CRIMEN FERPECTO

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CRIMEN FERPECTO. 2004. 106´. Color.

Dirección: Álex de la Iglesia; Guión: Jorge Guerricaechevarría y Álex de la Iglesia; Dirección de fotografía: José L. Moreno;  Montaje: Alejandro Lázaro; Música: Roque Baños;  Diseño de producción: José Luis Arrizabalaga y Arturo García Biaffra; Producción: Gustavo Ferrada, Roberto Di Girolamo y Álex de la Iglesia, para Sogecine- Planet Pictures- Pánico Films (España).

Intérpretes: Guillermo Toledo (Rafael González); Mónica Cervera (Lourdes); Luis Varela (Don Antonio); Enrique Villén (Comisario Campoy); Fernando Tejero (Alonso); Javier Gutiérrez (Jaime); Kira Miró (Roxanne); Gracia Olayo (Concha); Eduardo Gómez, Manuel Tallafé, Rosario Pardo, José Alias, Penélope Velasco, Montse Mostaza, Alicia Andújar, Isidro Montalvo, Javier Jurdao, María Alfonsa Rosso.

Sinopsis: Un dependiente de unos grandes almacenes confía en dar el salto a la dirección de planta. Elegante y seductor, confía en su ascenso, pero el puesto es para Don Antonio, el jefe de la sección de moda para caballeros.

Después del ejercicio ácrata teñido de nostalgia que fue 800 balas, Álex de la Iglesia continuó con su encomiable labor de dinamitar el costumbrismo hispánico situando su siguiente película en uno de los lugares que mejor describen lo que quiere ser, y también lo que es, una sociedad: unos grandes almacenes. Crimen ferpecto supuso una nueva incursión del director bilbaíno en su terreno favorito, la comedia negra, y sin estar considerada como una de sus mejores películas, sí obtuvo una buena respuesta crítica y de audiencias.

En los cursos de formación de los nuevos dependientes todavía se recuerda a Rafael, el número 1, toda una leyenda de las ventas. En tiempos, ese hombre fue la viva encarnación del éxito: en la sección de moda para señoras de los grandes almacenes Yeyo´s, él era el rey, con sus inigualables artes para engatusar a las clientas y venderles lo que se le antojara. Sus compañeros le adulaban, las empleadas más bellas rivalizaban entre sí por llevárselo al catre, y él disfrutaba de su hechizo como de algo natural, de algo que el mundo le debía. Para culminar su triunfo, Rafael sólo tenía que derrotar a don Antonio, el veterano jefe de la sección de moda para caballeros, en la lucha por conseguir el puesto de jefe de planta. Pero el destino es un maricón sin decoro, que dijo el maestro, y Rafael no consigue el soñado ascenso. Sus desventuras sólo han hecho que empezar: en una violenta disputa entre ambos, Don Antonio muere de forma accidental, y todo se desmorona para el antiguo gentleman cuando descubre que la dependienta más fea de todo el centro comercial ha sido testigo de un suceso que puede llevarle a la cárcel. El silencio de Lourdes, que incluso ayuda a Rafael a deshacerse del cadáver del jefe de planta más breve de la historia, tiene un precio.

Con su característica mala leche, y muy buen ojo a la hora de saber dónde clavar sus cuchillos, Álex de la Iglesia, junto a su guionista de cabecera Jorge Guerricaechevarría, reflexiona acerca del éxito y el fracaso, de los cánones de belleza imperantes en nuestra sociedad y de las leyes de la atracción sexual. Lo hacen a través de su protagonista masculino, que es quien nos explica, recurriendo con frecuencia al destrozo de la cuarta pared, su historia, la de un hombre a quien le gustan la ropa cara y las tías buenas (como a todos, con la diferencia de que él las tiene) al que su ambición y un cúmulo de infortunios le llevan a vivir su peor pesadilla, que para mayor ironía se llama Lourdes. Ahí tienen  al gran macho alfa convertido en un pelele, en la clase de tipo al que siempre despreció, por culpa de un chantaje llevado hasta las últimas consecuencias. Rafael sabe que la única forma de escapar de su calvario es eliminar a Lourdes, pero estamos en España y, en un giro lingüístico ya utilizado previamente por Los Enemigos para titular uno de sus álbumes, aquí todo es ferpecto…

Quien espere encontrar aquí la destreza visual que distingue a Álex de la Iglesia de la práctica totalidad de los cineastas españoles actuales, no quedará decepcionado. El tour de force final, con la muy bien rodada estampida en los grandes almacenes, el incendio y, de nuevo, un desenlace en el que interviene mucho el vértigo, marca el punto álgido en lo estilístico de una película muy cuidada en este aspecto., que tiene momentos impagables (la cena familiar en casa de Lourdes, las apariciones del fantasma de don Antonio o el descuartizamiento del cadáver de éste) y provoca en más de una ocasión la carcajada. La música de Roque Baños ilustra de manera eficaz los cambios de tono de la película, con ese tema como de anuncio de colonias que acompaña al Rafael triunfador y, si alguien tiene dudas de la capacidad de Álex de la Iglesia de poner una cámara en su sitio, que miren los planos contrapicados que acompañan al gran jefe de la compañía mientras la voz de Rafael le describe: se pueden escribir libros muy largos sobre la adulación que genera el poder, pero también se puede mostrar todo eso en unos cuantos planos.

El personaje de Rafael González le va que ni pintado a Guillermo Toledo, actor por entonces en la cumbre de su éxito: un caradura con estilo, labia y carisma que acaba sumido en la desesperación. Toledo, una persona que cuando no interpreta debería hablar mucho menos en público, o pagar por cada idiotez que dice, consigue hacer creíble el giro de su personaje. Mónica Cervera, actriz de carrera breve y muy encasillada por su físico, vivió con esta película su mejor momento profesional, en el rol de una mujer fea y llena de complejos a la que la fortuna le da la ocasión de tomarse cumplida venganza de pasados desprecios. Bien Luis Varela como maduro vendedor con peluquín, y enorme como fantasma. Enrique Villén, miembro habitual de la troupe de Álex de la Iglesia, está tan eficaz como siempre en el papel de policía, y del dúo de lameculos del protagonista masculino, formado por Fernando Tejero y Javier Gutiérrez, hay que decir que el segundo ya apuntaba muy buenas maneras. En cuanto a Kira Miró, cuyo personaje viene a ser la antítesis del de Lourdes, decir que detrás de su enorme sex-appeal no se esconde una actriz sobresaliente.

Muy buena, desde el prólogo al epílogo, muy divertida, nada menor. Enésima confirmación de que Álex de la Iglesia es un gran director de cine.

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