
CRÍA CUERVOS. 1976. 105´. Color.
Dirección: Carlos Saura; Guión: Carlos Saura; Dirección de fotografía: Teo Escamilla; Montaje: Pablo G. Del Amo; Música: Obras de Frederic Mompou, Valverde-León y Quiroga y José Luis Perales; Decorados: Rafael Palmero; Producción: Elías Querejeta, para Elías Querejeta Producciones Cinematográficas, S.L.-Olympusat (España).
Intérpretes: Ana Torrent (Ana); Geraldine Chaplin (María/Ana adulta); Mónica Randall (Tía Paulina); Florinda Chico (Rosa); Conchita Pérez (Irene); Mayte Sánchez (Maite); Héctor Alterio (Anselmo); Mirta Miller (Amelia); Josefina Díaz (Abuela); Germán Cobos (Nicolás).
Sinopsis: Ana recuerda, dos décadas después de que sucedieran, los hechos acaecidos durante el verano que marcó su infancia.
Cría Cuervos, décimo largometraje dirigido por Carlos Saura, es una obra fundamental en la filmografía de su autor. Fue la primera película en la que el cineasta aragonés asumió en solitario las funciones de guionista y realizador, así como su primer film estrenado con posterioridad a la muerte del dictador Francisco Franco. Cría Cuervos fue muy bien recibida, salvo contadas excepciones, por la crítica cinematográfica española, se convirtió en una de las obras más populares de su director hasta la fecha y gozó de una destacable carrera internacional, culminada con el Gran Premio del Jurado en el festival de Cannes. Hoy, esta película sigue contándose entre las mejores rodadas por Carlos Saura.
La película tiene dos temas esenciales, que son la memoria y la infancia. Se centra en Ana, una mujer al borde de la treintena que rememora su niñez, y en concreto el verano que marcó su vida para siempre. En el prólogo, que explica cómo Ana es testigo del fallecimiento de su padre, militar de alto rango, en brazos de su amante, aparece otro de los grandes motivos de la obra de Carlos Saura durante su larga ligazón con el productor vasco Elías Querejeta: la represión y la hipocresía de las clases dominantes de la España franquista. Con frecuencia, en esta clase de películas, en las que una persona adulta rememora su niñez, se representa la infancia como una especie de Arcadia perdida, pero Saura se aleja del estereotipo y retrata una realidad bien distinta a esa visión idílica de los primeros años de existencia. Ana, marcada también por el temprano fallecimiento de su madre a causa de una fulminante enfermedad, es una niña melancólica y con cierta inclinación a la crueldad. Cuando ella y sus dos hermanas quedan huérfanas, su tutela le corresponde a su tía Paulina, una mujer rígida e intransigente que cree que la tendencia a la rebeldía de Ana no es otra cosa que un hábito a erradicar. En la casa viven además la abuela, una anciana sorda e impedida que pasa las horas mirando fotografías de su juventud, y Rosa, la criada, que aporta algo de aire fresco a ese entorno claustrofóbico, dotado de una atmósfera sombría y onírica que contrasta con la luminosidad de las escenas rodadas en exteriores, donde las niñas pueden moverse con libertad lejos de la mirada escrutadora de su tía.
La tantas veces señalada influencia de Ingmar Bergman en la obra de Saura, en especial hasta la película posterior a la aquí reseñada, Elisa vida mía, es de nuevo palpable, por esa especie de crueldad intimista que rezuma la historia, aunque aquí este influjo se mezcla con otro que le viene de la tierra al aragonés, el de Luis Buñuel. En la narrativa se mezclan pasado y presente, así como realidad y ficción. Opino que el hecho de que la misma actriz, Geraldine Chaplin, interprete a la vez a la madre de Ana y a la protagonista adulta que ejerce de narradora (doblada por Julieta Serrano) origina confusión, y que es un recurso de índole más estética que literaria, pero más allá de esta circunstancia Saura demuestra tener claro lo que quiere contar, y cómo contarlo. Algunos personajes no trascienden su carácter simbólico, como sucede con el padre de Ana, de quien sólo sabemos que es un individuo autoritario y mujeriego. La fotografía, por primera vez a cargo del luego camarógrafo habitual de Saura, Teo Escamilla, refleja el contraste entre el tenebroso y opresivo hogar familiar y la liberadora luz que llega del exterior.
Un aspecto esencial en esta película es la música. De nuevo sin banda sonora original, Saura recurre a tres únicas pieza musicales para explicar historia y personajes: la Canción y danza número 6, del compositor catalán Frederic Mompou (en los créditos de la película se dice por error que se trata de la número 5) ilustra el lado más triste de una historia en la que la muerte ocupa un lugar primordial; Ay Maricruz, copla cuya letra escribieron Salvador Valverde y el legendario Rafael de León, subraya el encanto de lo popular y la nostalgia de Rosa y de la abuela, mientras que Porque te vas, canción de José Luis Perales interpretada por Jeannette, que a raíz de su aparición en la película se convirtió en un éxito a escala europea, subraya el carácter melancólico de Ana. Resulta difícil entender la película, como siempre sucede en Saura, sin su música.
A nivel interpretativo, Cría cuervos es desigual. El propio Saura reconoció que tuvo la idea de hacer esta película después de ver a Ana Torrent en El espíritu de la colmena, obra maestra de Víctor Erice estrenada apenas tres años antes. El director explota a conciencia la mirada infantil más expresiva de la historia del cine español, recreándose en su faceta más perversa, que de rebote liga la película con obras recientes del cine de terror en las que la inocencia infantil era suplida por la crueldad. La actuación de las niñas que dan vida a las hermanas de Ana, Conchita Pérez y Mayte Sánchez, me parece falta de naturalidad en el caso de la primera, y tirando a anecdótica en lo que respecta a la segunda. La musa de Saura en la época, Geraldine Chaplin, luce menos que en películas como La prima Angélica, aquí en la piel de una mujer infeliz en su matrimonio al modo bergmaniano. Mónica Randall, actriz de larga trayectoria a la que pocas veces se le ofrecieron papeles a la altura de su valía, se luce en el papel de una mujer que simboliza la represión. Héctor Alterio está claramente desaprovechado, mientras que Florinda Chico, intérprete siempre asociada a la comedia popular española, se luce en un papel que viene a ser una versión más profunda de su sempiterno rol de criada lenguaraz pero entrañable. Josefina Díaz, que falleció poco después del estreno de la película, sabe lucirse sin palanras en la escena en la que Ana le pregunta a su personaje si quiere morir, mientras que Mirta Miller luce atractivo y Germán Cobos cumple sin estridencias.
Cría cuervos es una obra compleja, pero a la vez uno de los mejores logros de Carlos Saura como director, lo que no es decir poca cosa, y con toda probabilidad su película más brillante en su faceta de guionista en solitario.