SECRETARY

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SECRETARY. 2002. 111´. Color.

Dirección: Steven Shainberg; Guión: Erin Cressida Wilson, basado en un relato de Mary Gaitskill, adaptado por Steven Shainberg y Erin Cressida Wilson; Dirección de fotografía: Steven Fierberg; Montaje: Pam Wise; Música: Angelo Badalamenti; Diseño de producción: Amy Danger; Dirección artística: Nick Ralbovsky; Producción: Andrew Fierberg, Amy Hobby y Steven Shainberg, para Slough Pond-Double A Films-TwoPoundBag Productions.(EE.UU.)

Intérpretes: James Spader (E. Edward Grey); Maggie Gyllenhaal (Lee Holloway); Jeremy Davies (Peter); Lesley Anne Warren (Joan Holloway); Stephen McHattie (Burt Holloway); Patrick Bauchau (Dr. Twardon); Jessica Tuck (Tricia O´Connor); Amy Locane (Hermana de Lee); Oz Perkins, Mary Joy, Michael Mantell, Lily Knight, Julene Renee, Lauren Cohn.

Sinopsis: Lee, una joven con problemas mentales, es contratada como secretaria por un abogado, Edward Grey, pese a carecer de experiencia profesional previa. La relación entre ambos termina por ir más allá de lo estrictamente profesional.

Steven Shainberg, director de escasa y en general poco memorable filmografía, dio en el clavo con Secretary, película premiada en los más prestigiosos festivales de cine independiente y que puede considerarse la primera comedia romántica sadomasoquista de la historia del cine.

La película, que adapta un relato corto de Mary Gaitskill, tiene una premisa atractiva: una joven, sin experiencia laboral pero con una irrefrenable tendencia a autolesionarse, es contratada como secretaria por un misterioso abogado. Ella es la narradora de la historia, aunque la presencia de la voz en off no es demasiado extensa en la película. Para empezar, Lee, que así se llama la muchacha, entra en la oficina del abogado Edward Grey y se la encuentra patas arriba, antes de cruzarse con la secretaria saliente, que abandona el lugar llorosa y sin dirigirle la palabra. Más tarde, Lee supera con éxito una entrevista en la que Grey entra de lleno en el terreno personal. Una vez contratada, la joven parece encontrarse con el aburrido empleo que se le prometió, consistente en mecanografiar cartas y llevar cafés, pero no tarda en descubrir que su jefe es un sádico, y no precisamente en sentido figurado.

Con un sentido del humor gozosamente retorcido, aromas de David Lynch, en los que algo tiene que ver la presencia del compositor Angelo Badalamenti, y una aguda inteligencia, Shainberg estira con estilo su prometedora premisa narrativa e interna al espectador en un romance atípico que se ríe de la corrección política y demuestra que los sádicos y los masoquistas congenian divinamente. Al ver las heridas, provocadas por ella misma,  en las piernas de su secretaria, Grey intuye que Lee puede ser esa empleada ideal que tanto tiempo lleva buscando: una auténtica sumisa. El abogado no tarda en dar salida a sus instintos y Lee, lejos de sentirse violenta, encuentra junto a su jefe la fuente de placer que su convencional novio, Peter, está muy lejos de darle. A Grey, sus peculiares inclinaciones sexuales le hacen sufrir, y opta por reprimirse. Y es precisamente su indiferencia lo que más excita a Lee, a quien su jefe ha abierto un verdadero jardín de las delicias… antes de cerrárselo en las narices. Resulta muy llamativo el contraste entre la respuesta sexual de Lee a los convencionales polvos que le echa su novio, frente a las furiosas masturbaciones que le inspira su jefe. Con toda la ironía que se quiera, Shainberg muestra que, en el trabajo y en el sexo (los mojigatos lo llaman amor, pero ya somos mayorcitos todos), las relaciones que se establecen son relaciones de poder que, como tales, poseen un componente más o menos visible de violencia y humillación, de abuso y sometimiento. Ahora bien, ¿qué sucede cuando a la presunta víctima le complacen -hasta llegar a la cachondez más extrema- unos comportamientos que las personas normales considerarían del todo inmorales? La respuesta de Shainberg, y la mía propia, coinciden: el cielo en la Tierra. En su conclusión, Secretary entra de lleno en los terrenos de la comedia romántica más convencional, pero lo hace desde un prisma tan marciano (véanse los breves planos que muestran cómo la pareja protagonista celebra su luna de miel), que hasta eso resulta simpático. Con un estilo visual pausado, una puesta en escena deliberadamente fría y ese momentazo ilustrado por una canción tan inspirada como el I´m your man, de Leonard Cohen, Secretary es sexy, divertida y lúcida. Lo que hagan dos adultos libres en la intimidad de la alcoba es algo exclusivamente de su incumbencia, y los demás poco o nada han de opinar al respecto. Shainberg se adentra en lo bizarro hasta el fondo, y lo hace con un cariño hacia sus personajes muy de agradecer.

Es conocida la afición de James Spader por interpretar personajes complejos, de sexualidad intrincada. Algunos de sus grandes trabajos, léase Sexo, mentiras y cintas de vídeo o Crash, ya iban en esa línea, y por eso Spader, un actor capaz de resultar inquietante desde la parquedad, era el protagonista ideal para Secretary. Lo demuestra haciendo una de las mejores interpretaciones de su carrera, aunque la verdadera revelación de la película es su protagonista femenina, Maggie Gyllenhaal, una actriz a la que he visto en papeles secundarios sin que hubiera llamado especialmente mi atención, pero que aquí hace un trabajo extraordinario, en el que la inocencia, la sorpresa y el puro éxtasis sexual se superponen para dar forma a una de las más grandes interpretaciones femeninas que he visto en años. Además, la química entre ella y Spader es intensa, lo que le da a al film el caudal erótico que necesita. En una película que es casi siempre de dos personajes, los secundarios tienen poco brillo, pero cumplen. Lo hacen Jeremy Davies, como el más bien obtuso novio de Lee, la veterana Lesley-Anne Warren y, mejor que ninguno, Stephen McHattie en el papel del padre alcohólico de la protagonista.

Secretary es una agradabilísima sorpresa, que deja a 50 sombras de Grey a la altura del betún y es, sin duda, una verdadera película de culto. Stephen Shainberg ha hecho poco, y no muy bueno, después de esto, pero siempre podrá decir que ha dirigido al menos una gran película.

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