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DEUDA DE HONOR

THE HOMESMAN. 2014. 120´. Color.

Dirección: Tommy Lee Jones; Guión: Kieran Fitzgerald, Wesley A. Oliver y Tommy Lee Jones, basado en la novela de Glendon Swarthout; Dirección de fotografía: Rodrigo Prieto;  Montaje: Roberto Silvi; Dirección artística: Guy Barnes; Música: Marco Beltrami; Diseño de producción: Merideth Boswell; Producción: Brian Kennedy, Peter Brant y Luc Besson, para EuropaCorp-Ithaca-The Javelina Film Company (EE.UU.).

Intérpretes: Tommy Lee Jones (George Briggs); Hilary Swank (Mary Bee Cuddy); Grace Gummer (Arabella Sours); Miranda Otto (Theoline Belknap); Sonja Richter (Gro Svendsen); John Lithgow (Reverendo Dowd); Tim Blake Nelson (El cargador); James Spader (Aloysius Duffy); Meryl Streep (Altha Carter); Jo Harvey Allen, Barry Corbin, David Dencik, William Fitchner, Evan Jones, Caroline Lagerfelt, Hailee Steinfeld, Jesse Plemons.

Sinopsis: Una mujer soltera, que tiene unas tierras en el territorio de Nebraska, debe llevar hacia el Este a tres jóvenes que han perdido la razón para que puedan ser bien atendidas. Le ayudará en el trabajo un viejo vagabundo al que libra de la horca.

El segundo largometraje dirigido para la gran pantalla por el veterano actor Tommy Lee Jones, Deuda de honor, comparte con el primero varias de sus características esenciales: ambos son westerns de orígenes literarios ajenos al director (si bien, en este caso, Jones colaboró en la escritura del guión) que éste quiso llevar a su terreno. que curiosamente coincide con un género que no está, que digamos, de actualidad, y en el que Tommy Lee Jones apenas se ha prodigado en su faceta más conocida por el gran público. Son amplia mayoría los críticos que consideran que Deuda de honor es una buena película, aunque algo inferior a Los tres entierros del Melquíades Estrada.

No puede decirse que The homesman sea un western feminista, pero sí un film que rompe con una tradición del género: en las historias del Oeste, es habitual encontrar a una mujer aislada en un mundo de hombres, pero son contadas las películas en las que sucede justo lo contrario y la narración se centra en los avatares del sexo femenino dentro de ese marco geográfico asociado desde siempre a indios y vaqueros. Para hacer aún más inusual el contexto, las protagonistas no son mujeres integradas en el entorno, sino rechazadas por él: Mary Bee Cuddy posee todas las virtudes necesarias para prosperar en esas difíciles tierras, pero no las que los hombres consideran atractivas en una mujer, por lo que sus deseos de casarse y formar una familia fracasan una y otra vez. No obstante, el caso de las tres mujeres a las que Mary Bee debe custodiar es peor, pues todas ellas han perdido la razón, hasta el punto de perpetrar, en alguno de los casos, el crimen más abominable que existe, que no es otro que el infanticidio. Decir, por tanto, que Deuda de honor es un western crepuscular casi es quedarse corto, pues la historia gira en torno a una cuestión tan poco edificante como la enfermedad mental. Estamos ante una obra oscura y pesimista que se resiente de un problema de tono, pues es demasiado socarrona para ser trágica, y demasiado trágica para ser socarrona. En el personaje de George Briggs encontramos ecos del mítico Ben Rumson de La leyenda de la ciudad sin nombre, pero sin el mismo carisma, y dentro de una historia muy distinta en la que, desde luego, no encaja de igual manera. Briggs, un sujeto sin oficio ni beneficio, condenado a la horca por usurpar las tierras de un hombre que ha viajado al Este para buscar esposa después de haber rechazado a Mary Bee, es visto por ella como el apoyo que necesita para sacar adelante una misión que la supera, y por esta razón decide salvar la vida de ese vagabundo que casi le dobla la edad, y recurrir al dinero para que el recién liberado venza la tentación de apartarse de esa espinosa tarea y haga lo que más le gusta: ir de un lado a otro de las praderas sin ataduras de ninguna clase. Eso es The homesman: el viaje de cinco perdedores, de los que sólo dos conservan el juicio, a través de un paisaje que devora a quienes flaquean.

Uno siente que Tommy Lee Jones sabe que tiene una buen a historia entre manos, y que ha aprendido muchas cosas de los directores a cuyas órdenes ha trabajado, pero también que no ha sido capaz de darle solidez narrativa a su película (escenas brillantes se alternan con otras que no aportan gran cosa) y que, en su intento de ser un narrador al modo clásico, a veces se pasa de rosca y hace que la película sea lenta. Por ejemplificar, entre los grandes momentos (el primer encuentro entre Briggs y Mary Bee, la cortante descripción de los motivos que han llevado a la demencia a las tres mujeres a las que ambos custodian o el retorno de Briggs al lugar en el que se les negó comida y reposo) no pasan demasiadas cosas que sostengan el relato en la más alto: de hecho, algunas de esas cosas (el encuentro con los indios o la escena de sexo entre los dos protagonistas) se sostienen entre poco y nada. Son problemas de dirección que quizá se hacen más visibles porque tanto la inquietante música de Marco Beltrami como la fotografía de Rodrigo Prieto sí poseen el halo trágico y la belleza que, detrás de las cámaras, Tommy Lee Jones sólo logra transmitir a cuentagotas.

En lo que sí es acertado el trabajo de dirección es en extraerle el máximo rendimiento a los actores: el reparto es francamente bueno, y raya a un gran nivel. Tommy Lee Jones sí muestra mucho poderío delante de la cámara, mientras que Hilary Swank puso fin a varios años grises en su carrera con una interpretación magnífica de una mujer nacida en la época equivocada. De los grandes nombres, decir que la aparición de Meryl Streep no es mucho más que un cameo, mientras que James Spader se luce en el rol de un tipo miserable, y John Lithgow está excelente en los pocos minutos en que interviene. Por su parte, las tres actrices que interpretan a las mujeres dementes hacen un trabajo notable, en especial la más desconocida para mí de todas ellas, Sonja Richter.

The homesman es un film desigual, que sólo ofrece fogonazos, aunque algunos de ellos muy intensos, de todas las bondades que apunta en su primer tercio. A este western femenino, y en el que el aroma que prevalece es el de la derrota, puede decírsele que le falta pegada.

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