LOS DÍAS DE LA IRA

I GIORNI DELL’IRA. 1967. 109′. Color.

Dirección: Tonino Valerii; Guión: Ernesto Gastaldi, Tonino Valerii y Renzo Genta, basado en la novela Der tod ritt dienstags, de Ron Barker (Rolf Becker); Dirección de fotografía: Enzo Serafin;  Montaje: Franco Fraticelli; Música: Riz Ortolani;  Diseño de producción: Piero Filippone; Producción: Alfonso Sansone y Henryk Chroscicki, para Sancroslap-Corona Filmproduktion-Divina Film (Italia-República Federal Alemana).

Intérpretes: Lee Van Cleef (Frank Talby); Giuliano Gemma (Scott Mary); Walter Rilla (Murph); Christa Linder (Gwenn); Lukas Ammann (Juez Cutcher); Ennio Balbo (Turner, el banquero); Andrea Bosic (Abel Murray); José Calvo (Bill, el ciego); Giorgio Gargiullo (Sheriff Nigel); Anna Orso (Eileen Cutcher); Al Mulock (Wild Jack); Hans Otto Alberty, Yvonne Sanson, Nino Nini, Virgilio Gazzolo, Ferruccio Viotti.

Sinopsis: Un joven, que se encuentra en lo más bajo de la escala social por ser hijo de una prostituta, se convierte en la mano derecha de un pistolero que ha llegado a la ciudad para apropiarse de un botín.

El italiano Tonino Valerii fue uno de los muchos cineastas que hizo fortuna en los años 60 gracias al boom del spaghetti-western, género que reventó taquillas a la sombra de los grandes éxitos del dúo que formaron Sergio Leone y Clint Eastwood.  Los días de la ira incorpora a uno de los estandartes de la trilogía del dólar leoniana, Lee Van Cleef, y, aunque no es la película más célebre de las dirigidas por Valerii (esa condición le corresponde a Mi nombre es ninguno), sí existe cierto consenso a la hora de considerarla como la mejor.

Si bien directores como Corbucci o Sollima hicieron estimables contribuciones al western europeo, lo cierto es que la calidad cinematográfica de la gran mayoría de los spaghetti-westerns que no llevan la firma de Sergio Leone es escasa. Los días de la ira es una excepción a esta regla, pues está rodada de una forma competente y se apoya en un guión bastante más trabajado de lo que era habitual en el subgénero. El elemento más característico del mismo a nivel argumental, que es la venganza, es el eje de la narración, pero aspectos como el clasismo o la relación maestro-discípulo son también muy relevantes en la trama. Scott es, socialmente, un apestado, que desde niño ha conocido poco más que el desprecio y la humillación. Sólo un viejo caído en desgracia y un ciego le respetan. Sueña con convertirse en pistolero, pero sus ahorros ni siquiera le alcanzan para comprarse un arma. Todo cambia para él con la llegada a su ciudad de Frank Talby, que encarna todo lo que Scott quisiera ser: un tipo duro, experto tirador y temido incluso por los poderosos. A la sombra del recién llegado, Scott adquiere destreza en el manejo de las armas y, lo que es más importante, status social, lo que le sirve para devolver pasadas afrentas a quienes le maltrataron. El giro que provoca el enfrentamiento entre ambos personajes me resulta forzado y poco creíble pero, hasta ahí, la película está bien construida. Se agradece, por otra parte, que se prescinda del habitual romance metido con calzador.

La tentación de imitar a Leone es importante, pues él fue quien marcó la estética del spaghetti-western, además de ser un director fascinante en lo visual. Valerii cae en ella más de una vez, con resultados a veces interesantes (la escena del duelo entre Talby y Wild Jack es un buen ejemplo de ello), pero en general opta por un estilo más sobrio y pulido que le diferencia de los imitadores menos distinguidos del genio romano, con aseados movimientos de cámara y una utilización del zoom que huye del trazo grueso. La música, de Riz Ortolani, sí que me parece una copia mediocre de las recordadas partituras de Ennio Morricone, pero el tema principal tiene su punto.

En mi opinión, uno de los detalles que fallan en la película es la diferencia de calidad entre los dos actores protagonistas. Mientras Lee Van Cleef está perfecto en un papel que tiene mucho que ver con el coronel Mortimer de La muerte tenía un precio, Giuliano Gemma, un intérprete que empezó a hacerse un nombre en los péplums y encontró su lugar en el sol en los films rodados en Almería, me parece poco creíble en la piel de un hombre humillado que acaba imponiendo su ley gracias al dominio del revólver que ha adquirido gracias a su mentor. No me parece que Gemma sea tan buen actor como para hacer verosímil la metamorfosis de su personaje, que es una especie de Cenicienta con espuelas y cinturón de balas. Entre el batiburrillo de secundarios de procedencias bastante diversas es de destacar la labor del veterano Walter Rilla, así como la belleza de una Christa Linder cuyo personaje debería haber tenido mayor relevancia, un poco a lo Marlene Dietrich. Sólo la escena en la que Linder interpreta una canción en el saloon le otorga protagonismo.  Del resto, bien Lukas Ammann y el español José Calvo.

Los días de la ira es un film francamente entretenido que, con todas sus imperfecciones, está bastante por encima de lo que cabría esperar de la enésima imitación de Sergio Leone. El carisma de Lee Van Cleef y una elaborada historia consiguen que esta película sea una referencia para todo fan del spaghetti-western que se precie.

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