HAVE A NICE DAY

HAO JILE/ HAVE A NICE DAY. 2017. 75´. Color.

Dirección: Liu Jian; Guión: Liu Jian; Dirección de fotografía: Lin Shan; Montaje: Liu Jian; Música: The Shanghai Restoration Project; Producción: Yang Cheng, Liu Jian y Jin Rui, para LeJoy Animation Studio-NeZha Bros. Pictures- Jiamei Spring Pictures (China).

Intérpretes: Zhu Changlong (Voz de Xiao Zhang); Cao Kai (Voz de Zhao Lao); Liu Jian (Voces de Yuanjun y Li Er); Yang Shiming (Voz del tío Liu); Shi Haitao (Voz de A De); Ma Xiaofeng (Voz de Shoupi); Xue Feng (Voz de Lao San); Zheng Yi (Voz de Erjie); Cao Kou (Voz de Huangyan); Zhu Hong, Wang Da, Wu Yu, Zhao Xingjun, Zeng Hongyu.

Sinopsis: Un conductor roba una bolsa llena de dinero que pertenece a un gángster. Durante unas horas, un grupo de personajes guiados por la codicia tratan de hacerse con el botín.

Have a nice day es, prácticamente, la primera noticia que tenemos por estos lares de la existencia de un cine de animación para adultos en China. Su responsable es Liu Jian, un joven director que con su segundo largometraje topó, como era previsible, con la censura de su país, pero logró traspasar fronteras y exhibir en Occidente un producto que, a la postre, fue recibido con más expectación que entusiasmo.

Lo que conocemos en Europa del cine de animación asiático proviene del país que más prestigio ha conseguido con sus producciones, Japón, y también, y sobre todo en los últimos años, de la boyante industria de Corea del Sur. El visionado de Have a nice day confirma que este género se encuentra aún en China en un estado embrionario, lejos del alto grado de perfección que se ha logrado en otras latitudes. Hablamos de una película en la que el influjo occidental es tan notable que, de no ser por los rasgos físicos de sus personajes, resulta difícil de ubicar geográficamente. Y he aquí uno de los mayores defectos que le he encontrado al film: le falta China. Liu Jian nos presenta una trama en la que la influencia de Quentin Tarantino es notoria, pero a la que, entre tanta referencia a elementos universales de la cultura popular, le faltan elementos definitorios propios. Vista la película, lo único que podemos saber de China es algo que a nadie se le escapa: que en esa extensa nación, teóricamente comunista y convertida en la práctica en el sueño húmedo realizado de todo oligarca occidental, la codicia mueve el mundo al igual que sucede en la práctica totalidad de las zonas habitadas del planeta. Sospecho que algo tiene que ver la censura en ello, pero a la historia le faltan toques propios que la alejen del pastiche tarantiniano.

Un joven conductor roba una bolsa llena de dinero, cuyo dueño se nos muestra en el prólogo como un torturador, con la noble intención de invertirlo en recomponer a su novia, candidata a protagonizar un episodio de la versión china de Chapuzas estéticas. Los distintos personajes que van descubriendo el robo coinciden en la misma idea: hacerse con la bolsa de los huevos de oro al precio que sea necesario. Sumen a un asesino a sueldo, contratado por el gángster ultrajado para recuperar lo que era suyo, y ya tienen la historia servida. La cuestión es que esa historia ya nos la han presentado infinidad de veces, muchas de ellas con mejor sabor. Liu Jian mezcla algunas buenas ideas, como mostrar el inmenso, y muchas veces peligroso, poder de la tecnología, o exhibir un concepto pesimista de la vida como lucha de todos contra todos, con un sinfín de tópicos modernos que dejaron de ser originales después del estreno de la tercera película de Guy Ritchie. De ellos, sólo salvo el sueño kitsch, con canción incluida, sobre la soñada huida a Shangri-La de una de las protagonistas.

De las funciones que ejerce en el film, diría que Liu Jian es mejor montador que director, y mejor director que guionista. La película es corta, y se ve con facilidad. Algunos de los aportes musicales son interesantes, y sí, el dibujo es rudimentario, pero efectivo en una trama más bien sórdida en la que abundan los tonos grises. Aquí, las influencias del director se van hacia Otomo u Oshii, aunque las comparaciones son un tanto odiosas.

En el trabajo de quienes dan voz a los personajes predomina el hieratismo. La ausencia de actores profesionales en el elenco se nota para mal, pues en los intérpretes se adivina más voluntad que dominio del medio. Por destacar a alguien, creo que Yang Shiming logra emerger un poco de la atonía general en este importante apartado.

Opino que Have a nice day es una película más importante para China, como embrión de una industria que puede tener mucho futuro, que para el resto del mundo, ya acostumbrado a ver productos de similar naturaleza y mayor calidad. Pasable, a secas.

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