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QUE OS DEN A TODOS: LA HISTORIA DE UWE BOLL

FUCK YOU ALL. THE UWE BOLL STORY. 2018. 96´. Color.

Dirección: Sean Patrick Shaul; Guión: Sean Patrick Shaul; Dirección de fotografía: Sean Patrick Shaul;  Montaje: Sean Patrick Shaul; Música: Young Pilot; Producción: Kayvon Saremi y Sean Patrick Shaul, para Prairie Coast Films (Canadá).

Intérpretes: Uwe Boll, Michael Paré, Brendan Fletcher, Clint Howard, Lindsay Hollister, Keith David, Luke Y. Thompson, Dan Clarke, Bryan C. Knight, John Wilson, Bert Harvey, Guinevere Turner, Jeff Sneider, Shawn Williamson, Natalie Boll, Darren McLean.

Sinopsis: Documental que analiza la carrera cinematográfica de Uwe Boll, a quien muchos consideran el peor director de todos los tiempos.

La historia del cine está infestada de malas películas, y de directores cuyo paso a la posteridad se sustenta en su poca destreza tras las cámaras. Eso sí, hay muchos cineastas cuya filmografía está fundamentalmente compuesta de obras infumables, pero sólo hay un Uwe Boll. Este documental, realizado por Sean Patrick Shaul después de haber analizado la obra del cómico Mack Sennett, nos da las claves para entender a este personaje tan sui generis.

Para ser justos, he de decir que conozco mucho más la fama que la obra de Uwe Boll, pues como mucho habré visto tres o cuatro trozos sueltos de alguna de sus películas. No importa: escuchar a este hombre, así como a varios de sus más cercanos colaboradores, no tiene desperdicio aunque no hayas visto un solo fotograma de su extensa producción, porque si algo distingue al realizador alemán es su absoluta falta de diplomacia. Sus altisonantes declaraciones, en las que básicamente se dedica a echar pestes sobre la industria de Hollywood y sobre quienes forman parte del negocio, llenarían por sí solas varios documentales. Dirigir malas películas no hace especial a un cineasta, incluso si éste destaca por poseer una capacidad de trabajo muy superior a su talento. El sello distintivo de Uwe Boll lo marcan la conjunción entre su carácter, su pericia (o su falta de ella) como director, la época en la que ha desarrollado su actividad y el tipo de películas que definen su trayectoria. Empezando por lo último, hay que decir que, cuando Boll aterrizó en Norteamérica después de dirigir cuatro films semiamateurs en su Alemania natal, se especializó en las adaptaciones cinematográficas de videojuegos, campo abonado al desastre desde que el mundo es mundo. A juzgar por los comentarios de un buen número de quienes se molestaron en ver obras como House of the dead o BloodRayne, su calidad es pésima. Si unimos a esto que estamos en la era de Internet y que precisamente entre los fans de los videojuegos se encuentra una parte significativa de la caverna freak del ciberespacio, obtenemos multitud de reacciones furibundas que calificaban a Boll como el peor director de la historia del cine, e incluso una campaña que abogaba por solicitar que el alemán no rodara más películas y que consiguió miles de firmas en su momento. ¿Cuál fue la respuesta de Boll a todo ese odio? Seguir rodando adaptaciones de videojuegos y responder a las críticas del modo más desafiante posible. La cosa llegó al extremo de que el realizador germano retó a algunos de sus críticos más acérrimos a un combate de boxeo… ocultando que él practicaba dicho deporte como aficionado. Los puso a todos finos, evidentemente, con lo que pudo materializar el sueño imposible de infinidad de artistas: partirles la cara a sus más odiados críticos.

No obstante, Shaul se toma la molestia de dejarnos ver a un Uwe Boll alejado del patán descerebrado que cualquiera podría imaginar, hasta el punto de que uno no llega a saber cuánto hay de pose y cuánto de honestidad en la aparente falta de filtro del director alemán establecido en Canadá. Sus opiniones pueden ser incorrectas y mordaces, pero, en general, están lejos de ser estúpidas. He de decir que el modo de enfocar la historia que tiene Sean Patrick Shaul me parece el más adecuado, pues parte de la pregunta clave (¿es en verdad Uwe Boll el peor director de la historia del cine?) y deja que sean las propias películas (mediante imágenes cuidadosamente elegidas, lo que deja entrever un buen trabajo de documentación), su director, algunos de los que participaron en ellas y varios de quienes las masacraron los que la respondan. El hecho curioso es que Boll se nos revela como un Roger Corman en versión trash: alguien que controla todo el proceso de producción de sus películas, más interesado en la cantidad que en la calidad y mucho mejor dotado para levantar proyectos que para conseguir que el resultado artístico de los mismos sea, como mínimo, decente. Shaul comienza su narración en el momento en el que Boll, con su característica diplomacia de elefante en cacharrería, anuncia su retirada del cine, provocada por el hecho de que sus películas han dejado de ser rentables. A continuación repasa la trayectoria de Boll como director y le deja cuando ya se encuentra alejado del circuito cinematográfico. Eso sí, que nadie espere ver a un tipo hundido en el resentimiento: arrinconadas las cámaras, Boll se consagró a su otra gran pasión, la gastronomía, abriendo un restaurante en Vancouver que posee las virtudes de las que carecen sus películas: estilo, buen gusto, la pausa necesario para que el trabajo esté bien hecho y resulte también satisfactorio para la vista… y unas críticas en general muy favorables.

Un documental que recomiendo a todo el mundo, en el que lo que más me disgusta es la mojigata traducción al español de su título original, y donde sólo echo en falta declaraciones de las diversas estrellas de Hollywood (véanse los repartos de la mencionada BloodRayne o de En el nombre del Rey) que trabajaron a las órdenes de Uwe Boll, todo un personaje que, desde luego, no deja a nadie indiferente.


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