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PAN, AMOR Y CELOS

PANE, AMORE E GELOSIA. 1954. 97´. B/N.

Dirección: Luigi Comencini; Guión: Luigi Comencini, Ettore Maria Margadonna, Eduardo De Filippo y Vincenzo Tallarico, basado en un argumento de Luigi Comencini y Ettore Maria Margadonna; Director de fotografía: Carlo Montuori; Montaje: Mario Serandrei; Música: Alessandro Cicognini; Decorados: Ugo Pericoli; Producción: Marcello Girosi, para Titanus (Italia).

Intérpretes: Vittorio de Sica (Sargento Antonio Carotenuto); Gina Lollobrigida (Maria, La Generala); Marisa Merlini (Comadrona); Roberto Risso (Stelluti); Maria Pia Casilio (Paoletta); Virgilio Riento (Don Emidio); Saro Urzi (Empresario de variedades); Tina Pica (Caramella); Vittoria Crispo (Madre de Maria); Tecla Scarano (Teresinella); Memmo Carotenuto (Baiocchi); Fausto Guerzoni, Nino Vingelli, Gigi Reder, Nico Pepe, Attilio Torelli.

Sinopsis: Carotenuto, sargento de carabineros destinado en un pueblecito de los Abruzos, está a punto de casarse con la comadrona de la localidad. Ocurre que ella es madre soltera, y las normas de su arma exigen que el suboficial renuncie a su carrera para poder contraer matrimonio. Al admitir como empleada a la bella campesina Maria, prometida a uno de sus subordinados, Carotenuto se ve envuelto en una espiral de habladurías alrededor de su persona que ponen en riesgo su compromiso.

La trayectoria cinematográfica de Luigi Comencini vivió su primer punto álgido con el estreno de su séptimo largometraje, Pan, amor y fantasía, todo un hito de la comedia italiana de la posguerra cuyo éxito traspasó fronteras. Era, por tanto, lógico que los principales responsables de tamaño bombazo se reunieran de inmediato para rodar una secuela que, en contra de lo que suele ser habitual, en nada desmerece a la obra que la precedió. De nuevo, la taquilla respondió con entusiasmo a la propuesta, lo que motivó la realización de nuevas entregas de la serie, ya sin Comencini a los mandos.

Ambientada en un imaginario pueblo agrícola de los Abruzos, región natal del coguionista Ettore Maria Margadonna, esta secuela, con la que rompo una vieja norma consistente en no hablar de segundas partes sin haberlo hecho previamente del film original, se nutre de esquemas propios del neorrealismo, pero asume por completo los postulados de la comedia popular, mostrando casi siempre el lado más amable de una realidad que muchas veces no lo era tanto. La vida en la Italia rural de la posguerra se nos presenta idealizada, pero no se trata de una idealización ciega, pues hay tiempo para criticar los rígidos, y ya por entonces obsoletos, principios morales de una sociedad marcada a fuego por la influencia de la Iglesia católica. Tampoco se pierde la ocasión de denunciar el daño que hacen las insidias lanzadas por mentes tan sucias como ociosas, pero todo ello se lleva a cabo sin perder en ningún momento la gracia que distingue a la mejor comedia italiana. Tenemos a un protagonista masculino maduro y de claros rasgos donjuanescos, a una bella joven, luchadora y virtuosa pero calumniada, y a todo lo que se mueve alrededor de ellos, marcado por la idiosincrasia típica de las zonas agrícolas de la Europa del sur. Planteado el eje narrativo, que son los próximos esponsales del galán con la comadrona del pueblo, que a causa de la normativa de los carabinieri (los oficiales tenían prohibido el matrimonio con madres solteras, lo que les obligaba a escoger entre su amor y su profesión) conlleva la dimisión del sargento Carotenuto como máxima autoridad policial de la localidad, se añade otro romance, el de la bella e indómita Maria, que en el pasado fue pretendida por el sargento, con uno de sus jóvenes subordinados. El choque entre el fluir natural de la vida y las normas militares y eclesiásticas, así como los rumores, muchas veces malintencionados, que van sucediéndose alrededor de las relaciones entre ambas parejas, son loe elementos que marcan el devenir de la película, que da el giro decisivo hacia la comedia de enredos, pero también hacia una crónica social mucho más complaciente en la apariencia que en el fondo, cuando Maria, a causa de las dificultades económicas causadas por una mala cosecha, acrecentadas por su empeño en no utilizar el efecto que su belleza causa en los hombres para su provecho personal, acepta un puesto de empleada en el domicilio del sargento. A partir de aquí, los equívocos y los rumores llevarán a los celos y estos, a la ruptura de las dos parejas.

Me ha parecido oportuno subrayar que el argumento proporciona innumerables elementos para el drama. Pan, amor y celos es capaz de conmover cuando lo necesita (véase la escena en la que el burro de Maria resulta herido después del terremoto), pero narra los hechos con una gracia infinita, que se aprovecha a partes iguales de las bondades del guión, de las dotes cómicas de sus principales intérpretes y del modo de filmar esa zona rural empobrecida, siempre desde una óptica más costumbrista que ideologizada. La película, y en esto le corresponde a Comencini buena parte del mérito, es ligera, pícara, ingeniosa,ágil y desenvuelta como sólo lo son las grandes comedias clásicas. La secuencia en la que Carotenuto, para no contrariar ni a los allegados de su futura esposa ni a los de Maria, debe acudir a los banquetes de sendos bautizos celebrados el mismo día, con lo que su estómago es el campo de batalla entre ambos grupos, es de una comicidad magnífica (sin olvidar que la misma concluye con el estallido del drama), lo mismo que los intentos de Carotenuto por despertar las simpatías del repelente hijo de su prometida, o por demostrarle a Maria que sus condiciones atléticas no son las de un cincuentón, sino las de alguien mucho más joven. En todos esos momentos, y en otros que se van sucediendo a lo largo del metraje, Pan, amor y celos es una gran comedia, un film realmente divertido cuyo visionado genera sonrisas por doquier con esa aparente facilidad que es seña distintiva de los comediantes inspirados. No hay, en el modo de retratar a la población y a sus gentes, demasiadas diferencias con una obra neorrealista mucho más seria, pero aquí se opta, las más de las veces, por lo amable, lográndose esa poco frecuente hazaña de repetir el encanto de su antecesora. En la música, que incluye algunos célebres fragmentos operísticos utilizados también en pro de la comedia, se opta también por melodías alegres y populares, muy en la línea de lo que debían de ser los bailes en las plazas de aquellos pueblos. Se resalta, eso sí, el poder erótico de la música, elemento que siempre preocupa al clero, así como al resto de guardianes de la moral ajena.

Por aquello de haber dirigido varias obras maestras, creo que con el paso de los años ha ido quedando en segundo plano una circunstancia que merece la pena subrayar: Vittorio De Sica fue un comediante excepcional, muy divertido en su dicción y sus gestos, a la vez distinguido y autoparódico, rasgo este que paradójicamente evitó que, ya en la madurez, se le viera como una parodia involuntaria del seductor que siempre fue. De todos sus personajes cómicos, el del oficial de carabineros Antonio Carotenuto es quizá el que le permitió lucir con mayor intensidad su multitud de recursos cómicos, sólo a la altura de unos pocos privilegiados. Junto a él, Gina Lollobrigida repite su papel de belleza indómita que terminó de encumbrarla como una de las maggiorate de referencia, seguramente la más rutilante de la primera mitad de la década de los 50. Su personaje, Maria, ríe, llora, canta, baila, monta en burro y hace gala de una energía prodigiosa. A Marisa Merlini, una gran secundaria del cine italiano, le corresponde un papel con mucha más carga dramática, y lo solventa con eficacia. El último eslabón del cuarteto protagonista, Roberto Risso, es con seguridad el más débil: no se me olvida que interpreta a un soldado más bien bobalicón, pero se echa de menos una mayor dosis de vis cómica en el intérprete. No carecen de ella otros actores como Virgilio Riento, que da vida al muy influyente párroco de la localidad, Saro Urzi o la encantadora veterana Tina Pica.

Algunas veces, segundas partes sí fueron buenas. He aquí un muy divertido ejemplo. Pan, amor y celos es una de esas películas que valen más de lo que parecen y que uno no se cansaría de ver.

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