
2001: DESTELLOS EN LA OSCURIDAD/2001: SPARKS IN THE DARK. 2018. 21´. Color.
Dirección: Pedro González Bermúdez; Guión: Pedro González Bermúdez, basado en una idea de Javier Morales Pérez; Montaje: Pedro González Bermúdez; Música: Guillermo Farré, Remate; Dirección artística: Ignacio Gaubert; Producción: Guillermo Farré, Javier Morales Pérez y Daniel González, para Turner Broadcasting System (España).
Intérpretes: Keir Dullea (Voz de Stanley Kubrick); Peter Prukl (Voz de Eric Norden).
Sinopsis: Recreación de una de las escasas entrevistas que concedió Stanley Kubrick después del estreno de 2001: Una odisea del espacio.
Pedro González Bermúdez es uno de los grandes especialistas españoles en la realización de documentales sobre cine. En ellos, a veces encuentra una manera original de acercarse a los iconos del séptimo arte, como en su estimulante cortometraje sobre Stanley Kubrick y su obra maestra 2001: Una odisea del espacio, concebido a partir de una entrevista concedida por el director a la revista Playboy pocos meses después del estreno de la película. 2001: Destellos en la oscuridad es, al mismo tiempo, una pieza de cine sobre el cine, una aproximación al pensamiento de uno de los grandes creadores del siglo XX y una demostración de que, cuando no existen imágenes que mostrar, todavía queda la posibilidad de imaginar cómo pudieron ser. El reconocimiento a esta pequeña joya se quedó en una nominación al Goya en la categoría de mejor cortometraje documental.
Stanley Kubrick no era precisamente un cineasta aficionado a exponerse ante los medios. Después de estrenar 2001 en 1968, film que provocó tanto entusiasmo como desconcierto, el director se mostró poco dispuesto a explicar públicamente las numerosas preguntas que su obra había dejado abiertas. Sin embargo, unos meses después aceptó conversar con el periodista Eric Norden para Playboy (no está mal para una revista que, para muchos, era sólo un catálogo de mujeres despampanantes), y aquella larga conversación terminó convirtiéndose en uno de los documentos más interesantes para acercarse a las ideas que estaban detrás de la película. Kubrick habló entonces de la posibilidad de vida extraterrestre, de la evolución humana, de la tecnología, de la inteligencia y de la naturaleza del universo, pero también de la recepción de una película que había desconcertado a buena parte de la crítica. El problema es que de aquel encuentro no se conserva material filmado, ni siquiera la grabación sonora. Así que González Bermúdez tuvo que hacer de la necesidad virtud, y ahí es donde 2001: Destellos en la oscuridad encuentra su principal interés. En lugar de recurrir al documental típico, el director reconstruye aquella conversación mediante una combinación de animación 2D, 3D y stop motion, imágenes documentales de la NASA, fragmentos de 2001: Una odisea del espacio y otros materiales que permiten acompañar visualmente las palabras de Kubrick. La voz del director corre a cargo de Keir Dullea, el actor que interpretó a Dave Bowman en 2001, una elección que tiene algo de homenaje y algo de juego metacinematográfico: medio siglo después de encarnar al hombre que se adentraba en lo desconocido, Dullea presta su voz al hombre que imaginó aquel viaje. Frente a él, Peter Prukl interpreta a Eric Norden, reconstruyendo así un diálogo del que no ha quedado otra huella que el texto publicado por Playboy.
González Bermúdez consigue, con todo ello, hacer algo cinematográficamente muy superior a la mera transcripción de una entrevista. La película expone lo que Kubrick dijo, pero también juega con lo que se negó a revelar respecto a su obra maestra, que en su estreno dividió a la crítica, parte de la cual era, y sigue siendo, incapaz de distinguir la grandeza aunque le esté mordiendo el culo. 2001 es excepcional por sus pretensiones, pero mucho más porque su resultado como obra artística las colmó de una forma que pocas veces se ha visto. Nunca pasará de moda, de la misma forma que las palabras pronunciadas por Kubrick en 1968 respecto a si la tecnología constituye una prolongación de nuestra naturaleza, o finalmente terminará sustituyéndola, son de rabiosa actualidad.
El resultado es conciso, didáctico y ameno, pero también mucho más ambicioso de lo que sus apenas veinte minutos de metraje podrían hacer pensar. La animación permite recrear aquello que nunca fue filmado, mientras las imágenes de la NASA y los fragmentos de la película original establecen un diálogo entre la imaginación de Kubrick y la realidad científica que la alimentó. La música de Guillermo Farré y Fernando Martínez de la Serna contribuye a crear una atmósfera propia, sin intentar competir con la inolvidable banda sonora de 2001. Y el montaje de González Bermúdez consigue que la sucesión de materiales heterogéneos no parezca una acumulación de recursos, sino una película coherente.
Quienes quieran acercarse a 2001: Una odisea del espacio desde una perspectiva distinta, quienes sientan curiosidad por conocer qué pensaba su autor cuando acababa de hacer pública una de las películas más revolucionarias de la historia del cine, o quienes disfruten del placer de escuchar a un artista hablar de su obra, sin intermediarios ni explicaciones académicas, gozarán con este notable trabajo de Pedro González Bermúdez.