
GUERNICA. 1950. 12´. B/N.
Dirección: Alain Resnais y Robert Hessens; Guión: Paul Éluard; Dirección de fotografía: Henry Ferrand; Montaje: Alain Resnais; Música: Guy Bernard; Producción: Pierre Braunberger, para Panthéon Productions (Francia).
Intérpretes: María Casares (Narración); Jacques Pruvost (Narración).
Sinopsis: Estudio del cuadro de Picasso, ilustrado con un poema de Paul Éluard.
El último cortometraje de temática pictórica realizado por Alain Resnais antes de dar el salto al formato largo fue el de mayor carga política de todo el conjunto, pues estuvo dedicado al Guernica, cuadro de Picasso que muy pronto se convirtió en símbolo mundial de denuncia de la barbarie fascista. Resnais compartió las labores de dirección con Robert Hessens, cineasta que hizo de la pintura el núcleo esencial de su trayectoria detrás de las cámaras.
En Guernica, se repiten varias constantes ya vistas en Van Gogh, el anterior trabajo de Resnais sobre la pintura. Cabe mencionar que en ningún momento se nos brinda una visión global del cuadro, sino que Resnais y Hessens mueven la cámara a través de sus fragmentos para enfatizar aspectos que enlacen con la narración, para lo que se recurre también a planos de otras obras de Picasso distintas a la que capitaliza este trabajo. En lo visual, la película, en la se percibe el esfuerzo de los directores por trascender la mera ilustración de una obra capital perteneciente a otra disciplina artística, aportando análisis y movimiento, es bastante satisfactoria. El aspecto narrativo, sin embargo, peca de un exceso de énfasis, que viene tanto del poema de Paul Éluard que sirve de guión del cortometraje, como de la forma en que es recitado por los narradores, Jacques Pruvost y la actriz española María Casares, de firmes vínculos con la jerarquía del bando derrotado en la Guerra Civil española, durante la que se produjo la masacre aérea de la villa vizcaína de Guernica que empujó a Picasso a la elaboración del cuadro. Aunque se comparta el mensaje, el tono empleado genera distancia en el espectador, que es lo último que se pretende. Tampoco hay que ocultar que muchas personas que, con toda la razón, denunciaron esta y otras carnicerías perpetradas por nazis y fascistas, fueron cómplices, con su aplauso o su silencio, de los crímenes de Stalin y sus secuaces. En esta película figuran nombres que bien pueden ser objeto de este comentario.
La música, de Guy Bernard, peca igualmente de amplificar un dramatismo ya de por sí exacerbado. Que se me entienda: cualquier condena que se haga de aberraciones como la acaecida en Guernica se va a a quedar corta, pero de cara al espectador considero que la distancia de los artistas respecto a los hechos narrados acentúa la sensación de horror, porque la imaginación siempre llegará más lejos que el discurso.
Resnais, cuyo estilo como director iba madurando con rapidez, se deja llevar por el mensaje, pero da lo mejor de sí mismo como artista visual, algo que seguiría sucediendo en su laureada trayectoria en el largometraje. Guernica funciona hoy como un bálsamo contra el olvido, además de aportar un enfoque interesante de la manera de captar la pintura en el cine. Sucede, sin embargo, que sus defectos narrativos están demasiado presentes, porque el poema de Éluard se desvía hacia lo retórico y pomposo, y quienes lo recitan en pantalla están sobreactuados.