78/52: LA ESCENA QUE CAMBIÓ EL CINE

78/52. 78 SHOTS & 52 CUTS THAT CHANGED CINEMA FOREVER. 2017. 88´. B/N.

Dirección: Alexandre O. Philippe; Guión: Alexandre O. Philippe; Dirección de fotografía: Robert Muratore;  Montaje: Chad Herschberger; Música: Jon Hegel; Producción: Kerry Deignan Roy, para Exhibit A Productions-Milkhaus-Screen Division-Sensorshot Productions-ARTE (EE.UU.).

Intérpretes: Alfred Hitchcock, Jamie Lee Curtis, Marli Renfro, Mick Garris, Danny Elfman, Elijah Wood, Eli Roth, Illeana Douglas, Walter Murch, Karyn Kusama, Peter Bogdanovich, Bret Easton Ellis, Scott Spiegel, Richard Stanley, Leigh Whannell, Daniel Noah, Guillermo del Toro, Osgood Perkins, Aaron Moorhead, Stephen Rebello.

Sinopsis: La icónica escena de la ducha de Psicosis explicada desde todos los ángulos posibles.

78 planos y 52 cortes de edición se utilizaron para componer una escena de tres minutos que marcó un antes y un después en la historia del cine. Desde la más entregada cinefilia, Alexandre O. Philippe desmenuza aquella mítica escena en este documental, premiado en el festival de Sitges con el primer premio en su categoría.

Philippe empieza por el principio o, lo que es lo mismo, por situar en contexto a la película objeto de su homenaje para analizar el impacto que causó en el público estadounidense (como primer punto a criticar, decir que se ignora por completo la reacción que Psicosis generó en el resto del mundo en el momento de su estreno). En 1959, muchas cosas estaban cambiando en una América que despertó bruscamente del sueño de plácida prosperidad vivido durante la presidencia de Eisenhower. Poco antes, se habían conocido los aberrantes crímenes de Ed Gein, que inspiraron a Robert Bloch para su novela Psycho. A finales del mencionado año, en el que afloraban los problemas políticos que convirtieron la década de los 60 en una de las más convulsas de la historia de los Estados Unidos, otro suceso causó un brutal impacto entre la población: el asesinato de la familia Clutter a manos de dos jóvenes delincuentes que estaban en libertad condicional (y que llevó a Truman Capote a escribir una de las grandes obras literarias del siglo XX). Estos cambios estaban llegando al cine, pues mientras Alfred Hitchcock conseguía uno de los mayores éxitos de su carrera gracias a Con la muerte en los talones, ese año se estrenaron films como Anatomía de un asesinato, De repente el último verano o Con faldas y a lo loco que, cada uno a su manera, contribuían a ensanchar los muros de la censura cinematográfica. Hitchcock, siempre hábil para averiguar hacia dónde se inclinaban los gustos del gran público, decidió dar un giro a su carrera, volver al blanco y negro y dirigir un auténtico film de terror basado en la novela de Bloch. El resto, y esta vez no es una exageración decirlo, es historia.

¿Qué decir de una película y de una escena de las que ya se han dicho tantas cosas? Alexandre O. Philippe opta por la respuesta más evidente: todo, lo ya dicho y alguna novedad interesante. Para ello, cuenta con cineastas y actores contemporáneos y, lo que considero más importante, con algunos testimonios de personas que participaron en la película, o que vivieron el impacto que ésta generó en su época. Al escuchar las distintas opiniones, algunos comentarios resultan reiterativos, y otras veces queda la sensación de que, pese a que Hitchcock era un obseso del detalle, se le dan a la escena interpretaciones en las que seguramente el director londinense no llegó ni a pensar. De hecho, se incluye en el documental una entrevista suya en la que afirma que Psicosis era “una broma que veo que mucha gente ha tomado en serio”. Broma o no, lo cierto es que Hitchcock se saltó muchas reglas en esta película, empezando por la de no cargarse a la protagonista antes de la mitad del metraje. Todo en Psicosis converge hacia la escena de la ducha, génesis del cine de terror moderno e icono popular que, por cierto, sólo fue rodada a medias por Janet Leigh (su cuerpo fue reemplazado por el de Marli Renfro, una conejita de Playboy que aparece en 78/52) y en la que el actor que interpretaba a Norman Bates, Anthony Perkins, ni siquiera llegó a intervenir.

Se acierta, creo, cuando se afirma que Hitchcock, indisimulado misántropo y producto de una estricta educación católica, juega con la idea de la culpa (la protagonista es una ladrona que vive una relación adúltera) y sugiere al espectador que la brutalidad del crimen indiscriminado puede estar en cualquier esquina o, peor aún, en el espacio más íntimo imaginable: un cuarto de baño. También a la hora de mostrar que la escena es fruto de un trabajo colectivo, en el que la contribución de Saul Bass (autor del storyboard), George Tomasini (montador) y, sobre todo, Bernard Herrmann, fue fundamental. Volviendo al film de Alexandre O. Philippe, la aportación al conjunto de Elijah Wood y sus dos compañeros de sofá no la acabo de ver, y no es que sus intervenciones sean escasas. Como suele suceder, los directores tienen más que decir. También personajes de extensa y brillante trayectoria cinematográfica como Walter Murch o Danny Elfman, que dan lustre a la película de Philippe al hablar de sus respectivos campos.

78/52 queda como un film muy recomendable para cinéfilos curiosos, y también para aquellos que consideran que el arte es sencillo de hacer y de explicar. Transcurrido más de medio siglo desde el estreno de Psicosis, todos hemos visto escenas mucho más violentas en las películas que la del asesinato de Marion Crane; pocas, eso sí, tan perturbadoras. El sinfín de homenajes, recreaciones y parodias que ha generado esa escena, y el hecho de que se sigan filmando documentales para explicarla, dicen de su valor más que cualquier otra cosa.

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