
¿QUÉ HE HECHO YO PARA MERECER ESTO? 1984. 99´. Color.
Dirección: Pedro Almodóvar; Guión: Pedro Almodóvar; Dirección de fotografía: Ángel Luis Fernández; Montaje: José Salcedo; Música: Bernardo Bonezzi; Diseño de producción: Román Arango y Pin Morales; Diseño de vestuario: Cecilia Roth; Producción: Hervé Hachuel, para Kaktus Producciones Cinematográficas-Tesauro (España).
Intérpretes: Carmen Maura (Gloria); Ángel de Andrés López (Antonio); Chus Lampreave (Abuela); Verónica Forqué (Cristal); Gonzalo Suárez (Lucas Villalba); Kiti Mánver (Juani); Juan Martínez (Toni); Amparo Soler Leal (Patricia); Emilio Gutiérrez Caba (Pedro); Javier Gurruchaga (Dentista); Katia Loritz (Ingrid Müller); Sonia Hohmann, Cecilia Roth, Jaime Chávarri, Luis Hostalot, Pedro Almodóvar, Agustín Almodóvar, Francisca Caballero, Fabio McNamara.
Sinopsis: Gloria es una ama de casa que vive en un pequeño piso de la periferia madrileña junto a su marido, taxista, sus dos hijos y su suegra. Agobiada por la precariedad económica, las obligaciones domésticas y una existencia matrimonial insatisfactoria, consume anfetaminas como válvula de escape.
El cuarto largometraje de Pedro Almodóvar supuso el primer punto álgido de su trayectoria: sin abandonar el descaro y la provocación de sus primeros trabajos, ¿Qué he hecho yo para merecer esto? significó su primer proyecto serio y con capacidad para convencer al gran público. El resultado es una mezcla de comedia negra, costumbrismo cañí y delirio kitsch que, bajo su extravagante apariencia, ofrece un retrato áspero de la vida en los suburbios madrileños de la España de los ochenta. Almodóvar escoge como protagonista a una maruja de toda la vida, atrapada entre un marido insoportable, unos hijos problemáticos, una suegra harto peculiar y unas estrecheces económicas acuciantes, mostrando su buena mano para los personajes femeninos. El éxito de esta tragicomedia, que tuvo la virtud de encajar muy bien en un país que intentaba aparentar modernidad, fue de gran calibre, y de hecho estamos ante la película que consagró al director manchego.
Los personajes de ¿Qué he hecho yo para merecer esto? son supervivientes, pero a duras penas. Gloria vive sometida a una rutina agotadora: trabaja como asistenta, hace la comida, limpia, atiende a su familia y, cuando puede, consume anfetaminas para soportar una vida que se le ha hecho insoportable. Su marido Antonio es un hombre machista, mezquino y amargado, que añora a Ingrid Müller, una alemana para la que trabajó como chófer quince años atrás y a la que vuelve a encontrar por casualidad. Los hijos tampoco representan una ayuda: Toni, el mayor, se dedica a trapichear con drogas, mientras que Miguel, el pequeño, es un muchacho con una sensibilidad que parece estar completamente fuera de lugar en aquel ambiente. Y luego está la abuela, que vive en su propio mundo y sueña con regresar al pueblo. En ese entorno agobiante, la luz la aporta Cristal, una optimista vecina prostituta, mientras Juani, que reside en el sexto, vive en un conflicto permanente con su hija.
El director utiliza con inteligencia el reducido espacio del piso familiar, convertido en una especie de cárcel doméstica donde los personajes chocan continuamente unos con otros. La fotografía de Ángel Luis Fernández acentúa la sordidez de los interiores y contrasta el gris de los enormes bloques de viviendas del extrarradio con el cromatismo chillón característico del cine de Almodóvar, quien ya desde sus inicios utilizó el color como elemento dramático. La película tiene algo de estudio sobre una determinada clase social, pero nunca pretende ser realista en sentido estricto. Almodóvar introduce una y otra vez componentes absurdos, personajes extravagantes y situaciones imposibles que rompen cualquier tentación de convertir el relato en una denuncia social propiamente dicha. Se aproxima al melodrama suburbano, e incluso al cine quinqui, pero lo hace según sus particulares códigos. Lo interesante es esa mezcla: la pobreza, la violencia doméstica, las drogas, la soledad y la frustración pertenecen al terreno del drama, mientras que el sinfín de interludios delirantes, ya sea a través de la televisión, del contacto con las vecinas o de la adopción de reptiles, remiten al Almodóvar de sus películas anteriores. La muerte de Antonio, asesinado por Gloria con un hueso de jamón después de que él la golpee, y la investigación policial posterior (instrumento criminal que tal vez Almodóvar tomara de un episodio de Alfred Hitchcock presenta, y que a su vez influyó en Bigas Luna), mezclan el drama femenino, heredero de Fassbinder, con la comedia negra. La música de Bernardo Bonezzi, combinada con canciones populares y de copla, contribuye de manera decisiva a crear esa atmósfera en la que lo melodramático y lo grotesco terminan fusionándose.
El problema es el de siempre: Almodóvar es mucho mejor en la propaganda que en la autocrítica, y es incapaz de separar lo sustantivo de lo superfluo, porque todo él se adora sin mesura, incluyendo lo sensiblero y lo grotesco. Por ejemplo, toda la subtrama de la pareja de escritores, en la que el elemento masculino sueña con falsificar los diarios de Hitler (es evidente que el manchego también leía periódicos), rompe el ritmo del relato y no aporta gran cosa, y asoma un gran problema en la trayectoria posterior de Almodóvar: lejos del humor y los arrebatos surrealistas, el director se toma a sí mismo demasiado en serio. Si se unen ciertas dosis todavía presentes de amateurismo y lo caprichoso de un guión en el que muchas cosas suceden porque a su autor así le place, por encima de la coherencia narrativa, el resultado es que no nos hallamos delante d euna obra redonda.
Carmen Maura, que se consagró gracias a este papel, en el que no fue la primera opción del director, está extraordinaria. Gloria es uno de los personajes más difíciles de interpretar de toda la carrera de Almodóvar, porque exige un sinfín de matices, estados de ánimo y riqueza gestual para reflejar la frustración de la mujer a la que da vida, que no están al alcance de cualquiera. Maura consigue que su rostro, siempre al borde del agotamiento, plasme a la perfección el drama, sin decaer en los interludios humorísticos. Habría mucho que decir de la importancia de la actriz en la creación del mito Almodóvar. Ángel de Andrés López está convincente como Antonio, porque evita convertirlo en un simple monstruo doméstico y dota al personaje de cotidianidad, aunque en su construcción aparece una de las eternas carencias del cine de Almodóvar: que los personajes masculinos heterosexuales están definidos de un modo superficial. Chus Lampreave está magnífica como la abuela, surrealista a la par que nostálgica, y junto a Verónica Forqué, debutante a las órdenes de Almodóvar, proporcionan algunos de los momentos más divertidos de la película con unos personajes que parecen vivir en un universo paralelo. Entre los secundarios, destacan también Kiti Mánver, como madre insoportable, Amparo Soler Leal, notable en un rol desagradecido, y Javier Gurruchaga, en la piel de un dentista pedófilo. El recién fallecido Gonzalo Suárez demuestra que sus muchas virtudes estaban más detrás de las cámaras y en la construcción de historias, y no puedo dejar de mencionar el surrealista cameo de Cecilia Roth, también diseñadora de vestuario, y la última performance pública del tándem Almodóvar-McNamara, un play-back televisivo de La bien pagá.
¿Qué he hecho yo para merecer esto!! es una película muy vinculada a un momento concreto de Madrid y de España, pero ha envejecido bastante mejor que muchas obras en apariencia más serias de aquel periodo, y que films más recientes del propio Pedro Almodóvar. Es irregular, lo cual es marca de la casa, pero tiene una personalidad muy marcada. Es una película a la vez divertida y deprimente, vulgar y sofisticada, realista y absurda, y muchas veces todo ese guirigay funciona en la pantalla. Almodóvar en una de sus obras más logradas.