
ONE WEEK. 1920. 24´. B/N.
Dirección: Buster Keaton y Edward F. Cline; Guión: Buster Keaton y Edward F. Cline; Director de fotografía: Elgin Lessley; Montaje: Buster Keaton; Producción: Joseph M. Schenk, para Joseph M. Schenk Productions-Metro Pictures Corporation (EE.UU).
Intérpretes: Buster Keaton (Novio); Sybil Seely (Novia); Lon Chaney (Pretendiente); Joe Roberts.
Sinopsis: Primera semana de un joven matrimonio durante la que, entre otras cosas, deben construir su nuevo hogar.
Una semana no fue el primer cortometraje en el que Buster Keaton aparecía en los carteles como estrella principal, además de codirector, pero sí el primero en estrenarse en las salas. Para emprender esta aventura en solitario, después de su larga y fructífera alianza con Roscoe Fatty Arbuckle, Keaton se apoyó en Edward F. Cline, un director ya experto en cortometrajes cómicos, para ayudarle detrás de la cámara. El éxito rotundo del proyecto, para muchos el mejor que jamás rodara Buster Keaton en formato corto, catapultó al hasta entonces secundario a unos altísimos niveles de popularidad, que mantuvo durante todo el período mudo.
Estamos ante una obra maestra, sin duda uno de los mejores cortometrajes de la historia del cine, con gags brillantísimos, cuyo elevado riesgo fue asumido por los actores, dado que no se utilizaron dobles ni trucos. Secuencias como la de Keaton serrando los tablones de la azotea, colocado de tal manera que el éxito de la empresa acaba con él cayendo al vacío, sólo pueden explicarse desde la circense agilidad de la estrella. El argumento es mínimo: una pareja de recién casados recibe como regalo de bodas una casa desmontable que cabe en una caja (gran momento surrealista, además de ingeniosa solución al problema de la vivienda), y el film es la crónica de las peripecias del matrimonio en el intento de dar forma a su futuro domicilio, dividida entre los siete días de la semana. La casa se construye colocando unas cajas numeradas en orden, pero un antiguo pretendiente de la esposa, despechado a causa de su rechazo, decide sabotear la obra cambiando los números de varias cajas, lo que provoca que el resultado final sea una construcción de lo más expresionista, digna de El gabinete del doctor Caligari, película que aún no se había estrenado en Norteamérica. El plano general de esa casa imposible recién terminada es una cima del humor en sí mismo, al igual que la caída de la fachada sobre el protagonista, que salva la vida gracias a que se encuentra justo en el hueco de la puerta de entrada.
El Keaton director creó, con la ayuda de Cline, un sinfín de soluciones imaginativas para problemas complejos: por ejemplo, la escena en la que la casa gira sin parar a causa del viento es la primera en la historia del cine en la que la cámara gira 360 grados. El efecto es asombroso, no para la época, sino más de un siglo después. Asimismo, Keaton emplea un recurso, el de la ruptura de la cuarta pared, que ya vimos en sus trabajos junto a Fatty Arbuckle: esta vez, sucede mientras la esposa se está bañando: el jabón cae al suelo, y la cámara no se mueve a pesar de que, para cogerlo, ella debe levantarse y eso supondrá que el público vea sus pechos desnudos. Una mano sobre la cámara priva al espectador, convertido en mirón, del espectáculo. Hay gente a la que han llamado genio por mucho menos. Y, si ves la escena en la que los recién casados luchan por salvar su casa, que ha quedado entre las vías del tren, las dudas sobre este punto se disipan por completo.
Keaton borda el personaje que le convirtió en mito: Buster es un optimista irredento, alguien que se enfrenta a los desastres que provocan el infortunio y su propia torpeza con un vigoroso entusiasmo, que contrasta de manera radical con el laconismo de su expresión. Eso, y sus increíbles acrobacias, le sitúan como uno de los grandes cómicos de la historia del cine. Sybil Seely, bella actriz de trayectoria breve, asumió el primer papel importante de su carrera y salió plenamente airosa del reto, gracias a su encanto y a su capacidad para solventar el desafío físico que suponía rodar esas frenéticas y arriesgadas escenas que salían de la mente de Keaton. Mencionar que el pretendiente rechazado por ella es nada menos que Lon Chaney, camino de convertirse en el primer mito del cine de terror. Joe Roberts, habitual secuaz de Keaton, aparece brevemente en el papel de un hombre que transporta un piano como si fuese una pluma.
Una semana, magistral ejemplo de humor cinematográfico, es una de esas obras que hay que ver una y otra vez. Ikea no inventó no inventó nada: para eso ya estaba Buster Keaton.