vivir en la calle y apenas sacaba para comer cantando en las esquinas de los suburbios de Manila. Decidido a hacer carrera como cantante, Arnel vivió muchos años en Hong Kong ganándose la vida con su voz, pero el alcohol y las drogas estuvieron cerca de acabar con una carrera que navegaba hacia la intrascendencia más absoluta hasta que, una noche, Neal Schon vio sus vídeos y la Cenicienta filipina empezó a vivir su gran sueño, que todavía dura a día de hoy.

La directora muestra a Pineda con un indisimulado orgullo patriótico, resaltando la importancia que sus compatriotas otorgan al éxito del cantante, y subrayando que también éste aportó cosas a Journey, sobre todo vitalidad y repercusión internacional, pues el grupo fue enormemente exitoso en su país, pero es mucho menos conocido y apreciado en otras latitudes, y eso cambió algo (no en Europa, todo hay que decirlo) con el fichaje de Arnel. Los primeros discos y giras con Pineda como cantante catapultaron a Journey a recuperar sus antiguas cotas de popularidad en Norteamérica, así que el cuento de hadas fue perfecto para todos. De ahí el reconocimiento que músicos de la talla de Neal Schon, Jonathan Cain, Ross Valory y Deen Castronovo muestran hacia su cantante asiático.

El relato es edificante, en el buen y en el mal sentido. Por un lado, reconforta ver que un hombre humilde y talentoso puede conocer el éxito sin convertirse por ello en un imbécil, pero hay un cierto tono a manual de autoayuda que provoca rechazo. Lo que es innegable es que la directora sabe lo que se hace, que el montaje ayuda a que el visionado de la película sea de lo más llevadero, y que, como documental musical, Don´t stop believin´: Everyman´s Journey reúne las suficientes cualidades como para agradar a quienes no conozcan al grupo o a quienes, como es mi caso, crean que sus canciones y discos más populares son demasiado comerciales, aunque estén muy bien interpretados.

DAVID BOWIE: LOS ÚLTIMOS CINCO AÑOS

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DAVID BOWIE: THE LAST FIVE YEARS. 2017. 89´. Color.

Dirección: Francis Whately; Guión: Francis Whately; Montaje: Ged Murphy; Música: David Bowie. Producción: Francis Whately, para BBC (Reino Unido).

Intérpretes: David Bowie, Tony Visconti, Earl Slick, Gerry Leonard, Gail Ann Dorsey, Carlos Alomar, Catherine Russel, Sterling Campbell, Michael C. Hall, Geoff McCormack, Zachary Alford, David Torn, Mike Garson, Ava Cherry, Reeves Gabrels, Maria Schneider, Donny McCaslin, Ben Monder, Mark Guiliana, Jason Lindner, Tim Lefevre.

Sinopsis: Documental sobre los últimos años de la carrera y la vida de David Bowie.

David Bowie: Los últimos años es la culminación del díptico realizado por Francis Whately para la BBC, con el propósito de homenajear la figura de uno de los cantantes más influyentes de la historia del pop-rock. Esta vez, Whately centra su mirada en el último lustro de actividad del artista, que no ofreció conciertos en esta etapa final de su carrera, pero sí grabó dos álbums y compuso la banda sonora de un musical.

Como en el documental anterior, David Bowie: Five years, Whately alterna imágenes del homenajeado, algunas inéditas, con declaraciones de quienes le acompañaron en  sus postreras aventuras artísticas. Hay frecuentes miradas al pasado, pues en sus últimos años Bowie modificó su tendencia hasta entonces e incluyó en sus obras multitud de guiños y referencias a los momentos decisivos de su carrera. Seguramente, los años de reclusión que vivió Bowie tras el exitoso pero extenuante Reality Tour y su posterior ataque cardíaco, dieron tiempo al cantante británico para volver la vista atrás y reflexionar sobre su legado. El retorno a la actividad musical estuvo rodeado de un enorme secretismo, algo nuevo en un hombre que, ambiguo en casi todo, también lo fue en su relación con la fama, pues acabó aborreciéndola casi tanto como la buscó en sus años jóvenes. De este conflicto surgió The stars (are out tonight), una gran canción que supone uno de los puntos álgidos del disco de retorno de Bowie, The next day. Nostalgia, fama, muerte: alrededor de estos tres elementos gira el último lustro de actividad del Duque Blanco y, por tanto, también la película, que dedica un capítulo, de duración variable, a cada uno de los cinco años analizados. El trabajo de documentación es, una vez más, excelente, y Whately y sus técnicos consiguen que la alternancia de música y reflexión tenga ritmo, además del interés para melómanos que ya se supone, el cual se ve acrecentado por la intervención de músicos de primera línea como Maria Schneider, Donny McCaslin, Ben Monder o Mark Guiliana, que fueron parte importante en el testamento discográfico de Bowie, Blackstar.

David Bowie: Los últimos años aporta luz a la última etapa de una de las figuras icónicas de la música pop, que además supo irse de este mundo con dignidad.