PERFECTOS DESCONOCIDOS

PERFECTOS DESCONOCIDOS. 2017. 96´. Color.

Dirección: Álex de la Iglesia; Guión: Jorge Guerricaechevarría y Álex de la Iglesia, basado en el guión escrito por Paolo Genovese, Rolando Ravello, Paola Mammini, Filippo Bologna y Paolo Costella; Dirección de fotografía: Ángel Amorós;  Montaje: Domingo González; Música: Víctor Reyes;  Dirección artística: José Luis Arrizabalaga y Arturo García BiaffraProducción: Kiko Martínez, Ghislain Barrois, Álex de la Iglesia y Álvaro Augustin, para Telecinco Cinema- Nadie es Perfecto- Pokeepsie Films -Perfectos Desconocidos (España-Italia).

Intérpretes: Belén Rueda (Eva); Eduard Fernández (Alfonso); Ernesto Alterio (Antonio); Juana Acosta (Ana); Eduardo Noriega (Eduardo); Dafne Fernández (Blanca); Pepón Nieto (Pepe); Beatriz Olivares, María Jesús Hoyos, Gonzalo Torralba, Valentina Méndez, Ana Valeiras, Belén González, David Robles, Vicente Gil.

Sinopsis: Unos amigos, casi todos ya en la cuarentena, se reúnen para cenar. Como pasatiempo, deciden iniciar un juego consistente en dejar sus teléfonos encima de la mesa y hacer partícipes a los demás del contenido de las llamadas y mensajes que reciban.

De vez en cuando, Álex de la Iglesia se toma un paréntesis entre sus proyectos más personales para asumir obras de encargo, normalmente muy lucrativas. Esto fue lo que sucedió con Perfectos desconocidos,remake casi inmediato de uno de los últimos grandes éxitos de taquilla del cine italiano. Quien fuera que viese el tirón comercial que esta historia de seres hipócritas y nuevas tecnologías podía tener en España es, desde luego, un lince, porque la versión del director donostiarra atrajo a un público mayoritario, que la convirtió en el tercer film que mayor recaudación obtuvo en España en 2017, colándose entre las superproducciones yanquis que acostumbran a llevárselo crudo año tras año. 

Una de las primeras cosas a reseñar es que obra de encargo no es sinónimo de film impersonal.Álex de la Iglesia, que es poseedor de un estilo muy marcado como cineasta, imprime su sello característico a una trama cuyo atractivo, y esto hay que dejarlo claro, hay que atribuírselo a los guionistas italianos. Opino, en contra de lo que se ha dicho, que Perfectos desconocidos tienemuy poco de comedia, o que, en todo caso, se trata de una comedia tan negra que en muchos momentos no lo parece.  En ese terreno, el director de La comunidad se mueve como pez en el agua, pues en casi todas sus películas hace gala de una misantropia muy saludable. Además, este film entronca con la obra más reciente del cineasta vasco en un aspecto fundamental: como Mi gran noche y El bar, Perfectos desconocidos  transcurreen un único espacio, en apariencia inocente, que poco a poco va convirtiéndose en un marco terrorífico del que los protagonistas son incapaces de salir indemnes. Una vez más, la alargada sombra de El ángel exterminador emerge con fuerza en este relato que demuestra que es mejor que el grado de intimidad entre uno mismo y sus amigos no sea absoluto, porque la consecuencia más inmediata de ello es que dejas de tener amigos, lo que tampoco es demasiado sano. En esa luna de sangre que parece contaminarlo todo, en esas rachas de viento huracanado, en esos planos aéreos y en esa violencia que se desata cuando el manto de la hipocresía, esencia y sustento de todas las relaciones humanas, cae al suelo, cualquier espectador medianamente informado puede comprobar que está viendo una película de Álex de la Iglesia. Aunque la idea pertenezca a otros. Que esa idea provenga de personas nacidas en el país que, en tantos aspectos, mayores similitudes guarda con España es un factor que ayuda, porque el film es, desde luego, muy latino. Por ejemplo, a la hora de exhibir lo mucho que nos gusta aparentar, incluso con la gente que en teoría goza de nuestra mayor confianza, o lo que disfrutamos metiendo el hocico y el sabio consejo en las vidas ajenas. Otro aspecto llamativo es esa capacidad que tenemos para, en el afán por salir de un atolladero, meternos en otro peor. Podemos tener aparatos tecnológicos de última generación y con utilidades a cascoporro, pero seguimos siendo los mismos cazurros de siempre, sólo que con más ínfulas. Por último, hay un mensaje para jóvenes: no os juntéis con cuarentones, que ya están demasiado resentidos con la vida. Y, por supuesto, hay moraleja.

El estilo visual tiene más que ver con una película de terror (que, en muchos aspectos, es lo que acabamos viendo) que con una comedia al uso. Con el paso de los minutos, los movimientos de cámara se hacen más bruscos, en el empeño de captar esos rostros cada vez más crispados y de dibujar con trazo más grueso la tensión que transforma una cena de amigos en una batalla campal de la que nadie sale indemne y en la que los justos son pocos y los pecadores, bastantes más. La música va de la mano de la acción en ese tránsito de lo apacible a lo salvaje (es decir, a lo auténtico), llegando a caer en el efectismo. De nuevo, Álex de la Iglesia justifica la fama de ser uno de los cineastas visualmente más capaces de España y parte (no pequeña) del extranjero. Una puesta en escena plana y una sumisión a los clichés del teatro filmado serían un serio inconveniente que el donostiarra se encarga de evitar siendo fiel, repito, a su estilo.

Que el film es un proyecto de encargo se aprecia, más que en su propia factura narrativa o visual, en la composición del reparto, en el que no figura ninguno de los intérpretes habituales en las películas de Álex de la Iglesia. Pese a ello, la dirección de actores es notable, con mención especial para la pareja que forman una Belén Rueda que está dando lo mejor de sí a una edad en la que muchas actrices pierden su sitio entre la élite, y un Eduard Fernández que es un actor como la copa de un pino y que aquí tiene el privilegio de interpretar al único personaje adulto que se comporta como tal. Ellos son lo mejor de un elenco muy televisivo en el que quien mejor les aguanta el tipo es Pepón Nieto, en el rol del comensal desparejado con sorpresa incluida. Ernesto Alterio y Juana Acosta están más excesivos que inspirados,siendo ambos actores competentes, mientras que Eduardo Noriega y Dafne Fernández dan para lo que dan, y tienen la suerte de interpretar unos papeles bastante adecuados para sus características.

Álex de la Iglesia no se conformó con hacer un producto sin sustancia y destinado a hacer taquilla, lo cual hace que, más allà del indiscutible éxito económico, Perfectos desconocidos seatambién una película más que interesante a nivel artístico.

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