
BEGINNERS. 2010. 103´. Color.
Dirección: Mike Mills; Guión: Mike Mills; Director de fotografía: Kasper Tuxen; Montaje: Olivier Bugge Coutté; Música: Roger Neill, David Palmer y Brian Reitzell; Diseño de producción: Shane Valentino; Producción: Miranda De Percier, Lars Knudsen, Mark Levinson, Leslie Urdang, Jay Van Hoy y Dean Vanech, para Olympus Pictures-Northwood Productions-Parts and Labor (EE.UU).
Intérpretes: Ewan McGregor (Oliver); Christopher Plummer (Hal); Mélanie Laurent (Anna); Goran Visnjic (Andy); Kay Lennox (Elliot); Mary Page Keller (Georgia); Keegan Boos, China Shavers, Melissa Tang, Amanda Payton, Lou Taylor Pucci, Bambadjan Bamba, Hana Hwang, Samuel T. Ritter.
Sinopsis: Un introvertido dibujante, que acaba de perder a su padre, se enamora de una chica a la que conoce en una fiesta.
Una de las sorpresas agradables del curso cinematográfico 2011 fue Beginners, film independiente que consagró a su director y guionista, Mike Mills, después de una carrera curtida en la realización de videoclips y un único largometraje previo, Thumbsucker, que había tenido una buena recepción en el circuito de festivales. Con su segundo trabajo en formato largo, Mills dio un paso adelante que le llevó hasta las alfombras rojas de postín, incluyendo la de los Óscar, donde el film se llevó el único premio al que aspiraba, el de mejor actor de reparto.
Beginners mezcla comedia y drama y se centra en la figura de Oliver, un dibujante treintañero que ha perdido a su padre poco tiempo atrás y, entre otras cosas, se ha hecho cargo de su perro, un animal que detesta la soledad. No le ocurre lo mismo a Oliver, que mientras organiza las pertenencias de su difunto progenitor muestra un temperamento estoico, y parece estar más a gusto en la quietud de su apartamento que cuando le toca relacionarse con sus semejantes, terreno en el que se limita a alternar con algunos colegas de profesión. El padre de Oliver fue un homosexual que, ya viudo y a la edad de 75 años, decidió salir del armario y vivir los últimos años de su existencia de acuerdo a su verdadera naturaleza. A su hijo se le agolpan los recuerdos de un hombre que prefirió la valentía a la comodidad, que no ocultó a su esposa, una mujer excéntrica y amante de las artes, su condición sexual, pero que mantuvo las apariencias de puertas afuera para proteger a los suyos, y también a sí mismo. Entre la melancolía propia de su situación vital, salpicada con algo tan prosaico como la gestión de la herencia y la decisión de qué bienes de su padre conservar, y de cuáles deshacerse, Oliver acude a una fiesta en la que conoce a Anna, una divertida actriz que vive con las maletas hechas para instalarse allá donde su profesión la lleve. Entre ambos surge de inmediato una atracción cómplice, que quizá sea la última oportunidad para que el dibujante abandone una trayectoria sentimental marcada por una serie de relaciones sucesivas que empezaron bien y quedaron atrás a causa del hastío y la escasa predisposición de Oliver al compromiso.
Sobre el papel, Beginners es similar a muchas otras películas realizadas bajo el sello de eso que en los Estados Unidos llaman cine independiente: chico extraño y con el corazón marchito conoce a chica guapa y divertida, la chispa prende, pero la relación sufre los vaivenes propios de una realidad que no tiene mucho que ver con el cuento de hadas típico de Hollywood. Con esto, la película podría ser una notable comedia dramática, u otro prescindible ejercicio de yoísmo de un niño pijo con ínfulas de autor con inquietudes. Triunfa la primera opción gracias a que Beginners transmite algo que no se enseña en las escuelas de cine: autenticidad. Se percibe desde el principio que Mike Mills ha puesto mucho cariño en su obra, y que ha dedicado años de su vida a construirla con mimo. El perfil de los personajes, todos ellos seres humanos creíbles, la coherencia narrativa y el ingenio de unos diálogos que huyen de lo pomposo, definen a un guionista importante, o como mínimo a alguien que sabe bien de lo que está hablando y posee la capacidad de comunicarlo. La estructura del film, que mezcla con naturalidad el presente con la memoria familiar de Oliver, en especial con los recuerdos de su padre recién fallecido, denota también que Mills tenía el proyecto bien estructurado en su cabeza, a la par que expone un loable trabajo en la edición, elemento clave para que el relato fluya sin que los saltos temporales alteren su continuidad. La sombra de los clichés de la comedia romántica está al acecho, y en determinadas escenas (pienso en aquella en la que Oliver decide romper su convivencia con Anna, y esta abandona su domicilio) se intuye alargada, pero ahí el retrato del pasado familiar del dibujante es un excelente salvavidas para la película.
La historia de Oliver es la de alguien dominado por la tristeza, pero a quien rodean personas que están lejos de dejarse llevar por ese sentimiento y le sirven de asidero frente a su tendencia a la melancolía. Hasta que aparece Anna, la más importante de ellas es su padre, Hal, un hombre que no se resignó a morir habiendo vivido una vida que no era la suya, y que fue capaz, en sus últimos años, de conseguir una relación plena con un hombre mucho más joven que él. Es, en efecto, una persona fallecida la que le enseña a Oliver que las cosas pueden ser distintas si uno tiene la valentía y la capacidad de dar un giro afortunado. La música tiene su importancia en cuanto a reflejar el sentir de los personajes, pero no de un modo invasivo, y lejos del tópico indie de recurrir a las bandas de moda con camisa de cuadros para parecer moderno. Antes al contrario, la banda sonora se compone en su mayoría de piezas clásicas, de autores tan célebres como Bach y Beethoven, y también de canciones de pioneros del jazz como Jelly Roll Morton, que sugieren el interés del director por que su película no envejezca con rapidez de puro apego a su época.
Al margen de lo expuesto, la gran baza de Beginners es su reparto, que mezcla generaciones y países para lograr un combinado magnífico. Los elogios los acaparó Christopher Plummer, excelente actor que, gracias al papel de hombre que sale del armario en la senectud, se convirtió en el intérprete más veterano hasta la fecha en ganar un Óscar. Siendo el trabajo de Plummer el mejor de la película, digno del reconocimiento obtenido, he de decir que oscureció el del resto del elenco de modo un punto injusto. Ewan McGregor, un actor para mi gusto correcto, que no suele sobresalir para lo bueno o para lo malo, incide de nuevo en esa tendencia suya, siendo un Oliver creíble, pero falto de genio. La francesa Mélanie Laurent, que ya había actuado para cineastas del prestigio de Audiard o Tarantino, es quien más luce después de Plummer, dando vida a una mujer luminosa, un punto inconsciente pero llena de encanto. El croata Goran Visnjic es otro que realiza un buen desempeño en la piel de Andy, el amor otoñal del padre de Oliver. Del resto de intérpretes, hay que subrayar la calidad que aporta Mary Page Keller en el papel de Georgia, la madre del protagonista.
Quien busque una película sencilla, de personajes bien definidos e interpretados, que genere sentimientos positivos sin imposturas y que posea inteligencia y una estructura original, debería ver Beginners, si es que no lo ha hecho ya, porque el film de Mike Mills destaca entre el mucho material prescindible que se elabora bajo parecidas coordenadas y con idénticas pretensiones.