SWISS ARMY MAN

SWISS ARMY MAN. 2016. 96´. Color.

Dirección: Daniel Scheinert y Daniel Kwan; Guión: Daniel Scheinert y Daniel Kwan; Dirección de fotografía: Larkin Seiple; Montaje: Matthew Hannam; Música: Andy Hull y Robert McDowell; Diseño de producción: Jason Kisvarday; Dirección artística: David Duarte; Producción: Eyal Rimmon, Jonathan Wang, Amanda Marshall, Miranda Bailey, Lawrence Inglee y Lauren Mann, para Blackbird-Cold Iron Pictures-Tadmor (EE.UU.)

Intérpretes: Paul Dano (Hank Thompson); Daniel Radcliffe (Manny); Mary Elizabeth Winstead, Antonia Ribero, Timothy Eulich, Richard Gross, Marika Castel, Andy Hull, Shane Carruth.

Sinopsis: Un joven atrapado en una isla desierta y que ha perdido las ganas de vivir, encuentra un cadáver arrojado a la playa.

Swiss army man fue el debut en el largometraje de Daniel Scheinert y Daniel Kwan, The Daniels,dos jóvenes cineastas que ya habían adquirido cierto prestigio en los campos del corto y el videoclip. Esta ópera prima gustó en Sundance y Sitges, donde recibió algunos de los principales galardones en juego, pero por lo que a mí respecta, se queda en intrascente comedia existencial hipster.

Scheinert y Kwan se esfuerzan tanto por ser originales que terminan por construir una película inverosímil, en la que el asombro del espectador no conlleva que se enganche a una historia que no hay quien se crea. Tenemos a Hank, un joven que, por circunstancias que no se explican, fue a parar a una isla desierta. Después de un período de aislamiento que se presume largo (pero que no ha servido para hacer del protagonista un superviviente), el muchacho decide acabar con todo, pero justo cuando está a punto de ahorcarse, el oleaje empuja hasta la orilla el cuerpo de un hombre que falleció en un naufragio. Ese cadáver, cuyas flatulencias tienen un extraordinario protagonismo en la historia, se convierte en el asidero que buscaba con desesperación Hank, cuyo único lazo con el mundo real es un móvil sin cobertura, para seguir agarrado a la vida. Lo que se intenta explicar, mediante un humor que está lejos de resultarme gracioso, es la vulnerabilidad del ser humano, y su necesidad de compañía. Lo que queda, a mi juicio, es un bizarro bromance entre un ser harto peculiar, cuya vida antes de caer en la isla no era mucho más activa socialmente de lo que lo era después de su forzoso aislamiento, y un muerto viviente (a ratos) que aún conserva cierta memoria y capacidad de raciocinio. Ciertamente, Scheinert y Kwan han creado el amigo imaginario más estrambótico que se ha visto en el cine en lustros, pero su propuesta dista mucho de ser redonda, por forzada, por inconexa y por incoherente. La artificiosidad es la característica que más destacoo en la película, que puede agradar a quienes posean una visión adolescente del dolor y la muerte, pero que por momentos (varios de los cuales coinciden con las escenas de Hank travestido) no tiene por dónde cogerla. Al final, con el regreso a la sociedad y la aparición de nuevos personajes en la trama, la cosa remonta, pero sigue dejando un poso de impostura.

Al margen de una utilización de la musica tan sacada de la manga como casi todo lo demás en la película, creo que Scheinert y Kwan salen bastante mejor parados en el examen de su propuesta visual que en el de la narrativa. Es cierto que en  la utilización de la cámara lenta o del montaje sincopado se cae en la modernez, pero en lo substancial, el film está bien rodado, destacando las escenas iniciales, que transcurren en una playa que podría calificarse de paradisíaca, y alguna secuencia nocturna en mitad de la jungla.

Dado que en gran parte del metraje sólo intervienen dos personajes, la elección de los intérpretes se antoja fundamental. Paul Dano es un actor que me gusta (aunque con barba sea clavado a Messi), y a priori resulta ideal para encarnar a un inadaptado de gran vida interior, pero lo cierto es que en varias ocasiones se pasa de intenso, lo que me inclina a pensar que no ha sido dirigido con la mesura debida. Daniel Radcliffe, en otro de esos extravagantes papeles en los que se sumerge para escapar del fantasma de Harry Potter, raya a mayor altura que su compañero, más allá de que su personaje sea tan verosímil como un marciano en Utrera. La aparición de otros actores es tan breve que apenas da para calificarla, pero Mary Elizabeth Winstead hace un buen trabajo como madre estupefacta.

Original, sí, pero carente de autenticidad, a mi juicio Swiss army man esunadecepcionante y escatológica comedia existencial que raras veces consigue dar con el tono adecuado. Los codirectores harían bien en ordenar sus ideas, que las tienen.

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