
RAFAEL RIQUENI: SER FLAMENCO. 2022. 70´. Color.
Dirección: Nathan Benisty; Guión: Nathan Benisty y Olivier Deck; Dirección de fotografía: Olivier Deck; Montaje: Nathan Benisty; Música: Rafael Riqueni; Producción: Supermouche Productions-Festival Arte Flamenco-Mezzo (Francia).
Intérpretes: Rafael Riqueni, Paco Bech, Carmela Riqueni.
Sinopsis: Retrato del guitarrista y compositor sevillano Rafael Riqueni, realizado durante su participación en el Festival Internacional Arte Flamenco de Mont-de-Marsan en 2022.
El realizador francés Nathan Benisty, desconocido para el gran público pero con una trayectoria profesional consolidada, ha dirigido diversos trabajos cinematográficos relacionados con la música, entre los cuales el film que nos ocupa, dedicado al guitarrista sevillano Rafael Riqueni, primero en el que Benisty se aproxima a la cultura flamenca. La difusión de este documental en concreto se circunscribe a canales y festivales especializados, pero se trata de una obra muy recomendable para neófitos que quieran profundizar en el arte de uno de los grandes maestros de la guitarra flamenca contemporánea, porque en poco más de una hora de metraje se retrata de una forma precisa su universo artístico y personal.
En Rafael Riqueni, ser flamenco es el guitarrista quien se expresa, con sus propias palabras en una extensa entrevista que salpica toda la obra, pero también, y sobre todo, con la guitarra, en diferentes momentos de interpretación que permiten apreciar directamente la singularidad de quien desde muy joven fue considerado uno de los grandes talentos del flamenco. En el film se recoge su infancia en Sevilla, sus primeros contactos con la guitarra, su formación junto a maestros como Manolo Sanlúcar y Paco de Lucía, los numerosos premios obtenidos durante su adolescencia, sus primeros discos, la búsqueda de un lenguaje propio y la evolución de una trayectoria que acabaría convirtiéndole en uno de los compositores más personales de su generación. Todo eso está aquí, explicado por el propio artista. También se aborda su relación con la música clásica, fundamental en una obra en la que las referencias a Falla, Albéniz, Granados o Turina conviven con los diferentes palos del flamenco, así como su especial vinculación con Sevilla, ciudad que constituye una presencia constante en su música.
Pero el documental no se limita a repasar los principales episodios de su carrera, sino que presta especial atención a las circunstancias personales que condicionaron su larga desaparición de los escenarios y al difícil proceso que hizo posible su regreso a la actividad artística. Riqueni habla de sus años de silencio, de sus dificultades y de la necesidad de recuperar la guitarra como instrumento de expresión después de un periodo especialmente doloroso de su vida. Esto permite completar el retrato del músico, en cuyo rostro apreciamos las huellas de su caída, y comprender mejor la dimensión de ese regreso, mientras que las imágenes de sus actuaciones demuestran que, pese al tiempo transcurrido, su manera de tocar conserva intacta aquella sensibilidad que siempre le distinguió. Lo importante, sin embargo, es que quien más habla es la guitarra, porque ahí está la grandeza de Rafael Riqueni: poca gente se ha hundido tanto como él y puede contarlo, pero en la belleza de su toque, a veces acompañado por el baile de su sobrina Carmela, está lo que de verdad justifica la realización de esta película.
Nathan Benisty cumple con su función de testigo al servicio del maestro y acierta al no convertir la trayectoria personal de Riqueni en un simple ejercicio de mitificación, dejando que sea el propio guitarrista quien explique sus influencias, sus dudas, sus obsesiones y su particular concepción de la música. El resultado es especialmente interesante cuando muestra la relación entre la tradición flamenca y la música clásica, porque permite comprender hasta qué punto Riqueni ha entendido siempre la guitarra como un territorio abierto, capaz de incorporar nuevas formas sin renunciar a sus raíces sevillanas. La cámara se mantiene en segundo plano, dejando que sean las palabras y, en especial, la música, las que definan al personaje.
Por esto, la película de Nathan Benisty es recomendable, por ofrecer mucho arte en poco tiempo y por acercar al espectador a la figura de un guitarrista cuya importancia dentro del flamenco contemporáneo merece ser conocida más allá de los aficionados al género. Rafael Riqueni, ser flamenco encuentra así su principal virtud en la sencillez de su planteamiento: escuchar al maestro, observarle tocar y reconstruir, a través de sus recuerdos y de los testimonios que le rodean, una trayectoria artística marcada por el talento, la búsqueda y la capacidad de volver a empezar.