AMAZING GRACE

AMAZING GRACE. 1972-2018. 87´. Color.

Dirección: Alan Elliott (2018) y Sidney Pollack (1972); Montaje: Jeff Buchanan; Música: Canciones interpretadas por Aretha Franklin; Dirección artística: Mathieu Bitton; Producción: Alan Elliott, Rob Johnson, Spike Lee, Aretha Franklin, Jerry Wexler, Joe Boyd, Sabrina V. Owens, Chiemi Karasawa, Angie Seegers y Tirrell D. Whittley, para Rampant-Al´s Records and Tapes-40 Acres & a Mule Filmworks-Time-Warner Bros. (EE.UU.).

Intérpretes: Aretha Franklin, James Cleveland, Alexander Hamilton, Kenny Luper, Cornell Dupree, Bernard Purdie, Poncho Morales, Chuck Rainey, The Southern California Community Choir, C.L Frankiln, Clara Ward.

Sinopsis: Grabación en vivo de las dos sesiones que dieron lugar al álbum que suponía el regreso de Aretha Franklin a su cuna musical, el gospel.

Si, como dicen los creyentes, los caminos del Señor son inescrutables, las tribulaciones sufridas por la película que debía ilustrar las sesiones de grabación de Amazing grace, el primer álbum enteramente gospel en la carrera de Aretha Franklin, quizá puedan servir como ejemplo de ello. La cantante, en el momento más exitoso de su larga trayectoria musical, decidió regresar a sus orígenes, a los himnos religiosos que cantaba en la iglesia baptista en la que su padre era predicador. Como el deseo de la artista era hacer la grabación en vivo, se programaron dos sesiones en un templo de Los Ángeles, que además serían filmadas para su posterior exhibición cinematográfica. La Warner, compañía productora a cargo del proyecto, escogió a Sidney Pollack, cineasta de prestigio pero no demasiado melómano, para dirigir la película. Al parecer, Pollack no utilizó claquetas durante las sesiones, por lo que resultó imposible sincronizar las imágenes con la música y el film quedó guardado en un cajón hasta que, bien entrado el presente siglo, el productor Alan Elliott decidió rescatar el material y, aprovechando la mejora en los medios técnicos, terminar una obra que debía haber visto la luz más de treinta años antes. Culminado el trabajo, fue la propia Aretha Franklin quien se mostró reacia a su estreno, que por fin se produjo una vez fallecida la cantante, con el beneplácito de sus familiares. Por lo que a mí respecta, felicito a quienes han hecho accesible al público una grabación que es una delicia para cualquier amante de la música.

Acostumbrados en estos tiempos a filmaciones de conciertos en las que todo está medido y programado al milímetro, la realizada por Pollack y su equipo destaca por su espontaneidad. Da la impresión de que el aspecto musical está muy cuidado pero que, en cambio, el cinematográfico estuvo marcado por la improvisación, con el director y su equipo decidiendo sobre la marcha dónde debían mirar las cámaras. Esta forma de hacer degeneró en los inconvenientes ya explicados, pero hay que decir que, una vez hemos conseguido verla pasadas las décadas, la película desprende una gran sensación de verdad que casa bien con la parte musical, llena de poderío y hondura. Acompañada por un coro magnífico y unos instrumentistas con calidad y oficio, Aretha Franklin vuelca todo su arte, y también toda su fe, en este retorno a la música con la que creció, que es como decir a una niñez interrumpida de manera abrupta por un embarazo preadolescente. Lo que vemos y oímos es emocionante, incluso para quienes carecemos de cualquier tipo de fe religiosa, porque es sentimiento puro y sin edulcorar, como una saeta o una canción de Navidad interpretadas por artistas dignos de tal nombre. Es algo atávico que, más que explicar, hay que sentir. Cuando uno escucha a Aretha Frankiln cantar Never grow old, en mi opinión el momento más espectacular de la filmación junto a la interpretación del himno que da título al proyecto, entiende por qué tanta gente busca en la religión el consuelo frente a este mundo hostil en el que no somos más que criaturas insignificantes… aunque no lo comparta. Quede claro, subrayo, que Amazing grace está muy lejos de ser una aburrida sucesión de himnos religiosos (interpretados, eso sí, de manera sublime), porque también hay espacio para la alegría y la fiesta. No en la presencia escénica de Aretha Franklin, que ante las cámaras aparece siempre con semblante serio y muy centrada en su trabajo, pero sí en las interpretaciones, poseídas por un ritmo contagioso, en los parlamentos de James Cleveland, una de las piedras angulares del proyecto y, obviamente, en la participación de un público extasiado, ya sea como forma de expresar la fe con la que han crecido, o por puro deleite ante una música prodigiosa, a la par que auténtica.

A mi juicio, en la carrera de Aretha Franklin abundan los álbumes comerciales, en el mal sentido de la palabra, con canciones muchas veces sólo salvables por su excelente voz. Amazing grace nos permite ver y oír a esta maravillosa vocalista en su mejor momento artístico, interpretando con verdadero sentimiento, y además sin red, la música de sus ancestros. El audio está muy bien, pero esto se comprende mejor viéndolo. El gospel, en su mejor versión. Eso es Amazing grace.

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