¡AVE, CÉSAR!

HAIL, CAESAR! 2016. 103´. Color.

Dirección: Joel e Ethan Coen; Guión: Joel e Ethan Coen; Dirección de fotografía: Roger Deakins;  Montaje: Roderick Jaynes (Joel e Ethan Coen); Música: Carter Burwell;  Dirección artística: Dawn Swiderski (Supervisión); Diseño de producción: Jess Gonchor; Producción: Joel Coen, Ethan Coen, Eric Fellner y Tim Bevan, para Working Title-Universal Pictures (EE.UU.).

Intérpretes: Josh Brolin (Eddie Mannix); George Clooney (Baird Whitlock); Alden Ehrenreich (Hobie Doyle); Ralph Fiennes (Laurence Laurentz); Scarlett Johansson (DeeAnna Moran); Tilda Swinton (Thora y Thessaly Thacker); Channing Tatum (Burt Gurney); Frances McDormand (C.C. Calhoun); Jonah Hill (Joe Silverman); Michael Gambon (Narrador); Verónica Osorio, Heather Goldenhersh, Alison Pill, Max Baker, Fisher Stevens, John Bluthal, Christopher Lambert, Ming Zhao.

Sinopsis: Mientras decide si aceptar o no una oferta laboral de una empresa aeronáutica, el ejecutivo cinematográfico Eddie Mannix debe lidiar con la desaparición de una de las mayores estrellas del estudio para el que trabaja.

¡Ave, César!, decimoséptimo largometraje de los hermanos Coen, es una comedia que rinde un homenaje a ratos tierno, y a ratos ácido, al Hollywood de los años 50, para muchos la mejor época de la capital mundial del cine. Crítica y público coincidieron en señalar que se trata de un divertimento menor, y no seré yo quien les desmienta en este caso.

La trama gira alrededor de Eddie Mannix, alto ejecutivo de un importante estudio que debe vigilar a las siempre caprichosas y egocéntricas estrellas mientras improvisa soluciones para los distintos problemas que inevitablemente suceden durante los rodajes. Todo ello dando cuentas a cada rato a los mandamases, que se encuentran en el otro extremo del país. Se trata, sin duda, de un trabajo de locos, sin horarios y cargado de estrés, pero que a Eddie le apasiona tanto como para plantearse rechazar una cuantiosa oferta de empleo en la compañía aeronáutica Lockheed. Eddie es uno de esos tipos que controlan una industria incontrolable por definición. Mezcla de detective, guardaespaldas y productor, a Eddie se le hace difícil soportar sus jornadas interminables y su cotidiano trato con individuos que poseen bastante más vanidad que cerebro, pero al mismo tiempo ama ese tipo de vida. Eso sí, cuando tu rutina habitual ya es de locos, si de repente desaparece una de las mayores estrellas del estudio mientras rueda un peplum particularmente costoso, entonces tus días normales parecen un remanso de paz.

Dado que, a estas alturas del cuento, a quien no sea un aprovechado no le quedan más opciones que ser un cínico o un imbécil, los Coen han escogido la opción correcta, y en su obra reciente se observa una inclinación al cinismo que, en ¡Ave, César!, proporciona los mejores momentos de la película, que son la discusión de los distintos líderes religiosos a cuenta de la imagen que de la figura de Jesucristo se ofrece en el film que está en pleno rodaje, en ese encuentro nocturno entre los revolucionarios de salón que quieren dejar de serlo y el submarino soviético, que ejemplifica de manera muy adecuada uno de los principales motivos por los que las revoluciones se van al carajo más pronto que tarde, y ese piadoso clímax fílmico interrumpido por la cagada del principal protagonista a la hora de recitar su texto. El problema es que la visión que se da de la industria del cine se queda en lo superficial, hecho criticable viniendo de unos hermanos que tienen un conocimiento enciclopédico de su arte, y que las escenas y personajes van sucediéndose, con mayor o menor gracia, sin que dé la sensación de que haya un esquema sólido detrás de todo ello. ¡Ave, César!, en mi opinión, es una de esas películas que mucho abarcan y poco aprietan, en la que no falta ni uno solo de los géneros más en boga en los años 50 (western, cine negro -en este caso no se utiliza el pretexto de un rodaje, sino que la recreación se da a partir de un incidente nocturno de Eddie Mannix-, comedia musical y películas de romanos), sin que se aprecie cohesión en el conjunto, cosa curiosa si tenemos en cuenta que otra de las escenas más logradas del film sucede en una sala de montaje, el lugar en el que se hacen de verdad las películas y en el que ésta se pierde. Porque ¡Ave, César! es una obra dispersa a la que le falta afinar el tiro y le sobran escenas y personajes que, visto el poco desarrollo que tienen (me refiero, por ejemplo, a toda la trama relacionada con DeeAnna Moran, la estrella de los musicales acuáticos), tal vez deberían haber dejado paso a lo realmente relevante.

La película, eso sí, es muy buena en el plano visual, con el punto más alto situado en la mencionada escena del encuentro entre el rojerío activista de Hollywood (y aquí hay que mencionar que la visión que se da del macartismo es lo más superficial en una obra que ya de por sí peca de ello) y el submarino soviético, vivo ejemplo de que los Coen, que recuperan a su director de fotografía de confianza, el gran Roger Deakins, pueden andar un poco despistados en cuanto al guión o el montaje, pero continúan siendo dueños de un privilegiado lenguaje visual. La banda sonora es de otro antiguo miembro del clan, Carter Burwell, y es buena, aunque lo más destacable en este apartado es la traviesa utilización de la música de archivo para ilustrar determinadas escenas, y aquí pienso en Jacques Offenbach.

El reparto es, como no podía ser menos, multiestelar, y en él, como en toda la película, hay un poco de todo. El principal protagonista, Josh Brolin, es de lo mejorcito del conjunto, ofreciendo una interpretación lúcida y vigorosa del, eso sí, personaje mejor definido de todos. Una vez más, George Clooney se presta a reírse de sí mismo, o más bien de su imagen de galán estelar, a las órdenes de los Coen, y la verdad es que está divertido, aunque un punto pasado de vueltas. Bien Alden Ehrenreich, el menos conocido de los principales intérpretes, en el rol de vaquero de película muy poco dotado para el drama, pero mucho menos estúpido de lo que parece, y lo mismo Ralph Fiennes en la piel de un refinado director de nombre difícil de pronunciar. Dos de las mejores interpretaciones las ofrecen Tilda Swinton y Frances McDormand, aunque ambas me parecen desaprovechadas, pese a que la primera da vida a dos personajes, que vienen a ser Louella Parsons y Hedda Hopper. Channing Tatum luce sus habilidades para el musical, y quienes peor parados salen son Scarlett Johansson y Jonah Hill, que hacen lo que pueden pero son víctimas de una trama que no lleva a ninguna parte.

En definitiva, que cabía esperar más del homenaje/parodia de los Coen al Hollywood clásico. ¡Ave, César! tiene buenos momentos, pero da lo mejor de sí precisamente cuando más se aleja de ese tono ligero que debería ser su principal baza. Se queda en obra agradable de ver, y aunque no es una decepción mayúscula, no logra cumplir con las expectativas despertadas.

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