LA FAVORITA

THE FAVOURITE. 2018. 118´. Color.

Dirección: Yorgos Lanthimos; Guión: Deborah Davis y Tony McNamara; Dirección de fotografía: Robbie Ryan; Montaje: Yorgos Mavropsaridis; Música: Miscelánea. Piezas de Johnnie Burn, Handel, W. H. Bach, Anna Meredith, etc.; Diseño de producción: Fiona Crombie; Dirección artística: Dominic Roberts y Caroline Barclay; Vestuario: Sandy Powell; Producción: Yorgos Lanthimos, Lee Magiday, Ceci Dempsey y Ed Guiney, para Film4- Waypoint Entertainment-Element Pictures-Scarlett Films (Irlanda-Reino Unido-EE.UU.).

Intérpretes: Olivia Colman (Reina Ana de Inglaterra); Rachel Weisz (Lady Sarah Marlborough); Emma Stone (Abigail Hill); James Smith (Godolphin); Nicholas Hoult (Harley); Joe Alwyn (Masham); Mark Gattis (Lord Marlborough); Jenny Rainsford (Mae); Liam Fleming (Kevin); Faye Daveney, Emma Delves, Lilly-Rose Stevens, John Locke, Jennifer White.

Sinopsis: Abigail es una joven, descendiente de una familia caída en desgracia, que llega a la corte de Inglaterra. Una vez allí, se gana las simpatías de Lady Marlborough, la más influyente consejera de la reina.

Convertido en uno de los cineastas de referencia del panorama europeo contemporáneo, el griego Yorgos Lanthimos se embarcó, después de su primer rodaje en las Américas, en su proyecto más ambicioso, una tragicomedia de época con reparto estelar y generadora de mucha expectación incluso antes de su estreno. La favorita estuvo a la altura esperada, siendo uno de los films más importantes de 2018, si bien sólo se adjudicó una de las diez estatuillas a los que optaba en los premios de la Academia de Hollywood.

Por primera vez, Lanthimos trabajó sobre un material literario ajeno, en este caso un inteligente libreto coescrito por Deborah Davis y Tony McNamara. Eso sí, que nadie se llame a engaño, porque en esta sátira palaciega sobre el arribismo se hallan muchas de las constantes del cine de Lanthimos, empezando por una escasa simpatía hacia sus semejantes. Lo cierto es que los entresijos del reinado de Ana de Inglaterra, última monarca de la dinastía de los Estuardo, le ofrecen al cineasta ateniense mucho espacio para mostrar el lado más grotesco del ser humano. Dividido en ocho partes, el relato arranca con la llegada a la corte real de Abigail, una joven educada para ser noble que se ve arrastrada al lodo (literalmente, en su nada glorioso descenso del carruaje que la lleva a palacio) a causa de las innumerables deudas de juego de su progenitor. Abigail vive obsesionada con retornar a la posición social que, por origen, le corresponde, y para ello el primer paso será convertirse en la protegida de Lady Marlborough, la mujer que hace y deshace en la Corte. Cuando Abigail descubre, de manera accidental, que la relación entre la influyente aristócrata y la reina va mucho más allá de lo que recomiendan la moral y las buenas costumbres, la joven encuentra el único sentido de su vida: desplazar a Lady Marlborough del lugar que esta ocupa, tanto en la alta política como en el lecho real.

Intrigas palaciegas hemos visto muchas en el cine, pero La favorita es especial en distintos sentidos, empezando por un tono irreverente que constituye uno de sus mayores aciertos. En un imperio arruinado por su costosa implicación en la guerra que llevó a la dinastía borbónica al trono de España, donde artesanos y campesinos malviven sangrados a impuestos, en palacio importan más las carreras de patos. Tema constante en Lanthimos, el de utilizar a los animales para mostrar la ridiculez intrínseca de los seres humanos. Lo mejor, con todo, es la manera de enseñarnos cómo, más allá de la pompa y la circunstancia, esos seres de sangre azul son tan vulgares, en sus actos y en su léxico, como cualquier hijo de vecino. Existen Parlamentos, pero mucho de lo que sucede en ellos se explica por lo genital. A quienes les han sido asignados los asuntos de la máxima importancia, éstos les aburren, cuando no les superan; por ello, las grandes decisiones las toman quienes poseen la suficiente inteligencia, fortaleza de carácter y habilidad en el catre para gozar de la confianza de los escogidos por designio divino, o por la dictadura del número, según lugares y épocas. Aquí, en la Inglaterra preindustrial y en la China popular. Es la desmedida ambición (que en el film se describe como una muy elaborada forma de autoodio) de Abigail la que empuja el relato y, con él, a la película, porque a partir del descubrimiento del gran secreto, todo se mueve por el afán de la muchacha por no conformarse con ser una fiel servidora, sino por ser quien de verdad maneja los hilos. Sucede, eso sí, que, a diferencia de lo que ocurre con la mujer cuyo sitio se obsesiona con ocupar, tanto tiempo en el fango ha hecho que el alma de Abigail no sea más que un cuenco vacío. En ello estará su gloria, pero también su miseria. Los cuencos vacíos producen, a lo sumo, victorias pírricas.

Lanthimos utiliza la cámara lenta para acentuar lo grotesco, y su empleo del gran angular, que considero abusivo, le sirve, eso sí, para explicar con las imágenes todo el absurdo que se esconde tras esos suntuosos palacios de corredores interminables, lujo (y lujuria) a espuertas y demasiadas pelucas para tan pocos cerebros. El humor negro abunda: La favorita nos ofrece, por ejemplo, una de las noches de boda más surrealistas de la historia del cine. Por otra parte, en estos tiempos de empoderamientos de andar por casa, la película nos demuestra que quienes no adjudican a las mujeres otro papel en la Historia que el de seres desvalidos, despreciados y siempre en segundo plano, saben más bien poco de las mujeres y de la Historia, o tal vez utilizan ese manipulado relato por puro ventajismo miope, un poco al modo de los clérigos cuando nos venden maravillas de otros mundos, con el claro objetivo de sacar rédito en este. A casi todos los hombres, y en esto el guión no se anda con disimulos, se les puede dominar por la entrepierna; a las monarcas pusilánimes, también, todo hay que decirlo.

Comentadas ya algunas de las singulares propuestas estéticas del director, hay que decir que La favorita es espectacular en el plano artístico. Empleando siempre la luz natural, o los medios existentes para no chocar contra las paredes en la época en la que se ambienta el film, como ya hiciera Stanley Kubrick en Barry Lyndon (película que creo que Lanthimos ha visto varias veces), los decorados y el vestuario tienen, además del empaque que cabe esperara de una superproducción, un sentido del gusto que supera en mucho al de gran parte de los personajes que aparecen en pantalla. El director filma con mimo las estancias palaciegas, reservando su humor sardónico para quienes las pueblan. Otra vez, Lanthimos encuentra espacio para los sonidos creados por Johnnie Burn, aunque, como es natural, hay mucho protagonismo de la música clásica, ya sea obra de autores tan célebres como Handel o Vivaldi, o bien de otros compositores más desconocidos para el gran público.

No es escaso el porcentaje de la grandeza que posee La favorita que se debe al espectacular trabajo interpretativo del trío de actrices que la protagonizan. La mejor de todas ellas es, en mi opinión, Olivia Colman, que borda su papel de monarca con un innegable lado trágico, pero también marcada por su debilidad de temperamento y su propensión a las calenturas. Rachel Weisz, que, como Colman, ya tenía experiencia en eso de trabajar para Lanthimos, está también magnífica en el rol de esa mujer soberbia en la victoria, pero noble en el ostracismo. Por su parte, Emma Stone pone su mucho talento al servicio de un personaje quizá más previsible, o más visto, pero igualmente bien perfilado. Los caracteres masculinos tienen una relevancia mucho menor, lo que no es obstáculo para que Nicholas Hoult se luzca, ni para que el joven Joe Alwyn muestre muy buenas maneras.

La favorita es una gran película, moderna en el buen sentido, aguda, llena de matices y con una puesta en escena de muy alto nivel. Su estilo podrá gustar más o menos, pero Yorgos Lanthimos confirma las hechuras de gran director que ya apuntaban algunas de sus anteriores obras.

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