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LA HISTORIA DE LA MOTOWN

HITSVILLE: THE MAKING OF MOTOWN. 2019. 112´. Color.

Dirección: Benjamin Turner y Gabe Turner; Guión: Benjamin Turner y Gabe Turner; Dirección de fotografía: Charlie Wupperman; Montaje: Paul Monaghan; Música: Canciones de Smokey Robinson, Stevie Wonder, Marvin Gaye, The Supremes, etc.; Producción: Leo Pearlman, Heather Greenwood y Pip Sansom, para Capitol Music Group-Fulbell 73-Ghost Pictures-Motown-Polygram Entertainment (EE.UU.- Reino Unido).

Intérpretes: Berry Gordy, Smokey Robinson, Stevie Wonder, Mickey Stevenson, Valerie Simpson, Eddie Holland, Brian Holland, Lamont Dozier, Mary Wilson, Martha Reeves, Jamie Foxx, Dr. Dre, Lee Daniels, Claudette Robertson, Paul Riser, Barney Ales, Neil Young, Little Richard, Robin Terry, Annette Beard, Sam Smith, John Legend, Jermaine Jackson, Tito Jackson, Marlon Jackson, Jackie Jackson.

Sinopsis: Historia de la Motown, la discográfica que llevó el pop negro desde Detroit a todo el mundo.

El dúo artístico formado por Benjamin y Gabe Turner ya había sumado varios éxitos en la realización de documentales deportivos y videoclips cuando se lanzó al ambicioso proyecto de narrar la historia de una compañía discográfica que, allá por los años 60, marcó un hito en la música norteamericana. La historia de la Motown nació con la idea de ser la película definitiva sobre una de las pocas empresas del negocio musical que puede presumir de haber creado un sonido propio. Con todos los matices que se quieran, por tratarse de un documental oficial, lo cierto es que el film de los Turner se queda bastante cerca de su objetivo.

Cuando se narran hechos musicales que sucedieron hace muchas décadas, pocas veces se tiene el privilegio de contar con el testimonio directo de los principales protagonistas de la historia. Benjamin y Gabe Turner gozan de esa importante ventaja, y hacen un buen uso de ella. La Motown fue, en esencia, el sueño de un hombre, Berry Gordy, que llevó a la práctica su idea de crear y vender un tipo de música negra que fuese aceptada por la juventud blanca, que era la que generaba la mayor parte de los beneficios de las empresas discográficas. Inspirado por el ejemplo de la corporación automovilística Ford, en la que él mismo trabajó durante un tiempo, Gordy creó su propia cadena de montaje musical y la convirtió en una factoría de éxitos que, a los pocos años de su fundación, logró hacerse un hueco importante en la industria a fuerza de generar, gracias al trabajo de compositores como Smokey Robinson o los equipos formados por Ashford & Simpson o Holland, Holland & Dozier, hitos pop para el lucimiento de artistas como el propio Robinson, las Supremes, los Temptations o los Four Tops, amén de contar en sus filas con dos luminarias de la música negra del calibre de Marvin Gaye y ese genio precoz llamado Stevie Wonder. En sus años de esplendor, la Motown copó las listas de éxitos y las llenó de canciones que, todavía hoy, son recordadas y admiradas.

Aunque en la película participan otras personas que fueron importantes en la historia de la compañía, así como artistas de otras épocas que se dedican a loar el trabajo hecho, quienes narran, codo a codo, La historia de la Motown son Berry Gordy y Smokey Robinson, cuya simpatía y complicidad hacen que la narración sea en todo momento amena e ilustrativa, pues en ella se incluyen documentos videográficos de gran valor histórico. Ellos explican de primera mano cómo se llevó al cabo el proceso de expansión y creación de la empresa, en qué se basaban sus métodos de trabajo, entendidos como una especie de hermandad competitiva entre sus empleados, o el perfil de los cantantes y músicos sin los que la visión de Gordy se hubiese quedado sólo en eso. No obstante, la película se ciñe a su título inglés, por lo que nadie debe esperar alusiones a los años de vacas flacas o a un análisis más que superficial de los conflictos que, de forma inevitable, surgieron entre empresario y artistas. La Motown puso de moda el black is beautiful, aunque la almibarada línea musical marcada por la compañía y su forma de presentar sus éxitos, y a sus intérpretes, ante las audiencias blancas, fueron acusadas de servilismo por los activistas más concienciados de la lucha por los derechos civiles. A finales de los 60, la sociedad cambió, y pese a que Gaye o Wonder sí entendieron y asumieron las nuevas tendencias musicales, la Motown, pese a contar en sus filas con elementos tan exitosos como los Jackson 5, perdió poco a poco su privilegiada posición en la industria: los 70 fueron los años del rock y de la música disco, evolución natural del sonido Motown de la que la propia compañía sacó un rédito comercial más bien limitado. Pero esa ya sería otra película. La que, con un gran trabajo de montaje y un estilo muy académico, firman Turner & Turner se ciñe a los años dorados, y contiene momentos impagables, como fragmentos de actuaciones de un primerizo Stevie Wonder o de las sucesivas presencias de las Supremes en el show de Ed Sullivan. Eso sí, se da la falsa impresión de que Motown es igual a música negra, obviando que un gran número de los mayores talentos de esa raza, como las figuras del jazz o el blues (género ante el que Gordy se muestra desdeñoso), Dionne Warwick o los mismísimos Ray Charles o Aretha Franklin, jamás grabaron para la compañía de Detroit. Pese a ello, La historia de la Motown es una joya para melómanos y, a la vez un viaje a unos tiempos musicales indudablemente mejores, que uno no puede más que recomendar.

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