THELMA

THELMA. 2017. 116´. Color.

Dirección: Joachim Trier; Guión: Eskil Vogt y Joachim Trier;  Dirección de fotografía: Jakob Ihre;  Montaje: Olivier Bugge Coutté; Música: Ola Flottum;  Diseño de producción: Roger Rosenberg; Producción: Thomas Robsahm, para Motlys-Memento Films International (Noruega-Dinamarca-Francia-Suecia).

Intérpretes: Eili Harboe (Thelma); Kaya Wilkins (Anja); Henrik Rafaelsen (Trond); Ellen Dorrit Petersen (Unni); Grethe Elterbag (Thelma a los 6 años); Marte Magnusdotter Solem (Neuróloga); Anders Mossling (Dr. Paulsson); Vanessa Borgli, Steinar Kloumann Hallert, Ingrid Glever, Oskar Pask, Lars Berge.

Sinopsis: Thelma es una joven, con una psique especial y criada bajo unos estrictos valores cristianos que se tambalean cuando se matricula en la Universidad y allí conoce a una joven de la que se enamora.

El noruego Joachim Trier afianzó su carrera internacional con Thelma, una obra que supuso un cambio de registro en su filmografía en lo referente a la temática, por cuanto la película contiene elementos de terror psicológico, incluso sobrenatural, que hasta entonces parecían ajenos a los esquemas como cineasta de Trier. La apuesta resultó ganadora, pues Thelma ha contado desde su estreno con el beneplácito mayoritario de la crítica y ha logrado llegar a audiencias más amplias que las obras anteriores de este director.

Es importante para el éxito de una película que ésta se inicie con una escena que cause impacto en el espectador. Thelma cumple de sobras este requisito al iniciarse con la imagen de un hombre y una niña de caza en un paraje helado. De pronto, un ciervo aparece en mitad del bosque y el cazador le apunta con su escopeta. Al instante, cambia el objetivo del arma en dirección a la niña, sin que ésta se dé cuenta. El hombre no dispara, pero el espectador ya ha comprobado que no se dispone a ver una película ligera. Después, la acción se traslada al presente, y aquí cuesta que la película arranque, centrada como está en el choque cultural que supone para una joven (la niña de la primera escena) educada bajo férreos principios cristianos el ambiente universitario de la gran ciudad. Cuando esa joven descubre el amor, y no lo hace con un hombre, el choque se hace difícil de soportar. Esta parte de la narración podría ser una versión sosa de La vida de Adèle de no ser porque Trier, con buen tino y extrema sobriedad, va introduciendo en el relato distintos elementos que nos hacen ver que Thelma, la joven cristiana enamorada de una mujer, no es una persona cualquiera. Por ello, todo  el desasosiego que el complejo de culpa provoca en la muchacha generará consecuencias que van más allá de lo razonable, tal y como ya las generó en el pasado.

Siguiendo con la tradición escandinava, el estilo visual de Joachim Trier es frío, pero su buen gusto estético se vislumbra en multitud de planos y en escenas completas, como el prólogo o aquella en la que Trond, el padre de Thelma, sale a navegar en barca. Por ello no acaban de encajar, por excesivo contraste y por situar al espectador al borde del ataque epiléptico, la escena de la discoteca y la de la prueba neurológica de Thelma.  Cuando Trier apuesta por la contención, el resultado es notable pues, como dije, este director demuestra poseer una acusada habilidad para crear imágenes dotadas de belleza. Esa cualidad se extiende también al tratamiento de una acertada banda sonora: véase, por ejemplo, cómo se muestra el  enamoramiento de Thelma ofreciéndonos la música que escucha la chica en su interior cuando baila junto a Anja , para después enlazar con la que está sonando en la realidad. Se agradece que el autor, sin dejar de mostrar la naturaleza castradora del cristianismo, huya de lo fácil y muestre la relación entre víctimas y victimarios de la represión moral con una ambigüedad que la hace más verosímil. Thelma no deja de ser una esclava de sus miedos, provocados en buena parte por la educación recibida, que la convierte en un ser exótico en el mundo real, pero es también un ser esencialmente cruel que permite a Trier reflexionar sobre la naturaleza del deseo… y decirnos que no siempre la represión es algo negativo.

Los elementos sobrenaturales, que suelen desagradar al ateo materialista que llevo dentro, aportan significado a la película, sin que lleguen a percibirse como traídos por los pelos. Bien pensado, es difícil mostrar de una manera totalmente naturalista lo que sucedería si fuéramos capaces de llevar a la práctica aquello que deseamos con más fuerza, que muchas veces coincide con lo que nunca deberíamos desear.  

El trabajo del para mí desconocido reparto me parece de calidad, empezando por el de Eili Harboe, la principal protagonista, a la que veo madera de gran actriz dramática por su capacidad para mostrar el desgarro interior de su personaje sin resultar excesiva. A la debutante Kaya Wilkins le corresponde el papel de musa, y como posee gracia, sale bien parada de su intervención, aunque su nivel interpretativo no es el de Harboe. Henrik Rafaelsen hace gala de esa expresiva contención que tanto valoro en los buenos actores nórdicos, y he de destacar también la actuación de Ellen Dorrit Pedersen en el papel de la madre de Thelma, un ser curtido en el sufrimiento y postrado en una silla de ruedas.

Sin duda, Joachim Trier es un director cuya obra hay que seguir. Thelma  es, entre otras cosas, un film rodado por un cineasta talentoso, y ya sólo por eso sería recomendable. Además, es una película poderosa, y tiene alma, por lo que no es una de esas obras que olvidas nada más ver.

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