FRIEDKIN SIN CENSURAS

FRIEDKIN UNCUT. 2018. 106´. Color.

Dirección: Francesco Zippel; Guión: Francesco Zippel; Dirección de fotografía: Marco Tomaselli; Montaje: Mariaromana Casiraghi; Música: Costanza Francavilla; Producción: Federica Paniccia y Francesco Zippel, para Quoiat Films (Italia).

Intérpretes: William Friedkin, Francis Ford Coppola, Quentin Tarantino, Ellen Burstyn, Caleb Deschanel, Matthew McConaughey, Willem Dafoe, William Petersen, Juno Temple, Wes Anderson, Damien Chazelle, Walon Green, Samuel Blumenfeld, Philip Kaufman, Randy Jurgensen, Gina Gershon, Zubin Mehta, Dario Argento, Gianandrea Noseda, Michael Shannon, Edgar Wright.

Sinopsis: El cineasta William Friedkin repasa su carrera, que abarca seis décadas.

El desconocido documentalista italiano Francesco Zippel asumió la tarea de filmar las confesiones de William Friedkin, un director que vivió tiempos gloriosos en la dècada de los 70 y fue dilapidando posteriormente su prestigio hasta quedar en un semiolvido impropio de alguien que firmó dos de las obras más emblemáticas de una década pródiga en obras maestras.

Friedkin sin censuras, queseinicia con una reflexión del homenajeado sobre Jesucristo y Hitler como figuras extremas de la condición humana, es un trabajo muy pulcro, pero que presenta una tara común en las biografías: la memoria selectiva. Friedkin se centra, no en exceso, sino casi en exclusiva, en sus obras más populares y recordadas, mientras que una parte significativa de su filmografia es directamente ignorada. Al margen de que me parece interesante que un director comente sus pífias y sus fracasos, no es ni siquiera apropiado el salto que se da desde El pueblo contra Paul Crump, primerizo documental  sobre un preso en el corredor de la muerte cuyo caso se revisó a raíz de la difusión de la película, hasta French Connection,cumbre del cine policíaco que llevó a Friedkin a la cúspide de su profesión y le hizo ganar el Oscar al mejor director. Digo esto porque los largometrajes que Friedkin dirigió antes de su consagración definitiva son interesantes, incluso notables en algún caso. Nada se dice de ellos, sin embargo. Se puede entender la omisión de películas francamente menores, pero obviar obras que no lo son es, simplemente, arbitrario, y un documental, por muy autobiográfico que sea, debe restringir al máximo la arbitrariedad.

Lo cierto es que, después de algunos éxitos con los que muchos cineastas apenas llegan a soñar, la carrera de William Friedkin se despeñó con la misma fuerza con la que se produjo su despegue, conociendo algunos puntuales de resurrección entre obras mediocres. Curiosamente, el primer fracaso importante de Friedkin fue una gran película, Carga maldita,cuyorodaje fue uno de los más azarosos que se recuerdan. Después llegaron otros tropiezos mucho más justificados, junto a tres gemas dispersas:  A la caza,obra marcada por el furibundo rechazo que generó entre el colectivo homosexual; Vivir y morir en Los Ángeles, uno de los grandes policíacos de los 80, y el último largometraje de ficción dirigido hasta ahora por Friedkin, Killler Joe.Resultan, eso sí, interesantes las valoraciones del director sobre sus técnicas de rodaje, basadas en la espontaneidad (uno de sus rasgos característicos es su escasa propensión a repetir tomas) y la búsqueda del realismo, e incluso sobre su trabajo como director de óperas, pero algunas de las declaraciones más interesantes que escuchamos en Friedkin sin censuras no provienen del propio director, sino de intérpretes que protagonizaron algunas de sus mejores obras, como Ellen Burstyn o Willem Dafoe, o por otros cineastas que analizan sus obras, entre los cuales encontramos a personalidades mayúsculas como las de Quentin Tarantino y Francis Ford Coppola. Me quedo, sobre todo, con una afirmación del director de Apocalypse Now enla que, comparando el monstruoso rodaje de esa película con el no mucho más liviano de Carga maldita,comenta que, en esos tiempos, la grandeza se tenía que rodar a lo grande. Volviendo a Friedkin, hay que destacar su jovialidad, muy patente en las imágenes extraídas de los distintos homenajes recibidos en festivales europeos, en los que el director hace gala de unas desconocidas dotes de showman.

Con sus defectos, Friedkin sin censuras es una pieza muy interesante para cinéfilos, como testimonio de una carrera que tuvo momentos gloriosos, pero que en general pudo haber dado más de sí, y también como prueba de que, si algo bueno tiene la vejez, es el privilegio de poder decir lo que a uno le da la gana.

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