
THE GARAGE. 1920. 23´. B/N.
Dirección: Roscoe Fatty Arbuckle; Guión: Jean C. Havez; Director de fotografía: Elgin Lessley; Montaje: Herbert Warren; Producción: Joseph M. Schenk, para Comique Film Company-Paramount Pictures (EE.UU).
Intérpretes: Roscoe Fatty Arbuckle (Mecánico); Buster Keaton (Mecánico); Molly Malone (Chica); Harry McCoy (Jim); Daniel Crimmins (Dueño del garaje); Luke (Perro); Polly Moran, Charles Dorety, Monty Banks.
Sinopsis: En un taller mecánico, que es a la vez parque de bomberos, dos empleados generan las situaciones más delirantes a causa de su incompetencia.
Fatty en el garaje supone, en varios sentidos, el final de una época. Se trata del último cortometraje en el que Buster Keaton trabajó a las órdenes de Roscoe Arbuckle, que en su condición de gran estrella se encaminaba, al igual que Charles Chaplin, a protagonizar films de formato largo. Por su parte, Keaton creó su propio equipo de producción y se lanzó a una carrera en solitario que le convirtió en leyenda. El éxito de esta obra, una de las más divertidas de las que reunieron a esta gran pareja de cómicos, no hizo sino afianzar unos proyectos que, en el caso de Arbuckle, se harían trizas al poco tiempo, por culpa del escándalo más célebre de la etapa muda de Hollywood.
El equipo habitual de Roscoe Arbuckle se reunió de nuevo. Entre ellos estaba el guionista Jean C. Havez aunque, para ser sinceros, no es que Fatty en el garaje disponga de un libreto propiamente dicho, sino que es más bien una sucesión de ocurrencias disparatadas, muchas de ellas excelentes. Arbuckle y Keaton son, esta vez, dos empleados de un taller que es a la vez aparcamiento, local de reparaciones y parque de bomberos. Esto da pie a gags impagables, el mejor de los cuales, que en realidad abarca buena parte del film, protagoniza Keaton, que primero es perseguido por un perro iracundo (Luke, otro habitual de la cuadrilla) hasta que, en su huida, queda incrustado en una valla, dejando sus posaderas al alcance del animal, con los resultados previsibles. En el retorno al taller, naturalmente sin pantalones, el mecánico escandaliza a una dama, que llama a la policía. Valiéndose de la publicidad de un artista escocés, el joven sale del paso… a medias. Hay más escenas susceptibles de provocar la carcajada del respetable, como el oscuro destino del ramo de flores del atildado pretendiente de la hija del dueño (como novedad, esta vez Fatty no mantiene vínculo sentimental alguno con la chica). Se suceden los golpes, las persecuciones, las acrobacias inverosímiles y los equívocos, como es de rigor.
Arbuckle, que detrás de la cámara ya había mostrado su dominio de los resortes de la comicidad, ofrece otra película de ritmo frenético, en la que los gags funcionan con precisión y se suceden sin descanso. Quienes confunden el plano fijo con el estatismo, deberían ver sus cortometrajes. Los actores, como siempre, asumen el riesgo (véase la secuencia del incendio) con la naturalidad propia de los pioneros. Fatty Arbuckle ofrece su lado más delirante, apostando por completo por la comicidad y obviando el romance. Como actor, sus habilidades quedan una vez más acreditadas. Keaton, por su parte, anuncia lo que está por venir en gags como el del alcohol de madera o el de su disfraz bidimensional de escocés. Molly Malone, estrella femenina de varios de los postreros cortometrajes del dúo, está a buen nivel en un rol similar al de esas otras películas, mientras que Harry McCoy, cuya actividad en el cine cómico se remonta a Mack Sennett y los primeros cortos de Chaplin y el propio Arbuckle, es un antagonista aplicado y divertido. Bien Daniel Crimmins como atribulado dueño del desastroso taller.
Fatty en el garaje es uno de los cortometrajes imprescindibles del dúo Arbuckle-Keaton, pues ofrece anarquía y diversión a raudales.