EL ASESINATO DE JESSE JAMES POR EL COBARDE ROBERT FORD

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THE ASSASSINATION OF JESSE JAMES BY THE COWARD ROBERT FORD. 2007. 160´. Color.

Dirección: Andrew Dominik; Guión: Andrew Dominik, basado en la novela de Ron Hansen; Dirección de fotografía: Roger Deakins;  Montaje: Curtiss Clayton y Dylan Tichenor; Dirección artística: Troy Sizemore; Música: Nick Cave y Warren Ellis; Diseño de producción: Richard Hoover y Patricia Norris; Vestuario: Patricia Norris; Producción: Brad Pitt, Ridley Scott, David Valdés, Dede Gardner y Jules Daly, para Jesse Films Inc.- Scott Free Productions-Plan B Entertainment- Alberta Film Entertainment- Virtual Studios-Warner Bros. (EE.UU.-Canadá).

Intérpretes: Brad Pitt (Jesse James); Casey Affleck (Robert Ford); Sam Rockwell (Charley Ford); Jeremy Renner (Wood Hite); Paul Schneider (Dick Liddil); Garret Dillahunt (Ed Miller); Mary-Louise Parker (Zee James); Sam Shepard (Frank James); Zooey Deschanel (Dorothy Evans); Alison Elliott (Martha Bolton); Pat Healy, Michael Parks, Ted Levine, James Carville, Nick Cave, Kailin See, Tom Aldredge, Lauren Calvert, Hugh Ross.

Sinopsis: El joven Robert Ford consigue entrar en la banda de los hermanos James justo antes de que cometan un robo en un ferrocarril. A continuación, el grupo de forajidos se dispersa y Ford tiene la oportunidad de conocer a Jesse James, al que idolatra.

El notable debut de Andrew Dominik en el largometraje, Chopper, hizo que este joven director tuviera la oportunidad de ponerse al frente de uno de los últimos intentos de Hollywood de resucitar el western clásico, aunque sea en clave desmitificadora, tendencia muy común en nuestros tiempos. El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford gustó, sin llegar a entusiasmar, a buena parte del público y la crítica, confirmó a Dominik como un cineasta a seguir y permanece como uno de los últimos westerns importantes que se han realizado.

La historia narra, siguiendo la novela de Roy Hansen, la historia de los últimos meses en la vida de Jesse James, un legendario forajido que forma parte de la peculiar mitología norteamericana. En concreto, se trata de una crónica de la vida del menor de los hermanos James desde que conoce al que sería su asesino, el joven Robert Ford, que se une a su banda sin haber cumplido los veinte años junto a su hermano mayor, Charley. Para el muchacho, entrar a formar parte de la cuadrilla de forajidos más famosa de Norteamérica supone la realización de su mayor sueño, pues es un fervoroso admirador de Jesse James y colecciona todas las novelas y noticias que se publican sobre él. Realizado el que sería su último gran atraco, el asalto nocturno a un ferrocarril, el joven Bob Ford tiene ocasión de entrar en el círculo íntimo de Jesse James, hecho que supondrá la caída del mito: su idolatrado bandido es un psicópata despiadado, que desconfía de todo el mundo y que sólo a veces consigue disfrazar su verdadero carácter, que incluso provoca el rechazo de su hermano mayor, Frank, con un barniz de cordialidad, elegancia y buenos modales.

Pese a su dilatado metraje, considero que el interés de la narración no decae. Quizá el mayor problema sea que el film oscila, sin acabar de decantarse, entre la épica propia del western clásico y su indisimulado carácter desmitificador, que hace que resulte bastante difícil sentir simpatía hacia cualquiera de los principales protagonistas. A nivel visual, y aunque quizá se note más de lo necesario (ese gusto por los planos parcialmente desenfocados) el afán de Dominik por destacar, el film es excelente, calificativo indicado para referirse a la labor de Roger Deakins, que no en vano acaparó buena parte de los premios obtenidos por la película. En un film que en lo fundamental es de interiores, la majestuosidad de las escenas rodadas al aire libre es de las que se quedan en la retina. Escenas como la del asalto nocturno al ferrocarril, o la que muestra a James cabalgando, también por la noche, detrás del aterrorizado Ed Miller, son puro cine. Sin embargo, el film olvida una de las frases más recordadas del gran maestro del western, John Ford (“Entre la realidad y la leyenda, imprime la leyenda”), y eso, junto a la desigual inspiración entre escenas, hace que no se alcance un nivel de obra maestra que en algunos momentos llega a rozarse. Opino que el western necesita de un cierto nivel mítico, por mucho que sepamos que sus protagonistas fueran en verdad seres mezquinos y primarios, de gatillo fácil y escasa enjundia moral. Jesse James es una persona que quizá nunca mereció ser mitificada, aunque igualmente ya lo esté, y no pueden nuestros tiempos borrar lo que la historia ha dictado; los motivos de Robert Ford para matarle, como se explica al final de la película, no son otros que el miedo y la recompensa. Falta grandeza, aunque lo que sí me parece interesante es el modo de describir la reacción popular ante el asesinato: en su inmensa mayoría, la sociedad no celebró la muerte del peligroso criminal, sino que le mitificó, tal y como el propio Robert Ford había hecho antes de conocerle en persona; en cambio, él obtuvo mucho menos reconocimiento que desprecio por su acción: por un lado, libró a la sociedad de un elemento indeseable; por el otro, disparó por la espalda (todas las muertes de la película ocurren de ese modo) a un hombre que le acogió en su hogar. La sentencia popular contra el hombre que incluso explotó comercialmente su acción fue clara: nada de aplausos, sólo desdén. Sin duda, un fenómeno digno de análisis, que explica mucho de la Norteamérica de entonces y de ahora, y que puede hacerse extensivo a otras sociedades de este lado del Atlántico.

Al contrario que en la vida real, en el capítulo interpretativo los parabienes de críticos y espectadores fueron mucho más para Robert Ford que para Jesse James.. Aunque la interpretación de Brad Pitt es bastante correcta, y su manera de abordar al ciclotímico forajido es la que se busca, los matices que sabe darle Casey Affleck a su personaje, un individuo que, como tantos otros, posee mucha más ambición que talento, le hacen salir ganador del duelo. Pitt y Affleck se rodean de excelentes secundarios, como Sam Rockwell y Jeremy Renner, dos actores que son toda una garantía, y de un Sam Shepard que aparece sólo al principio, pero es a quien corresponde la mejor descripción que se hace del personaje de Robert Ford. Asimismo, las interpretaciones de Garret Dillahunt y, sobre todo, de Paul Schneider, me parecen de alto nivel. En cuanto al elenco femenino, su presencia es poco más que testimonial, y su desempeño es, en general, correcto, con Alison Elliott algo por encima del resto, en mi opinión.

Western importante, aunque no decididamente imprescindible, El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford es bueno para la vista y para el intelecto, aunque carece de algunos de los atributos que otorgan la excelencia. Con todo, no se hacen muchas películas de esta calidad en un año cualquiera.

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