VIVIR ES FÁCIL CON LOS OJOS CERRADOS

VIVIR ES FÁCIL CON LOS OJOS CERRADOS. 2013. 107´. Color.

Dirección: David Trueba; Guión: David Trueba; Dirección de fotografía: Daniel Vilar;  Montaje: Marta Velasco; Música: Pat Metheny; Diseño de producción: Pilar Revuelta; Producción: Cristina Huete, para Fernando Trueba Producciones Cinematográficas (España).

Intérpretes: Javier Cámara (Antonio); Natalia de Molina (Belén); Francesc Colomer (Juanjo); Ramon Fontseré (El Catalán); Jorge Sanz (Padre de Juanjo); Ariadna Gil (Madre de Juanjo); Rogelio Fernández (Bruno); Celia Bermejo, Eduardo Antuña, Belinda May Carroll.

Sinopsis: Un maestro de escuela de Albacete, que enseña inglés a sus alumnos por medio de las letras de las canciones de los Beatles, viaja hasta Almería para conocer a John Lennon.

La carrera como director de David Trueba estaba lejos del éxito continuado que se auguraba después de la adaptación al cine de Soldados de Salamina hasta que llegó Vivir es fácil con los ojos cerrados, comedia dramática basada en una historia real que arrasó en los Goya y sirvió para devolver el nombre de David Trueba al primer plano del panorama cinematográfico español.

La acción tiene lugar en el tardofranquismo, pero en una España en la que el relativo bienestar económico del que empezaban a disfrutar las clases medias urbanas no se veía ni de lejos. Esa España en la que se rodaban westerns baratos a mansalva y que, de vez en cuando, acogía la filmación de películas de mayor enjundia. Una de ellas fue Cómo gané la guerra, que incluía nada más y nada menos que a John Lennon entre sus protagonistas. La historia del profesor que viaja desde Albacete hasta Almería para conocer al beatle y que por el camino recoge a un par de adolescentes con problemas con los que compartir su aventura sirve a Trueba para filmar una road movie iniciática que, pese a sus buenos mimbres, se queda a medio camino de lo que podría haber sido.

Opino que Vivir es fácil con los ojos cerrados es una buena película en lo literario, más en su vertiente de comedia que en la dramática, pero también un film carente de encanto visual y en el que la inspiración aparece de manera esporádica. Para empezar, el vestido que se le pone a la historia real en la que se apoya el relato le queda a aquélla demasiado corto, pues las vivencias de los dos adolescentes coprotagonistas nunca alcanzan el mismo interés que la peripecia de Antonio, ese maestro, hombre bueno en el sentido machadiano del término, que enseña inglés a sus alumnos con la ayuda de unas canciones denostadas por el régimen franquista. Presa de un entusiasmo se diría que impropio de un hombre adulto, el plan de Antonio consiste en viajar hasta Almería para conocer a John Lennon y pedirle que, en adelante, su grupo incluya las letras de sus canciones, que él traduce sin más ayuda que la de su oído, en sus álbumes.

El retrato de esa España cuya gran baza en la época era que casi todo en ella no podía más que mejorar me satisface a medias, pues se cuentan las miserias (el atraso secular de la Andalucía rural, los estragos de la opresiva moral nacional-católica en los niños y los jóvenes, la falta de libertad) de un modo que ya hemos visto mejor explicado en otras películas, sin que la denuncia alcance a ser tan radical como aparenta. En su retrato de los campesinos andaluces, diría que Trueba confunde lo brutal con lo embrutecido, pero esta es una cuestión menor si la comparamos con el descenso de la calidad que se percibe cada vez que el film se adentra de manera más descarada en el drama (la escena de la bronca familiar a raíz del corte de pelo de Juanjo es una acumulación de tópicos; hay más tino al ilustrar los motivos que empujan a huir a Belén, la adolescente embarazada, pero es que tampoco creo que este personaje aporte gran cosa a la historia principal).

Otro problema ya comentado es que a nivel visual la película es muy plana, sin que haya nada en la puesta en escena que no pueda calificarse de rutinario. Especialmente desacertado me parece el escaso provecho que se saca de un genio de la música como Pat Metheny, cuya aportación se limita a unos brillantes, pero muy breves, apuntes guitarrísticos para ornamentar las escenas de carretera.

La película cuenta entre sus grandes puntos a favor con una excelente interpretación de Javier Cámara, muy cómodo en un personaje que desprende bonhomía y que conoce el modo de darle color a una existencia gris. En cuanto a los jóvenes coprotagonistas, el trabajo de Natalia de Molina es bastante correcto, cosa que no se puede decir del de un Francesc Colomer que, además de andar muy justo de expresividad, exhibe un acento catalán impensable en un adolescente madrileño. Ramon Fontseré sí que es un buen actor, y se nota. A Jorge Sanz el papel de padre autoritario le viene un poco grande, y Ariadna Gil vuelve a demostrar que no hay mucha actriz detrás de sus bellos ojos.

Vivir es fácil con los ojos cerrados es una película que busca, a veces de manera un tanto forzada, la complicidad del espectador, y que reúne muchos elementos para gustar aunque, en lo que a mí respecta, no termina de conseguirlo, pues la considero una gran historia aprovechada sólo a medias. No se me escapa que proporcionarle ramificaciones cinematográficamente convincentes a la historia de un hombre que, sin añadidos, se hubiera pasado gran parte de su aventura solo y en la carretera no es asunto sencillo, pero creo que David Trueba sólo sale vencedor del desafío cuando apuesta por la comedia.

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