CINCO PISTOLAS

FIVE GUNS WEST. 1955. 74´. Color.

Dirección: Roger Corman; Guión: R. Wright Campbell; Director de fotografía: Floyd Crosby;  Montaje: Ronald Sinclair; Música: Buddy Bregman; Dirección artística: Ben Hayne; Producción: Roger Corman, para Palo Alto Productions (EE.UU).

Intérpretes: John Lund (Govern Sturges); Dorothy Malone (Shalee); Touch Connors (Hale Clinton); Bob Campbell (Rob Morgan Candy); Jonathan Haze (Billy Candy) Paul Birch (J. C. Haggard); James Stone (Tío Mike); Jack Ingram, Larry Thor, Boyd Morgan, Lionel Place.

Sinopsis: Cinco presos peligrosos son liberados por el ejército del Sur bajo la condición de atravesar territorio comanche y cruzar las líneas yanquis para capturar a un traidor.

Cinco pistolas supuso el debut en la dirección de Roger Corman, quien ya había hecho sus pinitos en la faceta en la que ha sido más prolífico, la de productor. Se trata de un western de serie B con una premisa argumental similar a la de uno de los hitos del cine bélico en la década posterior, Doce del patíbulo, que constituye una de las escasas incursiones de Corman en el género estadounidense por excelencia, que pronto abandonó en favor de otros más afines a su estilo y métodos.

Aun siendo una obra primeriza, en Cinco pistolas afloran muchas de las características esenciales de las producciones de Roger Corman, empezando por la que quizá sea la mayor de todas: el muy ajustado presupuesto. No han sido pocas las ocasiones en las que los espartanos métodos de producción de la factoría no han sido obstáculo para crear obras de notable calidad, pero es preciso dejar claro que no estamos ante una de ellas. Es más, Cinco pistolas utiliza una de las estrategias menos reivindicables de la casa, consistente en dar gato por liebre, pues, partiendo de un argumento con posibilidades, en la introducción se nos plantea que el viaje de esos presidiarios nada modélicos hasta el lugar donde deberán interceptar la diligencia que transporta a un disidente del bando confederado estará plagado de dificultades, pues gran parte del trayecto cubre territorio comanche, y para cumplir de forma exitosa con su misión los convictos deberán enfrentarse a la caballería yanqui. Pues bien, en la práctica no ocurre casi nada de eso, porque los encuentros con los indios se reducen a una pequeña escaramuza (en la que, por cierto, vemos de cerca a un solo piel roja), y la lucha con los soldados del Norte es tan breve como poco convincente. En vista de lo cual, todo se reduce a la interacción entre los cinco presidiarios, cuyo objetivo principal es hacerse con el oro que también transporta la diligencia, y entre éstos y las dos personas que regentan el puesto de paso de los carruajes, en especial con una bella mujer de armas tomar. A falta de épica (y es mucha falta, porque es difícil que un western llegue muy lejos sin ella), la cosa podría tener su interés si se empleara el ingenio en explotar con brío esas relaciones cruzadas, pero para ello el guión debería tener más gancho y transitar senderos menos trillados. Apenas alguna esporádica escena de acción y ciertos diálogos que se alejan un tanto del cliché salvan en parte un conjunto que promete bastante más de lo que ofrece.

En la puesta en escena de Cinco pistolas pesa más el sentido de la economía que el del espectáculo, y por ello tampoco en este aspecto la película logra trascender el discreto tono general. La abundancia de planos cortos y el escaso aprovechamiento de los paisajes del Valle de la Muerte hacen que apenas algunos extractos de la banda sonora de Buddy Bregman posean el aliento de un verdadero western.

En el reparto, sobresale de manera ostensible una Dorothy Malone llamada a empresas mayores. No es que su personaje sea particularmente complejo, pero ella consigue darle una entidad que no vemos en los intérpretes masculinos, empezando por un John Lund cuya notoria ausencia de expresividad le hubiera convertido en un duro rival para Steven Seagal en el No te rías que es peor. Me quedo con la interpretación del veterano Paul Birch de entre quienes componen el quinteto de forajidos, pues en ella aprecio estilo y sobriedad. Un actor tan de la factoría Corman como Jonathan Haze no termina de estar convincente en el papel de joven pistolero desequlibrado, mientras que Touch Connors está simplemente correcto y el guionista de la función, Bob Campbell, que da vida al quinto pistolero, ni eso.

Western prescindible, que ni aporta nada especial al género ni está entre las obras reivindicables de Roger Corman. Apenas alguna escena puntual y la presencia de Dorothy Malone en el reparto hacen que este esquemático film, en el que pasan muchas menos cosas de las que deberían, alcance un aprobado muy justo.

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