RUTINA: LA PROHIBICIÓN

RUTINA: LA PROHIBICIÓN. 2019. 8´. Color.

Dirección: Samuel Ortí Martí; Guión: Flora Cuevas; Dirección de fotografía: Néstor De Les; Montaje: Samuel Ortí Martí; Música: Samuel Ortí Martí; Producción: Samuel Ortí Martí, para Hampa Studio y Conflictivos Productions (España).

Intérpretes: Animación.

Sinopsis: En un futuro próximo, a un millonario empieza a escasearle el oxígeno, convertido en un recurso limitado. En consecuencia, utiliza sus influencias para disponer de él a cualquier precio.

Rutina: La prohibición es el tercer trabajo como director del valenciano Samuel Ortí Martí, que con este cortometraje dio un giro a su trayectoria en cuanto a temática, aunque formalmente permaneció fiel a la técnica del stop-motion, con la que ha desarrollado sus diferentes proyectos. El que aquí se reseña es un interesante film de ciencia-ficción hecho por un tipo solvente en lo formal y con ideas muy claras respecto a lo que quiere narrar.

La película supone una manera estilizada de darle la razón a esa frase que dice que si la mierda fuese oro, los pobres no tendrían culo. En este caso, hablamos de oxígeno, y de lo que sucede en un futuro distópico a más no poder cuando a un magnate empieza a faltarle ese imprescindible elemento, por aquello de que la edad y la afición a los habanos hacen más complicado el tema de respirar. Samuel Ortí nos explica las técnicas que utilizan los que nunca pierden, que pueden resumirse fundamentalmente en una: mover sus hilos, que se extienden a los escalafones más altos de la religión y la política. El director se deja de sutilezas y articula un discurso crudo, que habrá quien tache de demagógico. Hablamos, naturalmente, de esas personas que, o bien son ingenuas, o se lo hacen. Un servidor tiene la seguridad de que, si el oxígeno (igual que el agua, por poner otro ejemplo) empezaran a escasear seriamente, a los estratos más bajos de la pirámide social se les racionaría ese engorroso hábito de respirar. Ortí deja a un lado las medias tintas y, por si a algún espectador no le ha quedado claro de qué va la película, la escena poscréditos le saca de dudas. Podrá decirse que al director le sobra énfasis, pero no que le falten principios. La autoridad habla, o más bien grita, en un lenguaje cuyas palabras no forman parte de nuestro vocabulario pero que se entiende a la perfección, porque es el lenguaje del totalitarismo, el que adopta todo gobierno cuando no le cabe otro resultado que la obediencia de la plebe. Un visionario, Samuel Ortí.

El director narra su historia utilizando una estética feísta, en la que la ciudad, a ras de suelo, es un pozo mugriento, y sus habitantes tienen el rostro de zombis. Para encontrar pulcritud, hay que elevarse a los habitáculos de quienes pagan a otros para que se los limpien. En lo estrictamente técnico, la animación es muy correcta, y puede apreciarse que se han cuidado los detalles. Ahí quedan esos primeros planos de los conductos de aire cerrándose, o ese retrato de la indigencia, para demostrarlo.

En resumen, Rutina: La prohibición es un cortometraje recomendable, que educa y entretiene, y que nos revela a un cineasta que debe aún pulir su estilo, pero del que pueden esperarse sorpresas agradables de aquí en adelante.

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