RETRATO DE UNA MUJER EN LLAMAS

PORTRAIT DE LA JEUNE FILLE EN FEU. 2018. 118´. Color.

Dirección: Céline Sciamma; Guión: Céline Sciamma; Dirección de fotografía: Claire Mathon; Montaje: Julien Lacheray; Diseño de producción: Thomas Grézaud; Música: Para One y Arthur Simonini; Diseño de vestuario: Dorothée Guiraud; Producción: Bénédicte Couvreur,para Lilles Films-Arte France Cinéma-Hold Up Films (Francia).

Intérpretes: Noémie Merlant (Marianne); Adèle Haenel (Héloise); Luána Bajrami (Sophie); Valeria Golino (Condesa); Christel Baras, Armande Boulanger, Ramin Namdar, Michèle Clément, Guy Delamarche.

Sinopsis: Una pintora llega hasta un apartado lugar contratada por una condesa, con el fin de que realice un retrato de su hija menor, para la que ha concertado matrimonio.

Con una filmografía aún corta, la francesa Céline Sciamma ya constaba en la galería de cineastas con mayor proyección del país vecino, etiqueta que adquirió nivel continental gracias a Retrato de una mujer en llamas, drama lésbico de época que se llevó el premio al mejor guión en el festival de Cannes, además de un aplauso casi unánime de la crítica internacional que un servidor suscribe sólo en parte.

La directora se traslada al siglo XVIII para narrar una historia que omite cualquier referencia a uno de los acontecimientos clave de la historia de la humanidad, como fue la Revolución francesa. No van por ahí las inquietudes de Sciamma, que traslada la acción a una remota isla de la Bretaña para explicar la relación entre una pintora de espíritu libre y una joven a la que se ha obligado a abandonar el convento para contraer un matrimonio concertado, destino que en principio se reservaba a su hermana mayor, hasta que la muchacha decidió despeñarse por un acantilado por motivos que el espectador sólo puede intuir. La madre de la joven, una aristócrata, desea que su hija sea retratada antes del enlace (requisito, no se olvide, imprescindible para la celebración de la boda), pero la joven se niega a posar, razón por la cual un pintor renunció al encargo. Por ello, la artista recién llegada debe, para poder ejecutar el trabajo para el que ha sido contratada, hacerse pasar por la dama de compañía de la muchacha, y así, memorizando las facciones y los gestos de una criatura que se muestra misteriosa y esquiva, componer el deseado retrato. Y así, entre paseos y paulatinas confidencias, surge el amor entre ambas mujeres.

Como la condescendencia es amiga de la falsa igualdad, obviémosla: el romance entre la artista y la bella aristócrata, tal como nos lo explica la directora, tiene sus momentos pero, en general, es ñoño. Quienes crean lo contrario, que hagan el sencillo ejercicio mental de convertir a la pintora en un hombre. Opino que Sciamma, a la que tampoco le vendría mal algo más de ritmo, confunde el buen gusto con la mojigatería, y que hay demasiada autoconsciencia en su forma de plantear el conflicto dramático alrededor del cual gravita la película. Está bien dejar claro que, en otros tiempos, el papel reservado a la mujer en el arte pictórico era el de modelo, nunca el de creadora, y mejor aún demostrar la completa inutilidad, salvo en el caso de que se goce con el dolor ajeno, de las prohibiciones del aborto, porque la interrupción voluntaria del embarazo se ha practicado siempre… por quien podía, claro. Choca que, una vez la pareja protagonista se ha entregado a la pasión (narrada, como dije antes, de un modo poco pasional), no haya en esas mujeres enamoradas ni un asomo de rebelión frente a su destino. Dos apuntes al respecto, el primero de los cuales enlaza con mi reflexión anterior sobre el período revolucionario: las mujeres pobres de la época tenían problemas mayores que el de no poder amar con libertad, y ese mismo impedimento lo han padecido (y, todavía hoy, lo siguen padeciendo en muy diversas latitudes) de idéntica forma los hombres no heterosexuales. A la Céline Sciamma guionista se le agradece su claridad narrativa, pero su punto de vista es algo tendencioso y, aunque hablamos de un film en el que algunos silencios son de lo más elocuente, los diálogos me resultan muy de laboratorio en demasiadas ocasiones, antes y después del inicio del romance.

Prefiero, con algunos matices, a la Sciamma directora. La cámara se mueve con elegancia (y notable predominio de la steadycam), y se apuesta por planos largos, incluyendo algunos planos-secuencia muy logrados (la primera visita nocturna de Marianne a la despensa, por ejemplo), fiando mucho el resultado al trabajo de unas actrices a las que Sciamma retrata con tanta profusión como delicadeza. La fotografía de Claire Mathon es de muy alto nivel, contándose entre los aspectos más destacables de la película. La música brilla por su ausencia, excepto en dos momentos muy concretos de muy diferente calidad: mientras la escena nocturno-coral se revela como bastante inspirada, y la música contribuye mucho a ello, la escena final sobra, y esto lo escribe alguien que admira profundamente a Vivaldi. De pretensiones también se muere, y esto le sucede a Sciamma no sólo en el epílogo, sino también en las dos apariciones lésbico-marianas de Héloise. Dicho esto, dime dónde ubicas el espejo para filmar un autorretrato, y te diré de lo que careces.

En un reparto principal compuesto en su integridad por mujeres, opino que las dos protagonistas, Noémie Merlant y Adèle Haenel, consiguen con su trabajo darle una riqueza a sus personajes que el alabado libreto les niega a veces. No creo, sin embargo, que se le haga un favor a Haenel con ese final tan forzado, en lo narrativo y en lo actoral, pues creo que desluce en parte la labor de una actriz que hasta ahí, está incluso un punto por encima de su compañera. A Luána Bajrami, sin embargo, la encuentro algo falta de expresividad. Valeria Golino, la más veterana del elenco, aporta su característico toque de distinción.

Retrato de una mujer en llamas posee muchas virtudes, pero creo que se han obviado sus defectos por las ganas de muchos profesionales de la valoración del arte ajeno por no parecer machistas o reaccionarios. No creo que con esa actitud condescendiente se le haga ningún favor a una cineasta con mucho que ofrecer.

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