FRANKENSTEIN DE MARY SHELLEY

MARY SHELLEY´S FRANKENSTEIN. 1994. 123´. Color.

Dirección: Kenneth Branagh; Guión: Steph Lady y Frank Darabont, basado en la novela de Mary Shelley; Director de fotografía: Roger Pratt;  Montaje: Andrew Marcus; Música: Patrick Doyle;  Dirección artística: Martin Childs (Supervisión); Diseño de producción: Tim Harvey; Vestuario: James Acheson; Producción: John Veitch, Francis Ford Coppola, James V. Hart, David Parfitt y Kenneth Branagh, para American Zoetrope-Tri Star Pictures (EE.UU.).

Intérpretes: Kenneth Branagh (Victor Frankenstein); Robert De Niro (La criatura); Helena Bonham Carter (Elizabeth); Tom Hulce (Henry); Ian Holm (Padre de Victor); Aidan Quinn (Capitán Walton); John Cleese (Profesor Waldman); Robert Hardy (Profesor Krempe); Richard Briers (Abuelo); Cherie Lunghi (Madre de Victor); Trevyn McDowell (Justine); Celia Imrie (Mrs. Moritz); Gerard Horan, Mark Hadfield, Joanna Roth, Richard Bonneville, Jimmy Yuill, Richard Clifford, George Asprey, Susan Field.

Sinopsis: El joven doctor Victor Frankenstein sufre un un golpe terrible por la trágica pérdida de su madre y parte a estudiar a Ingolstadt con la intención de realizar experimentos que lleven al hombre a poder burlar a la muerte.

El estreno del Drácula de Francis Ford Coppola significó el primer intento de actualizar los clásicos del cine de terror a los gustos de las audiencias de finales del siglo pasado, un poco al estilo de lo que décadas antes hizo la Hammer con las películas de la Universal, pero primando la fidelidad a las fuentes literarias originales y asumiendo los métodos de las grandes producciones de Hollywood. El siguiente capítulo fue la adaptación de Frankenstein, para la que se confió la dirección a un Kenneth Branagh que se había encumbrado gracias a sus adaptaciones de obras de Shakespeare, llegando a ser conocido como el nuevo Laurence Olivier. No obstante, la película fue un fracaso de crítica y público, bastante exagerado a mi modo de entender. El rechazo a esta obra llevó a alguna mente ingeniosa a decir que el film era el monstruo de Frankenstein de Kenneth Branagh. Y algo de eso hay.

Para empezar, la película no engaña en algo fundamental: se trata de la adaptación cinematográfica más fiel a la novela de Mary Shelley de las realizadas hasta la fecha. Hay que hacer constar que dicha fidelidad no es absoluta, y que uno de los cambios introducidos, consistente en priorizar la relación amorosa entre Victor y Elizabeth, hace que a uno le parezcan justificados los reproches que se le hacen al film de Branagh respecto a este punto, pues esas escenas hacen decaer el interés del espectador y ralentizan la acción más que otra cosa. Por lo demás, considero que las cualidades de la película son mucho más relevantes que sus defectos, empezando por el espectacular inicio, en el que el navío mandado por el capitán Walton, un visionario ansioso por ser el primer ser humano en pisar el Polo Norte, choca contra un iceberg y queda varado en el hielo, de donde aparece, como un fantasma, un agonizante Victor Frankenstein, que explica a Walton su desgraciada historia mientras de fondo se escuchan los desgarradores alaridos de su criatura. Considero que este prólogo es de alto nivel cinematográfico. Las escenas que muestran la idílica existencia del joven doctor en su Ginebra natal no poseen el mismo interés, salvo la que siembra la semilla de la desgracia: la muerte de la madre de Victor durante el parto de Willie, su hermano menor. Después, la película vuelve a volar alto cuando el protagonista se traslada a Ingolstadt para proseguir en sus estudios de Medicina y entra en escena el profesor Waldman, un científico de ideas avanzadas que logró devolver la vida a un cuerpo humano inerte, tal como ansía hacer Frankenstein, pero que renunció a continuar con esos experimentos porque su resultado fue una abominación. Victor quiere llegar aún más lejos que Waldman, y lo logra cuando éste fallece y el joven doctor se hace con las notas de sus experimentos. Sin embargo, no logra superar a su maestro: su criatura, construida con partes de distintos seres humanos, posee una gran fuerza física pero su apariencia es monstruosa. Victor da a su criatura por muerta y vuelve a su ciudad natal para ejercer la medicina y casarse con su prometida, pero su creación reaparece en su vida para consumar su venganza por el abandono sufrido.

Es cierto que Branagh, fiel a su pasado, construye un film más shakespeariano que estrictamente gótico o romántico, y que en ocasiones le pierden su tendencia a la declamación y una apuesta visual efectista no siempre acertada. Es evidente que al director inglés le encantan los planos cenitales, y que la mayoría de ellos están muy bien, pero abusa de ellos, al igual que hace con los travellings circulares, que si bien aportan brío cuando ilustran los experimentos de Frankenstein en su laboratorio, no están igual de justificados en las escenas de baile (aquí, Visconti en El gatopardo y Cimino en La puerta del cielo ya hicieron lo máximo que se podía hacer), y aún menos en las que el protagonista comparte con Elizabeth. Cuando Branagh se pone más sobrio tras la cámara (por ejemplo, en las escenas que narran el período en el que la criatura se refugia junto a la familia del abuelo ciego, o en la que muestra el encuentro entre creador y criatura en la cueva helada) la narración se hace menos dispersa y gana enteros.

Al margen de estos tics de director, la película es muy buena técnicamente, acorde al gran presupuesto que maneja. El montaje es ágil, la fotografía distinguida, y tanto la escenografía como el vestuario me parecen de primer nivel. De matrícula de honor es la banda sonora de Patrick Doyle, cuyo trabajo en esta película creo que no se ha valorado lo suficiente. En lo épico, que es lo que más abunda, y en lo intimista, la partitura de Doyle no deja de brillar.

Vayamos con los actores. La interpretación de Kenneth Branagh es uno de los aspectos más criticados de la película, y es cierto que en algunas escenas hay motivos para llenar de razones a los detractores del británico, pues se deja llevar por el histrionismo y a ratos parece más Hamlet que Frankenstein. Branagh debería haber revisado la saga de la Hammer que protagonizó Peter Cushing, pero pese a ello, y a sus ataques de narcisismo, creo que a ratos su trabajo es inspirado. El de Robert De Niro lo es todo el tiempo, pues pese al maquillaje consigue mostrar todo el rencor, y a la vez todo el desvalimiento de una criatura que no eligió nacer y que es rechazada por todos por su fealdad y por el miedo que inspira. He dicho que el papel que interpreta Helena Bonham Carter está sobredimensionado respecto al que tiene su personaje en la novela, pero también he de decir que su actuación es notable. Ian Holm es un actor de primera fila, y lo vuelve a demostrar en el rol de un hombre bueno, pero absolutamente superado por un cúmulo de desgracias ajenas por completo a él. Aidan Quinn, que da vida al capitán Walton, testigo de primera mano y narrador de la historia, también raya a buen nivel, pero hay que hacer una mención especial a John Cleese, espléndido en un papel del todo alejado de su característica comicidad. Y no quiero dejar pasar este capítulo sin mencionar que la interpretación de Celia Imrie es de gran calidad.

El Frankenstein de Kenneth Branagh y Mary Shelley me gustó al verlo en su estreno, y hoy, un cuarto de siglo después, me ratifico en la idea de que es mucho mejor película de lo que se dijo en su momento, pues contiene algunas escenas memorables y, en conjunto, posee unas virtudes que ni entonces, ni mucho menos ahora, se ven muchas veces al año en las salas de cine. Con sinceridad, opino que quienes creen que la película no está a la altura de sus elevadas pretensiones, yerran más que aciertan.

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