REBOBINE, POR FAVOR

BE KIND REWIND. 2008. 102´. Color.

Dirección: Michel Gondry; Guión: Michel Gondry; Dirección de fotografía: Ellen Kuras;  Montaje: Jeff Buchanan; Música: Jean-Michel Bernard; Diseño de producción: Dan Leigh; Dirección artística: James Donahue; Producción: Georges Bermann, Julie Fong y Michel Gondry, para Partizan Films-Focus Features-New Line Cinema (EE.UU.).

Intérpretes: Jack Black (Jerry); Mos Def (Mike); Danny Glover (Mr. Fletcher); Mia Farrow (Sra. Falewicz); Melonie Díaz (Alma); Irv Gooch (Wilson); Sigourney Weaver (Srta. Lawson); Kid Creole (Empleado del videoclub West Coast); Paul Dinello (Mr. Rooney); Chandler Parker, Arjay Smith, Quinton Aaron, Tomasz Soltys, Heather Lawless, David Slotkoff, Frank Heins, Karolina Wydra, Harvey Hogan, Jon Glaser, Matt Walsh.

Sinopsis: El mejor amigo de un joven dependiente de videoclub cree que una central eléctrica cercana es utilizada por el gobierno para controlar a la gente. Al intentar sabotearla, queda magnetizado, y eso hace que todas las videocasettes del videoclub se borren.

Michel Gondry, cineasta que cimentó su prestigio entre la modernidad gracias a sus trabajos en el videoclip, se ha construido una carrera tan personal como irregular, en la que el hito más destacable es la excelente Olvídate de mí. Su siguiente proyecto importante, Rebobine por favor, que Gondry escribió, dirigió y produjo, no suscitó idéntico entusiasmo, pues pocos la consideraron una película tan redonda como su antecesora. En lo que a mí respecta, el visionado de esta mezcla de homenaje surrealista al cine popular y cuento de hadas cotidiano me dejó un buen sabor de boca.

Cuando uno lee el argumento de Rebobine por favor, lo normal es que espere que la película sea una marcianada, y en verdad lo es (bueno, es una suecada, para ser exactos). Dicho esto, no estamos ante la modernez insustancial que cabría suponer en un producto de esta naturaleza: el film tiene alma, ya sea en su aproximación al humor absurdo o en su postrero giro hacia la comedia amable. El epicentro de la trama, en la que por cierto se aprecia más ingenio que verosimiltud, se sitúa en un videoclub que en más de un aspecto recuerda al de Clerks , aunque aquí el punto gamberro es más ingenuo que cafre. Los protagonistas son dos verdaderos inadaptados, pero llenos de bondad y entusiasmo. Al principio, sus actos y diálogos marcan el tono surrealista de las escenas, que culmina cuando descubren que el fracaso de Jerry en el sabotaje de la central eléctrica ha tenido una consecuencia inesperada, a la par que desastrosa para el negocio en el que Mike trabaja: el joven ha quedado magnetizado, y accidentalmente borra el contenido de todas las cintas VHS de la tienda. Para más inri, esto ocurre en ausencia del dueño del local. ¿Cómo arreglar semejante despropósito? Pues con otro mayor: cuando una de las clientas más fieles del videoclub pide alquilar Los Cazafantasmas, a Mike y Jerry no se les ocurre otra cosa que rodar una versión de la película. Cutrísima, obviamente, pero viva. Quizá por ello, el invento obtiene un éxito insospechado, y los dos tipos raros se convierten, primero, en los suministradores de ocio más solicitados del barrio y, después, en los artífices de unos filmes en los que interviene buena parte de la vecindad.

Michel Gondry es un notable creador de imágenes. Como narrador, sus flaquezas son perceptibles, pero a nivel visual es un director dotado de mucho talento que asume bien el cambio de medio y no trata de hacer videoclips en sus largometrajes. Se nota, además, que el hombre se lo pasó en grande rodando esas descacharrantes versiones de Paseando a Miss Daisy, Robocop (en mi opinión, la más divertida al margen de la que da inicio al experimento), El rey león o 2001. En escenas como la del frustrado asalto a la central eléctrica o la del no menos estrambótico robo al videoclub de la competencia queda claro que Gondry tenía cada plano en su cabeza antes de rodar la película, al margen de la capacidad técnica suficiente como para que lo que vemos en pantalla difiera poco de la idea original. El director, además, tiene su corazoncito (reservado a los talentos del pasado que abrieron el camino a gente como él: en todo lo relacionado con el film de homenaje a una de las primeras leyendas del jazz, Fats Waller, pericia técnica y lirismo van de la mano), y su mala leche, que se centra en Hollywood como industria monopolística y en quienes destruyen la esencia de los viejos barrios con fines especulativos.

Considero que Jack Black es un sobreactor estomagante, y a estas alturas veo difícil que una interpretación suya pueda llegarme a convencer. A las órdenes de Gondry, Black recrea su personaje de toda la vida y, con ello, logra desentonar de un modo paradójicamente acorde con el conjunto. Tampoco es que Mos Def sea un actor destacable pero, no me pregunten cómo, esta curiosa pareja funciona. Melonie Díaz da el pego en su papel de actriz y colaboradora imprescindible en las fechorías fílmicas de Mike y Jerry, pero las notas más altas son para los veteranos: un entrañable Danny Glover, una lunática Mia Farrow que no da la impresión de estar actuando mucho y una Sigourney Weaver que entra en la película como una apisonadora, nunca mejor dicho.

Rebobine por favor es una película divertida, que juega mucho con la idea de lo que es y representa el cine, y que sabe ir variando de tono hasta formar un conjunto mucho menos deslavazado y trivial de lo que aparenta. No encuentro ni rastro del tropiezo que muchos han visto en esta película, aunque considero que Michel Gondry es un director al que hay que seguir la pista, incluso cuando tropieza. Que, repito, no es el caso.

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