MEMORIAS DE UN ASESINO

SALINJAUI GIEOKBEOB. 2017. 116´. Color.

Dirección: Won Shin-Yeon; Guión: Hwang Jo-Yun, basado en la novela de Kim Young-Ha; Director de fotografía: Choi Yeong-Hwan;  Montaje: Shin Min-Kyung; Música: Kim Jun-Seong; Diseño de producción: Lee Jong-Gun; Producción: Gu Tae-Jin y You Jeong-Hun, para Green Fish Pictures-Showbox (Corea del Sur).

Intérpretes: Sol Kyung-Gu (Kim Byung-Su); Kim Nam-Gil (Min Tae-Ju); Kim Seol-Hyun (Eun-Hee); Oh Dal-Su (An Byeong-Man); Hwang Seok-Jeong (Jo); Kil Hae-Yeon (María); Lee Byung-Joon (Profesor del aula de poesía); Kim Min-Jae, Jo Jae-Yoon, Choi Yoo-Song, Kim Han-Joon, Kim Hye-Yoon.

Sinopsis: Un asesino, que padece demencia y tiene cada vez más difusos sus recuerdos, sospecha que un joven oficial de policía es el autor de una serie de crímenes cometidos en su ciudad.

Won Shin-Yeon era un cineasta bastante desconocido fuera de su Corea del Sur natal hasta que se encargó de dirigir la adaptación cinematográfica de Memorias de un asesino, una exitosa novela de Kim Young-Ha que narra las vivencias de un criminal que, a causa de una enfermedad degenerativa, está perdiendo la memoria a marchas forzadas. La película ha colocado el nombre de su director en el panorama internacional, confirmando el buen momento de una de las cinematografías que goza de mejor salud a nivel mundial.

Kim Byung-Su, el protagonista de la película, es un asesino en serie, pero uno muy particular, pues empezó su carrera criminal borrando del mapa a su propio padre, una bestia inmunda, y la continuó deshaciéndose de personas que, a su juicio, restaban bienestar al mundo y estaban mejor bajo tierra (quienes hayan visto la serie Dexter no necesitarán mayores explicaciones), en concreto en un bosque de bambú en el que el hombre tenía la costumbre de enterrar a sus víctimas. La utilización del pretérito imperfecto no es casual, porque Byung-Su no es un asesino compulsivo: lleva diecisiete años sin matar, consagrado a su profesión oficial, la de veterinario, y a la crianza de su hija, una adolescente que, ante el acelerado deterioro cognitivo de su padre, ha visto invertidos los roles clásicos y ahora es más bien ella quien debe cuidar de su progenitor. Sin embargo, en la zona han sido asesinadas varias jóvenes en los últimos tiempos, lo que sume a Byung-Su en un triple desosiego, provocado por el miedo a que su hija pueda tener idéntico desenlace, por la sospecha de que un joven, a quien el protagonista conoce a causa de un accidente de coche y que resulta ser oficial de policía, sea el autor material de los crímenes, y por el temor de que su propio yo psicópata haya reaparecido y él mismo sea el asesino, aunque sus cada vez más frecuentes lapsos de memoria le impìdan verlo.

Opino que, durante su primera hora y media de metraje, la película es francamente buena, pues narra con sobriedad el desarrollo de los acontecimientos, muestra de manera muy convincente los vaivenes memorísticos de su personaje principal, alternando con acierto pasado y presente, y a la vez teje un thriller sobre fondo gris (la película es tan poco luminosa que más de una vez parece rodada en blanco y negro) que engancha al espectador. Un aspecto a subrayar es el brillante modo en que la trama juega con un aspecto fundamental de la memoria: su carácter selectivo. ¿Hasta qué punto alguien, y más todavía quienes son dueños de una mente enferma, es capaz de fabricar sus propios recuerdos? ¿Podemos confiar en nuestra propia memoria, incluso si ésta no presenta síntomas de estar alterada? El guión, en este punto, hace gala de inteligencia (se nota que de la adaptación se encargó la misma privilegiada mente que escribió Old Boy), y el director sabe jugar con esa ambigüedad para elevar el nivel de una historia sombría. El problema es que, en el tramo final (desde que conocemos cuál fue el destino de la esposa de Byung.-Su, para ser exactos), la película vira hacia el thriller sobre asesinos en serie más convencional y pierde parte de su encanto, casi como si sus artífices hubiesen medido mal sus fuerzas y lleguen demasiado exhaustos a la línea de meta. El tono (la fotografía de Choi Yeong-Wan mejora lo que podría esperarse en un debutante) y la atmósfera se mantienen, e incluso vemos algunos retazos de gran calidad (ese lento caminar de Byung-Su hacia el túnel) pero algo se ha perdido por el camino.

Si tenemos en cuenta que el trío protagonista lo forman actores a quienes no había visto en la vida, se entiende que mis expectativas respecto a la labor del reparto no fuesen excesivas. El desempeño de esos intérpretes es desigual; Sol Kyung-Guy hace un trabajo excelente, otorgando credibilidad a un personaje complejo, a la vez fiero y muy vulnerable. Kim Nam-Gil representa el eslabón más débil del triángulo, pues su interpretación me parece plana y poco matizada, mientras que Kim Seol-Hyun hace un trabajo en el papel de una adolescente todavía en posesión de inocencia a la que la maldad del mundo le es revelada de sopetón. El veterano Oh Dal-Su, cuyo rostro sí me era algo más familiar, hace un trabajo solvente como policía amigo de Byung-Su, y menciono también las meritorias actuaciones de Lee Byung-Joon, como cargante profesor de poesía, y de Hwang Seok-Jeong como cincuentona acosadora (subespecie equiparable a las meigas: haberlas… haylas), pues sus personajes aportan a la película unos toques de humor negro que le sientan muy bien.

Pese a que no termina tan bien como empieza (y apunta), Memorias de un asesino es una notable película, que recomiendo a los amantes del thriller y, por extensión, a todo cinéfilo que se precie de serlo.

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