AFLICCIÓN

AFFLICTION. 1997. 112´. Color.

Dirección: Paul Schrader; Guión: Paul Schrader, basado en la novela de Russell Banks;  Dirección de fotografía: Paul Sarossy;  Montaje: Jay Rabinowitz; Música: Michael Brook;  Dirección artística: Michel Beaudet; Diseño de producción: Anne Pritchard; Producción: Linda Reisman, Eric Berg y Frank K. Isaac,  para Largo Entertainment- JVC Entertainment Networks (EE.UU.).

Intérpretes: Nick Nolte (Wade Whitehouse); James Coburn (Glen Whitehouse); Sissy Spacek (Margie Fogg); Willem Dafoe (Rolfe Whitehouse); Mary Beth Hurt (Lillian); Jim True (Jack Hewitt); Holmes Osborne (Gordon LaRiviere); Brigid Tierney (Jill); Christopher Heyerdahl, Marian Seldes, Sean McCann, Steve Adams.

Sinopsis:Wade Whitehouse es el sheriff de una pequeña localidad de New Hampshire, un hombre cuya infancia fue destrozada por un padre alcohólico y violento y a quien, ya adulto, nadie respeta. Un accidente de caza que no parece tal y en el que muere un importante sindicalista de la zona, un doloroso dolor de muelas y el derrumbamiento de su vida personal se unen en el tiempo para poner a Wade entre la espada y la pared.

Russell Banks es, en mi opinión, uno de los novelistas más destacados en la narrativa contemporánea estadounidense. Sus historias, casi siempre duras, retratan el lado oscuro del sueño americano, las vidas fracasadas de la América profunda y la reacción de los individuos ante unas circunstancias casi siempre adversas que no pueden controlar ni dominar. Una de estas historias es Aflicción, llevada al cine por un director y guionista de marcada personalidad como es Paul Schrader. En el mundo retratado por Banks en su novela concurren varias de las constantes con las que este cineasta trabaja habitualmente, como son la violencia y sus consecuencias, la corrupción social y personal, las heridas del alma que la vida no hace más que agrandar y esa América siempre nevada y triste en la que la esperanza parece no tener sitio. Schrader era, pues, una elección acertada y coherente para trasladar a la gran pantalla una novela de esa clase. No obstante, la carrera de este director se hallaba por entonces en una cuesta abajo en la que Aflicción supone quizá el último paréntesis. Su labor como realizador en esta película me parece carente de inspiración, pues no aprovecha del todo las inmensas posibilidades de una historia durísima e hipnótica, y en ocasiones se hace demasiado patente un desaliño visual que, más allá de la triste belleza de los paisajes siempre nevados en los que se sitúa la acción, lastra el resultado final de una película que lo tenía todo para ser una obra maestra y no acaba de serlo, en parte a causa de la labor del director. Como guionista, todo hay que decirlo, el trabajo de Schrader es aquí muy notable.

La historia que se cuenta es la de un hombre destruido, marcado por una infancia terrible en la que su padre emerge como una figura monstruosa. No es extraño que muchas de las personas que más daño nos hacen a lo largo de nuestra vida sean quienes forman parte de nuestra familia o de nuestro entorno social más cercano. A Wade Whitehouse le tocó sufrir todo eso desde la cuna, y eso le ha convertido en un adulto acomplejado e inseguro al que nadie parece tomar en serio, por mucha placa de sheriff que lleve. Su matrimonio se rompió, sus intentos de mantener una relación paternal con su hija no pueden ser más torpes y acaban una y otra vez fracasando, y en lo laboral no pasa de ser un obediente perro adiestrado por el cacique del pueblo. Además, su padre sigue ahí, recordándole su debilidad y su cobardía, seguramente los dos defectos que han impedido que Wade haya imitado a su hermano menor, Rolfe, quien ha sido capaz de rehacer su vida fuera de ese pueblo en el que la redención parece imposible. Al insignificante sheriff le surge, sin embargo, una ocasión para demostrarle a todo el mundo su valía, pues detrás de un aparente accidente de caza Wade observa claros indicios de un asesinato orquestado por los beneficiarios de una operación urbanística corrupta, entre los que se encuentra el hombre que le ha servido en bandeja su placa. La investigación del caso, el distanciamiento con su hija y la disputa que por su custodia mantiene con su ex-esposa, un agudo dolor de muelas y un padre maestro en torturas quizás sean demasiado peso para un solo hombre, para un Wade a quien sólo la relación sentimental que mantiene con una camarera del pueblo consigue darle algo de estabilidad.

El guión es potente, la película contiene un puñado de escenas estremecedoras que consiguen que al espectador se le haga un nudo en el estómago (la belleza de lo monstruoso, tal vez), y también varios de los elementos de las mejores obras de Schrader. Lástima de su factura visual, que se sitúa entre lo rutinario y lo descuidado, pues por historia y por actores estamos ante una película imprescindible. El reparto está encabezado por grandes actores, aquí en estado de gracia. Nick Nolte hace el que posiblemente sea el mejor papel de su carrera, y él sí lleva a su personaje todo lo lejos que éste es capaz de llegar hasta llegar a una interpretación magistral. Lo mismo puede decirse de un ilustre veterano como James Coburn, que en uno de sus últimos papeles consiguió dar vida a uno de los tipos más terroríficos que se han visto en el cine en las últimas décadas, y fue el merecido ganador de un Oscar que se le negó a Nolte de forma injusta. Sissy Spacek y Willem Dafoe, otros dos grandes intérpretes, dan vida a unos personajes que ponen el contrapunto de calma a los volcánicos protagonistas, y los secundarios rayan también a muy buena altura. A nivel interpretativo, la película es tan sobresaliente como lo es a nivel narrativo.

Pocas veces un film es tan fiel a su título como sucede en este caso. Quizá Aflicción sea la última obra grande de un cineasta cuyas historias nunca son agradables (ésta, desde luego, es un drama intenso y duro como pocos), pero sí interesantes, complejas y bien escritas.

 

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