ROJOS

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REDS. 1981. 194´. Color.

Dirección: Warren Beatty; Guión: Trevor Griffiths y Warren Beatty; Dirección de fotografía: Vittorio Storaro;  Montaje: Dede Allen y Craig McKay; Dirección artística: Simon Holland; sica: Stephen Sondheim y Dave Grusin; Diseño de producción: Richard Sylbert; Producción: Warren Beatty, para JRS Productions- Paramount Pictures (EE.UU.).

Intérpretes: Warren Beatty (John Reed); Diane Keaton (Louise Bryant); Jack Nicholson (Eugene O´Neill); Maureen Stapleton (Emma Goldman); Edward Herrmann (Max Eastman); Paul Sorvino (Louis Fraina); Jerzy Kosinski (Zinóviev); Gene Hackman (Pete Van Wherry); Joseph Buloff (Joe Volski); Jan Triska (Radek); Josef Sommer, Nicolas Coster, M. Emmett Walsh, George Plimpton, William Daniels, Roger Sloman, Jerry Hardin, Shane Rimmer, Jack Kehoe, R.G. Armstrong, Oleg Kerensky, Roger Baldwin, Henry Miller, Adela Rogers St. Johns, Dora Russell, Scott Nearing, Isaac Don Levine, Rebecca West, Arne Swabeck, Art Shields, George Jessel, Jessica Smith, Adele Gutman Nathan, Emmanuel Herbert.

Sinopsis: Biografía de John Reed, periodista estadounidense que vivió desde la primera línea la Revolución rusa de 1917.

El primer largometraje dirigido en solitario por Warren Beatty, Rojos, supuso el mayor éxito de su carrera detrás de las cámaras. La biografía de John Reed, el periodista que explicó al mundo la Revolución rusa, fue un proyecto personal que Beatty logró levantar con no poco esfuerzo y que le supuso, entre otras cosas, ser nominado al Oscar en cuatro categorías diferentes. Rojos no obtuvo la estatuilla más preciada, la de mejor película, pero la estrella se llevó a su casa la de mejor director, y eso parecía augurar una venturosa carrera como director para Warren Beatty, pero la verdad es que ninguno de sus films posteriores se acercó a la misma altura.

Aunque la película no está exenta de licencias dramáticas, Rojos está concebida como un documental, que empieza y termina con declaraciones de personas que conocieron al auténtico John Reed y a quien fue su esposa, Louise Bryant. Estos testimonios aparecen también en diversos momentos clave de la película, a la que no puede negársele su vocación de autenticidad. Podría suscribir las típicas acusaciones que hablan del glamouroso playboy de Hollywood haciéndose el izquierdista, pero en general el enfoque de Beatty me parece bastante honesto, dentro de lo que cabe, y no le niego el valor de atreverse a explicar a sus compatriotas la vida de la figura más célebre del comunismo estadounidense, justo en el momento en el que un reaccionario actor, Ronald Reagan, acababa de acceder a la presidencia del país.  

La película, que se estructura en tres partes, muestra a un periodista de gran talento al que el periodismo le parecía poca cosa y aspiraba a hitos más trascendentes: John Reed fue, antes que nada, un idealista, alguien que quiso cambiar no sólo su propia realidad, sino la de todos los desfavorecidos. Como dice Henry Miller, uno de los testigos de la época que aparecen en el film, Reed se impuso a sí mismo una tarea en la que fracasó el mismo Jesucristo. Al principio, el protagonista no deja de ser un reportero de provincias que goza de cierto prestigio en Nueva York y que defiende con obstinación que su país no intervenga en la Primera Guerra Mundial. Su aspecto y sus ideas le llevan a conquistar a Louise Bryant, la esposa del dentista más acaudalado de Portland. Bryant fue una mujer de ideas muy avanzadas para su época, y lo dejó todo para seguir a Reed y buscar su sueño de convertirse en escritora. La historia de amor entre Reed y Bryant, y la relación de ambos con un círculo de intelectuales izquierdistas del Greenwich Village al que pertenecían figuras tan destacadas como Emma Goldman o Eugene O´Neill, ocupa la primera parte de la película, que contiene algunas de las escenas menos interesantes de todo el metraje. Beatty se toma excesivo tiempo en narrar la época de bailes y debates intelectuales de la pareja, aunque la cosa remonta cuando Louise empieza a mostrar el ahogo que le produce su insignificancia dentro del grupo, en contraste con el avasallador carisma de su pareja, hasta que, en una de las muchas ausencias de Reed, consagrado a divulgar la lucha obrera por todo el país, Bryant busca refugio en los brazos de O´Neill.

La segunda parte del film narra los dos grandes hechos históricos sobre los que éste gira: la entrada de los Estados Unidos en la guerra junto al bando aliado y, sobre todo, el estallido de la Revolución en Rusia. Reed comprende que se halla ante el gran acontecimiento histórico con el que llevaba muchos años soñando, y entiende que su misión es ir allí, ver lo que ocurre y explicárselo al mundo. Louise le acompaña, y ambos pudieron ver desde dentro cómo se coció la victoria bolchevique. Reed plasmó todo ello en la obra que le valió el acceso a la posteridad: Diez días que conmovieron al mundo.

El regreso de la pareja a los Estados Unidos vuelve a separarla: John entra de lleno en la política, con la intención de dirigir a las fuerzas que han de trasladar lo ocurrido en Rusia a los Estados Unidos, y Louise retrocede ante el creciente mesianismo que muestra su marido, causante de división entre la militancia. Reed decide volver a Rusia para obtener el aval de los bolcheviques para la facción que lidera, pero es detenido en Finlandia. Ante la falta de noticias, Louise decide partir en su búsqueda. Ambos descubrirán que los sueños y la realidad no son precisamente lo mismo.

En este tercio final del film, a Beatty le vence el narcisismo, pues se recrea demasiado en la agonía de Reed (y en la abnegación de Louise, ya convertida en una esposa tradicional) en un improvisado hospital ruso. Es mucho más interesante, sin duda, el contraste entre la revolución soñada y la realidad de la Rusia bolchevique, en la que pronto asomaron las deficiencias que, varias décadas después, causaron el hundimiento de lo que dio en llamarse socialismo real. Un contrasentido, en mi opinión, porque todo socialismo es, en esencia, utópico. Llama la atención que, siendo Reed un personaje famoso por su fuerza oratoria, las mejores frases de la película no las pronuncie él: éstas se reservan al discurso que le suelta Louise sobre las verdaderas razones de su regreso a Rusia, al diálogo que mantienen ella y Eugene O´Neill una vez Reed ha partido hacia Europa, y a las reflexiones de Emma Goldman respecto a las taras inherentes a toda revolución que intenta pasar de las palabras a los hechos, concretadas en el fenómeno soviético.

La forma de dirigir de Beatty es convincente, aunque no impresionante. Lo que sí impresiona es el trabajo en la iluminación de un Vittorio Storaro que, después de Apocalypse Now, volvió a acreditar ser un fuera de serie aficionado a los grandes desafíos. La música, cuya autoría comparten dos nombres tan célebres como lo de Stephen Sondheim y Dave Grusin, se basa en el ragtime y demás sonidos de la época, y no me llega a apasionar. El  montaje y el resto de apartados técnicos merecen una nota muy alta.

Warren Beatty podía ser un buen actor, pero nunca fue uno de los grandes, ni de lejos, y en esta película esto se hace patente. Su labor interpretativa es correcta y esforzada, pero palidece frente a la de buena parte de sus compañeros de reparto. No todo es culpa suya: el trabajo de su por entonces pareja, Diane Keaton, es espectacular: no concibo una Louise Bryant mejor, aunque al final se le vaya algo la mano con la lágrima. Jack Nicholson me da más la impresión de ser él mismo que Eugene O´Neill, pero su carisma y su talento son incuestionables. Maureen Stapleton incorpora a una Emma Goldman siempre creíble y Gene Hackman, como de costumbre, se come la pantalla en las pocas escenas en las que interviene. A un nivel más discreto, y en un terreno que no es el que más domina, tenemos a Jerzy Kosinski en el papel del líder bolchevique Zinóviev. Mucho mejor está Paul Sorvino en el rol de cabecilla comunista italo-americano, dentro de un reparto, que en conjunto, hace un trabajo de mérito.

Rojos no es una obra maestra, sobre todo porque le sobra metraje al principio y al final, pero sí es una muy buena película, la única de verdadero interés de las dirigidas por Warren Beatty.

 

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