![HITCHCOCK MASTER OF SUSPENSE #21: YOUNG AND INNOCENT [1937] | Horror Cult Films](https://horrorcultfilms.co.uk/wp-content/uploads/2013/09/youngandinnocent.jpg)
YOUNG AND INNOCENT. 1937. 80´. B/N.
Dirección: Alfred Hitchcock; Guión: Charles Bennett, Edwin Greenwood y Anthony Armstrong, basado en la novela A Shilling for Candles, de Josephine Tey. Diálogos de Gerald Savory; Dirección de fotografía: Bernard Knowles; Montaje: Charles Frend; Música: Louis Levy; Dirección artística: Alfred Junge; Producción: Edward Black, para Gaumont British Picture Corporation (Reino Unido).
Intérpretes: Nova Pilbeam (Erica Burgoyne); Derrick De Marney (Robert Tisdall); Percy Marmont (Coronel Burgoyne); Edward Rigby (Old Will); Basil Radford (Tío de Erica); John Longden (Inspector Kent); Mary Clare (Tía de Erica); George Curzon (Percusionista); Pamela Carme, George Merritt, J. H. Roberts, Jerry Verno, Alfred Hitchcock.
Sinopsis: Un hombre es acusado del asesinato de una estrella de cine después de que su cuerpo aparezca en una playa junto a un cinturón que parece incriminarlo.
Inocencia y juventud (Young and Innocent), una de las últimas películas de la etapa inglesa de Hitchcock antes de su traslado a Hollywood, es una obra que ha pasado bastante desapercibida frente a otras del director, por ejemplo Sabotaje y El agente secreto, estrenadas el año anterior a la presente. De hecho, en España no se exhibió en las salas hasta los años 80, ya fallecido el genio londinense. Se trata de un thriller de apariencia sencilla, construido alrededor del tema del falso culpable, uno de los motivos centrales de la filmografía hitchcockiana, pero convertido aquí en una aventura de ritmo ligero, con momentos de humor, romance y suspense. El guión adapta de manera bastante libre una novela de Josephine Tey, autora bastante popular en la época gracias a sus obras de misterio.
La película comienza con una agria discusión de pareja entre una actriz y su esposo, individuo con un tic nervioso que le hace parpadear de manera exagerada en situaciones de tensión. Hitchcock no hace trampas, pues descubre al asesino en la primera escena. Sin embargo, cuando el cadáver de una actriz aparece en la costa, todas las evidencias señalan a Robert Tisdall, un joven que insiste en proclamar su inocencia, pese a que diversas circunstancias le incriminan: unas muchachas le vieron salir corriendo de la playa en la que se halló el cadáver, conocía a la víctima, que le había comprado un guión años atrás, tenía dificultades económicas y le fue sustraída una gabardina con cuyo cinturón se perpetró el asesinato. La policía tampoco encuentra otro sospechoso, por lo que Robert huye, sabedor de que su única posibilidad consiste en encontrar al verdadero asesino. En su fuga contará con la ayuda de Erica Burgoyne, hija del oficial de policía encargado del caso, que está convencida de la inocencia del prófugo.
A esas alturas de su trayectoria, Alfred Hitchcock era un cineasta consolidado, con un estilo cada vez más personal que iba consolidando película a película. Aunque el argumento de Inocencia y juventud parte de una premisa habitual en el cine de suspense, la del hombre perseguido bajo una acusación falsa, Hitchcock demuestra que el interés no reside tanto en la resolución del misterio como en la forma de conducir al espectador a través de él. El director vuelve a jugar con la ironía dramática: el público sabe más que muchos de los personajes y observa cómo el protagonista se enfrenta a una policía incapaz de ver más allá de sus propias narices, otra constante en la obra de Hitchcock.
Visualmente, Inocencia y juventud contiene algunos de los momentos más brillantes de la etapa británica del director. La puesta en escena combina precisión técnica y sentido del espectáculo, con una planificación que transforma espacios cotidianos (véase esa fiesta de cumpleaños de la que los protagonistas no saben cómo escapar) en escenarios de tensión. El ejemplo más famoso es el extraordinario plano final en el salón de baile, una larga toma cenital que atraviesa la multitud hasta desembocar en un primer plano del rostro del verdadero asesino. Con un magistral movimiento de cámara, Hitchcock convierte la búsqueda de una aguja en un pajar en la resolución del crimen.
La película también destaca por su equilibrio entre suspense y comedia. Frente a la gravedad del argumento criminal, aparecen situaciones más relajadas y personajes secundarios que aportan humanidad y ligereza. Esta mezcla de tonos, que en manos de otros directores podría resultar irregular, permite a Hitchcock mantener un ritmo muy particular, cercano al de una aventura romántica en la que la persecución sirve también como camino hacia la madurez (y el enamoramiento) de sus protagonistas. Es llamativa la jovialidad de Robert, que pese a la gravedad de los hechos de los que se le acusa, jamás pierde la sonrisa ni el sentido del humor. Con los años, Hitchcock se volvió más amargo, y prueba de ello es el contraste entre el tono de esta película y el de la que la revisó justo dos décadas después: Falso culpable.
El guión, aunque menos complejo que el de otras obras del director, funciona gracias a una estructura muy eficaz. La investigación avanza mediante encuentros, persecuciones y casualidades (la enorme importancia del azar en la existencia humana es otro de los grandes temas del director), elementos que Hitchcock utiliza no como simples recursos argumentales, sino como pretextos para crear suspense visual. Quizá algunos pasajes resulten hoy algo ingenuos y la caracterización de ciertos personajes secundarios responda demasiado a las preferencias del público británico de la época, pero la inventiva del realizador y su capacidad para entretener y sacar partido de todos los elementos de que dispone compensan ampliamente esas carencias.
Las interpretaciones están marcadas por el estilo de la época, todavía deudor de la expresividad heredada del periodo mudo. Nova Pilbeam, actriz de breve carrera cinematográfica que, eso sí, ya le había valido para tener un papel relevante en El hombre que sabía demasiado, aporta frescura y simpatía a Erica, mientras que Derrick De Marney encarna, en su única colaboración con Hitchcock, a un seductor lleno de ironía que anticipa a Cary Grant, un ser cuya vulnerabilidad contrasta con la imagen de criminal que los demás han construido de él. Percy Marmont, uno de los primeros actores británicos en triunfar en el Hollywood de la época muda, imprime autoridad a su rol de agente del orden, mientras que Edward Rigby brilla en el papel del vagabundo que ayuda a esclarecer el crimen (hilarante su salida de la sastrería, vestido como un señor para entrar en el baile, pero llevando en la mano su ruinoso sombrero de siempre), y tampoco se queda atrás Mary Clare, que da vida a la escrutadora tía de la protagonista. Por su parte, George Curzon, que también había tenido un tol secundario en El hombre que sabía demasiado, se aleja de los personajes aristocráticos que, debido a sus orígenes, solían asignarle en el cine, y está a la altura de las circunstancias en la escena cumbre.
No es una de las obras más redondas ni más innovadoras de Hitchcock, pero sí supone una muestra muy representativa de su enorme talento para convertir una historia sencilla en una experiencia cinematográfica entretenida y llena de hallazgos. Inocencia y juventud contiene ya muchas de las preocupaciones que definirían su carrera posterior: la persecución injusta, la fragilidad de las apariencias, el suspense basado en la información y la importancia decisiva de la puesta en escena. Una película menor dentro de su filmografía, pero extraordinariamente valiosa como credencial de un cineasta que ya dominaba todos los mecanismos del suspense.