SO-SEOL-GA-UI YEONG-HWA. 2022. 91´. B/N.
Dirección: Hong Sang-soo; Guión: Hong Sang-soo; Dirección de fotografía: Hong Sang-soo; Montaje: Hong Sang-soo; Música: Hong Sang-soo; Producción: Hong Sang-soo, para Jeonwonsa Film.
Intérpretes: Lee Hye-young (Kim Junhee); Kim Min-hee (Kilsoo); Kwon Hae-hyo (Hyo-Jin); Cho Yun-hee (Yangjoo); Park Mi-so (Hyunwoo); Ha Seong-guk (Gyeongwoo); Lee Eun-mi (Jaewon); Gi-Ju bong (Man-soo); Seo Young-hwa.
Lo primero que llama la atención es la naturalidad con que Hong Sang-soo desarrolla una trama que, en manos de otro cineasta, probablemente habría dado lugar a un relato mucho más convencional sobre las frustraciones de una escritora en busca de inspiración. Aquí los personajes se encuentran, conversan, pasean, comen y, especialmente, beben, y en el transcurso de esas actividades cotidianas van aflorando sus dudas, sus pequeñas vanidades y sus deseos insatisfechos. El director confía en que el espectador encuentre interés en esos intercambios verbales, en los silencios que interrumpen las conversaciones y en las ligeras modificaciones que experimentan los personajes a medida que avanza el metraje. No es mi caso: esa implicación aparece sólo a ratos porque, si he de ser sincero, para que me atraiga una película basada en exclusiva en los diálogos, mucho me tiene que entusiasmar lo que en ella se dice. Los protagonistas hablan, pero muchas veces sus conversaciones me resultan intrascendentes. Y el film, en mi opinión, no tiene mucho más que eso. Mi desconocimiento de la obra previa del director me impide captar la dimensión autorreferencial de una película que exhala el aroma de las que están concebidas para triunfar en los festivales. El blanco y negro de la fotografía, la austeridad de los encuadres, los zooms ocasionales y la aparente improvisación de los diálogos forman parte de un lenguaje muy del gusto de la crítica, pero que difícilmente atraerá a un público mayoritario. De hecho, el discurso del reinicio profesional por medio del encuentro entre intelectuales de diferentes disciplinas no es algo nuevo en el cine o el teatro, y no es que aquí se muestre en pantalla de un modo que despierte el entusiasmo. Eso sí, se trata de una de las películas más personales que uno haya visto, porque Hong Sang-soo se encarga de todos los apartados técnicos y artísticos posibles. Por ello, no es que esta clase de filmes contribuyan a la expansión de una industria, porque su autor es algo así como el hombre que lo hace todo en Corea del Sur.
Por lo que respecta al reparto, la impresión que uno tiene es que hay poco despliegue actoral y mucho diálogo improvisado. Lee Hye-young, intérprete a la que tampoco conocía, sostiene la película con una interpretación llena de naturalidad, construyendo una Junhee en la que la insatisfacción profesional convive con cierta tendencia a la irritabilidad y una visión crítica del mundillo intelectual en el que se mueve. Kim Min-hee, por su parte, aporta a Kilsoo una mezcla de serenidad y desencanto que hace verosímil la complicidad que surge entre ambas mujeres. La actriz, habitual colaboradora del director, se integra con absoluta facilidad en un conjunto interpretativo que parece moverse sin esfuerzo por los estrechos márgenes de una puesta en escena minimalista, y consigue ser quien más brille de todo el elenco. El resto de las actrices que intervienen no destacan en exceso, mientras que los miembros masculinos del reparto cumplen a secas, con la excepción de Gi Ju-bong, que da vida a un poeta borrachuzo, lo que ya es un tópico en sí mismo.
La novelista y su película es previsible, no ya para quienes conozcan bien la filmografía de Hong Sang-soo, sino para quienes accedan a ella por primera vez. No hay nada que impacte, que se eleve más allá de la exquisita corrección de un conjunto en el que la austeridad se extiende también a las intenciones. La sensación es que al film, que a ratos aburre, le faltó un proceso de maduración más que necesario. Creo que es bueno que también haya un cine que prime la conversación al espectáculo, pero para basar un film entero en ella hace falta más ingenio y menos piloto automático del que se percibe en esta obra.