MARIANNE Y LEONARD: PALABRAS DE AMOR

MARIANNE & LEONARD: WORDS OF LOVE. 2019. 97´. Color.

Dirección: Nick Broomfield; Guión: Nick Broomfield y Marc Hoeferlin; Dirección de fotografía: Barney Broomfield; Montaje: Marc Hoeferlin; Música: Nick Laird-Clowes. Canciones de Leonard Cohen;  Producción: Shani Hinton, Kyle Gibbon, Nick Broomfield y Marc Hoeferlin, para Kew Media Group-BBC (Reino Unido).

Intérpretes: Leonard Cohen, Marianne Ihlen, Nick Broomfield, Ron Cornelius, Judy Collins, Aviva Layton, Irving Layton, Helle Goldman, Jan Christian Mollestad, Nancy Bacal, Rick Vick, Don Lowe, John Lissauer, Billy Donovan.

Sinopsis: Crónica de la relación entre Leonard Cohen y Marianne Ihlen, desde que se conocieron, en la isla griega de Hydra, en el año 1960.

A la hora de sumergirse en su penúltimo documental, género al que ha consagrado gran parte de su carrera cinematográfica, el británico Nick Broomfield contó con la importante ventaja de saber de lo que hablaba. Siendo apenas un adolescente, Broomfield viajó hasta la isla de Hydra, lugar de residencia de un puñado de artistas llegados de todas partes que llevaban una existencia bohemia. Entre ellos estaba un semidesconocido poeta canadiense llamado Leonard Cohen, acompañado por la mujer con la que mantuvo una unión sentimental más dilatada, la noruega Marianne Ihlen. De la relación entre ambos trata esta película, que vio la luz después de fallecer sus principales protagonistas y queda como un valioso testimonio de un lugar y una época únicos.

La historia la conocen incluso muchos no iniciados: Cohen viajó hasta Grecia, se prendó de los paisajes y de la forma de vida típica de Hydra, y decidió establecerse allí para continuar escribiendo sus poemas y relatos, además de esbozos de sus primeras canciones. En la isla, Leonard conoció a Marianne Ihlen, joven noruega que había sido abandonada por su esposo, el escritor Axel Jensen, y que residía allí junto a su hijo pequeño. Cohen y Marianne empezaron muy pronto a vivir juntos, y fue durante ese extenso período de convivencia marital cuando el canadiense dio, acuciado por las estrecheces económicas, el paso decisivo en su trayectoria: intentar, inspirado por la popularidad de diversos cantautores, dedicarse profesionalmente a la música. Marianne inspiró muchas de las primeras composiciones de Cohen, entre las que se encuentran algunas de sus piezas más célebres, pero fue la creciente fama de él como cantante lo que les separó de forma definitiva.

Broomfield, que explica que él mismo fue amante esporádico de Marianne Ihlen allá por los años 60, hace un inteligente uso de la abundante documentación que existe del período de vida en común de la pareja en Hydra. Los testimonios de personas que vivieron aquella época de primera mano, así como las grabaciones de audio en las que Marianne y Leonard hablan de su romance, forman un conjunto que va más allá del retrato de la relación entre un artista y su musa para devenir un fresco de una época que no ha de volver. El propio Cohen, individuo dotado de una rara lucidez, habla de lo afortunado que fue al vivir, en los inicios de su vida adulta, una época de amor libre que describe como un extraño y mágico momento en el que los intereses sexuales de hombres y mujeres llegaron a coincidir. Queda claro que no había lugar para la monogamia en este juego, aderezado con la ingesta de distintas drogas: convertido en un artista popular gracias al afianzamiento de su carrera musical, en el cual tuvo bastante que ver una de las participantes en la película, Judy Collins, Leonard Cohen se ganó una merecida fama de mujeriego que fue el detonante para la ruptura de una relación de más de ocho años junto a Marianne. Es al llegar a este momento cuando el film, hasta entonces excelente, se pierde: parece como que a Broomfield se le quedara corto, y se lanza a un epidérmico recorrido por la carrera de Leonard Cohen que no aporta nada nuevo. El emotivo final, con el doble reencuentro entre los dos antiguos amantes, sí pone un distinguido broche a un film técnicamente muy logrado, en el que el director, junto al otro gran artífice de esta obra, Marc Hoeferlin, tira de recursos, emplea los documentos de archivo con gusto y precisión, y huye del cotilleo todo lo posible. Es más, queda claro que de ese amor roto, nacido en unas circunstancias harto especiales (la película tampoco se priva de hablar de los fantasmas que surgieron de los años de psicotrópicos y sexo indiscriminado), quedó un afecto mutuo que duró hasta la hora de la muerte. Sólo por esto, ya sería justo recomendar, no sólo a quienes, como yo, son fans de Leonard Cohen, este notable documental sobre el mayor poeta de la música popular, y sobre la mujer que estuvo a su lado en un período trascendental de su camino, y que fue mucho más que la inspiración para la magistral So long, Marianne.

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