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UN HOMBRE DURO

THE HARD MAN. 1957. 77´. Color.

Dirección: George Sherman; Guión: Leo Katcher, basado en su novela; Director de fotografía: Henry Freulich;  Montaje: William Lyon; Música: Mischa Bakaleinikoff; Dirección artística: Carl Anderson; Producción: Helen Ainsworth, para Romson Productions-Columbia Pictures (EE.UU).

Intérpretes: Guy Madison (Steve Burden); Valerie French (Fern Martin); Lorne Greene (Rice Martin); Barry Atwater (George Dennison); Robert Burton (Sheriff Hacker); Rudy Bond (Rodman); Trevor Bardette, Renata Vanni, Myron Healey, Frank Richards, Richard Farnsworth.

Sinopsis: Un cazador de forajidos, conocido por sus expeditivos métodos, acepta un puesto de ayudante del sheriff para esclarecer la historia del último reo al que ha capturado.

Aunque llegó a rodar un par de películas protagonizadas por Marisol, El western de serie B fue el terreno en el que se movió George Sherman durante buena parte de su extensa carrera como director, razón por la cual Un hombre duro puede considerarse un fiel retrato de la obra de un artesano que filmó películas interesantes, pero no un título destinado a figurar con letras grandes en la memoria de los cinéfilos. Este western, rodado cuando la edad dorada del género empezaba a quedar atrás, no pasa de rutinario, y fue objeto de una discreta acogida en su momento.

Lo cierto es que el elemento que más destaca en Un hombre duro es precisamente la ausencia de circunstancias a destacar, es decir, su mediocridad intrínseca. No es que sea una mala película, sino que es una de tantas, y no de las mejores. La historia no es nada del otro mundo, pues lo que se narra es el enfrentamiento entre un cowboy experto en el manejo del revólver y un poderoso ganadero carente de escrúpulos, con la investigación de los sucesos que convirtieron en un prófugo de la justicia a la última víctima del pistolero como telón de fondo, y la alargada sombra de una bella mujer con mucho que ocultar como factor que desencadena el odio entre los protagonistas masculinos. Con argumentos similares se han rodado no pocas buenas películas, pero da la sensación de que Sherman puso el piloto automático y el resultado es funcionarial. En la historia flojean algunos puntos clave, como el carisma de los villanos o el poco jugo que se extrae de un pentágono amoroso (todo el mundo ama a Fern Martin) que bebe directamente del cine negro, pero es que la puesta en escena o los aspectos técnicos tampoco mejoran el conjunto. Ni siquiera el Technicolor, aquí más ocre y menos vistoso que en otras producciones similares, da el juego que debería. Es justo alabar que la película tenga buen ritmo y vaya al grano, pero sus virtudes no van mucho más allá.

Protagoniza Guy Madison, un actor cuya estrella había empezado a declinar y que pronto emprendería un largo periplo europeo. Su personaje, que derrocha virilidad y es más bien parco en palabras, daría para hallar en él un lado oscuro que Madison no sabe darle, y lo cierto es que le vemos como un John Wayne con mucho menos carisma. Valerie French había protagonizado poco antes un gran western como Jubal, y es innegable que su encanto no pasa desapercibido, pero su personaje carece de un mínimo de profundidad y su interpretación se resiente de ello. Lorne Greene, cuyo nombre ha quedado asociado para siempre a la serie Bonanza,, hace un trabajo simplemente correcto, aunque mejor que el de Rudy Bond, el actor que interpreta a su pistolero a sueldo y que estuvo más inspirado en otras ocasiones. La labor de los secundarios participa del discreto tono general.

Lo dicho, un western del montón, simplemente entretenido.

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