
THAT CERTAIN THING. 1928. 68´. B/N.
Dirección: Frank Capra; Guión: Elmer Harris y Frank Capra, basado en la historia original de Elmer Harris Intertítulos de Al Boasberg; Dirección de fotografía: Joseph Walker; Montaje: Arthur Roberts; Dirección artística: Robert E. Lee; Producción: Harry Cohn, para Columbia Pictures (EE.UU.).
Intérpretes: Viola Dana (Molly); Ralph Graves (A. B. Charles, Jr.); Burr McIntosh (A. B. Charles, Jr.); Aggie Herring (Madre de Molly); Carl Gerrard (Brooks); Syd Crossley (Mayordomo); Rosalyn Byrne, Russ Powell, King Mojave.
Sinopsis: El heredero de un imperio de restaurantes, joven de vida regalada, contrae matrimonio con una cigarrera pocas horas después de conocerla. Su padre, enterado del enlace, le deshereda.
Durante la etapa muda, que sirvió a Frank Capra para introducirse y consolidarse en la industria del cine, la obra del director de origen siciliano abarcó distintos géneros, aunque algunos de sus films ya anticipaban el estilo que le haría célebre. Uno de ellos es Cómo se corta el jamón, título español extraño a primera vista que, al menos, demuestra que quien lo puso había visto la película. Esta comedia mezcla romanticismo, exaltación del sueño americano y crítica al esnobismo de las clases más pudientes, rasgos que encontraremos posteriormente en muchas de las obras mayores de Capra, para quien este título supuso el primero para la compañía a la que estuvo asociado durante buena parte de su carrera, Columbia Pictures.
Cómo se corta el jamón supone una relectura en clave capitalista del cuento de la Cenicienta, que en este caso es una cigarrera que vive en un bloque suburbial y fantasea con la posibilidad de casarse algún día con un millonario que la saque de la penuria económica que sufre, obligada a mantener con su modesto empleo a su madre y a sus dos hermanos pequeños. Por ello, rechaza a un cobrador de autobús del vecindario que pretende casarse con ella. La oportunidad de ver realizado su sueño surge cuando se cruza con el rico heredero de una próspera cadena de restaurantes, famoso por sus costumbres disolutas, opuestas a las de su estricto padre, presidente de la empresa, que afirma orgulloso que la clave de su riqueza está en lo finas que son las lonchas de jamón que rellenan los sándwiches que vende. Cuando los caminos de estos dos jóvenes de orígenes tan distintos se cruzan, el flechazo es instantáneo, y culmina en una rápida boda, que es el pasaporte a la ruina del hasta entonces rico novio, pues su padre, al enterarse del enlace de su hijo con una cazafortunas, le deshereda.
Un año antes del desastre bursátil de 1929, Capra factura una obra que es una optimista apología del sueño americano, a través de una historia, coescrita con su habitual guionista de entonces, Elmer Harris, cuyo mensaje es que, si tienes una buena idea y trabajas duro, en los Estados Unidos puedes hacerte rico (luego crearás un monopolio que estrangule a la competencia, explote a tus trabajadores y ponga y quite gobiernos, pero esa parte, tan familiar hoy en día para los gurús de las grandes empresas tecnológicas, es precisamente la que Capra critica en la figura del estricto y avaro empresario de la restauración). Hay muchos tópicos en la historia, en especial durante su primer tercio, pero es de alabar que el film mejore conforme avanza, no sólo porque el director demuestra tener muy claro lo que quiere contar, sino porque ya en los primeros pasos de su carrera, Capra era capaz de imprimir una gran agilidad a sus trabajos, conseguida gracias a un montaje eficaz y a pesar de que, por entonces, los movimientos de cámara presentaban una gran dificultad técnica. No hay diálogos, pero sí algunos intertítulos muy ingeniosos, y el ritmo es elevado en todo momento, convirtiendo al film en un crescendo que se ve con agrado. Hablamos de una comedia, por lo que el final será feliz, pero también moral, y en consecuencia contiene también un mensaje aleccionador, que vale para cualquier industria, también para la del cine: la mejor manera de tener éxito en un negocio es cuidar a tu clientela. Resaltar que esta película, iniciática en muchos sentidos, lo fue también en lo que respecta a la colaboración entre Frank Capra y el eminente camarógrafo Joseph Walker, cuya fotografía destaca en especial al retratar el bullicioso bloque del extrarradio en el que viven la protagonista y su familia.
Viola Dana fue una actriz cuyos orígenes casi coinciden con los de la cinematografía estadounidense, que brilló en la época muda y que, como sucedió con muchos otros colegas, desapareció del mapa en cuanto el cine sonoro se impuso de manera tan rápida como definitiva. Dana interpreta con gracia y oficio a una Cenicienta que, lejos de ser la cazafortunas que su suegro teme, posee la inteligencia y la energía suficientes como para saber que la mejor manera de escapar de la pobreza es el trabajo duro. Ella es la artífice del éxito de su esposo, que no deja de ser un holgazán que lo ha tenido todo desde la cuna y es incapaz de defenderse por sí mismo sin el confortable colchón de la fortuna familiar. Ralph Graves, otro actor cuya trayectoria se vio perjudicada por el paso al sonoro, da vida a este individuo de forma correcta, sin desentonar pero a un nivel inferior al mostrado por su compañera. El tercer vértice del triángulo corresponde a un veterano como Burr McIntosh, que encarna de modo convincente a ese arquetipo de ricachón clasista y explotador que tanto disgustaba a Capra. Otra intérprete asociada a los orígenes del cine como Aggie Herring se encarga de dar lustre al papel de la enérgica y sufridora madre de la protagonista.
Cómo se corta el jamón es, en resumen, un protoCapra, un film donde asoman las constantes de un director que iba puliendo su estilo a marchas forzadas y que, ya en 1928, poseía la capacidad de facturar films ágiles, de calado social y muy agradables de ver.