TRES ANUNCIOS EN LAS AFUERAS

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THREE BILLBOARDS OUTSIDE EBBING, MISSOURI. 2017. 112´. Color.

Dirección: Martin McDonagh; Guión: Martin McDonagh; Dirección de fotografía: Ben Davis;  Montaje: Jon Gregory; Dirección artística: Jesse Rosenthal; Música: Carter Burwell; Diseño de producción: Inbal Weinberg; Producción: Graham Broadbent, Peter Czernin y Martin McDonagh, para Blueprint Pictures-Film4-Fox Searchlight Pictures (EE.UU.-Reino Unido).

Intérpretes: Frances McDormand (Mildred Hayes); Woody Harrelson (Willoughby); Sam Rockwell (Dixon); Abbie Cornish (Anne); Caleb Landry Jones (Red Welby); Lucas Hedges (Robbie); Zeljko Ivanek (Sargento); Sandy Martin (Mamá Dixon); Peter Dinklage (James); Darrell Britt-Gibson (Jerome); Amanda Warren (Denise); Kerry Condon, Jerry Winsett, Kathryn Newton, John Hawkes, Smara Weaver, Clarke Peters, Nick Searcy.

Sinopsis: Una mujer, cansada de la falta de avances en la investigación del asesinato de su hija adolescente, hace colocar tres carteles publicitarios en la periferia del lugar donde ocurrió el suceso.

En sus películas anteriores, el director londinense Martin McDonagh había mostrado unas notables credenciales, que quedan definitivamente confirmadas con Tres anuncios en las afueras, un drama rural con muchos toques de comedia negra que por su ambientación, desarrollo y protagonista femenina remite al universo cinematográfico de los hermanos Coen. Un muy mayoritario apoyo crítico, la buena respuesta del público y un importante número de premios internacionales avalan la apuesta de McDonagh, capaz de hacer una película que consigue mirar a la América profunda con el distanciamiento del extranjero, y a la vez dando la sensación de conocer bien el terreno.

El hecho es que, en todas partes (y una de las que más, los Estados Unidos de Norteamérica) muchos crímenes y hechos violentos tardan una eternidad en resolverse o, simplemente, no lo hacen. Un gran número de personas debe vivir con el trauma por la pérdida de sus seres queridos, y a la vez con la desazón de saber que los culpables siguen impunes. La película parte del hartazgo de una madre ante la nula capacidad de la policía para detener a quienes violaron y asesinaron a su hija varios meses atrás. Por ello, la mujer alquila unas vallas publicitarias en una carretera apenas transitada, y hace colocar unos carteles que acusan directamente al jefe de la policía local, un personaje muy respetado en el pueblo. Este hecho provoca un notable revuelo, y desencadena una espiral violenta que los personajes principales de la historia no dejan de alimentar. No obstante, McDonagh huye del tópico de la madre coraje enfrentada a un sistema corrupto, y dota a personajes y situaciones de unos matices que son los que realmente marcan la diferencia entre Tres anuncios en las afueras y un sinfín de películas que argumentalmente puedan parecérsele. El guionista y director muestra cómo cambian las cosas cuando abandonamos nuestra cerrazón mental y conseguimos ver las cosas desde el punto de vista de quienes, hasta entonces, no eran más que obstáculos para la consecución de nuestros propósitos, es decir, la diferencia entre cosificar y humanizar. La madre coraje, admirable por su fortaleza, muestra un comportamiento adornado por un considerable número de tics fascistoides; la desidia y la incompetencia policiales existen, pero están en buena parte provocadas por la total ausencia de pistas del crimen; Willoughby es un tipo sensible y un perfecto padre de familia que se enfrenta a una muerte próxima; Dixon, un policía de pocas luces y cegado por la rabia, pero con un buen fondo que acaba por salir de entre las pocas rendijas que dejan su alcoholismo y su violencia, y el resto de personajes están trazados de forma certera, con sus luces y sus muchas sombras.

Aunque en el guión asomen algunas incoherencias (por ejemplo, me resulta increíble que los hijos de Mildred no tengan ninguna prueba de que su padre es un maltratador, o que la reacción de los habitantes del pueblo, Dixon al margen, ante los carteles sea menos furibunda una vez fallecido el jefe de policía), éstas se enmiendan gracias a unos potentes diálogos (para enmarcar el sopapo dialéctico que le arrea Mildred al sacerdote de su parroquia, o el que ella recibe de su enano pretendiente, así como algunas partes de las cartas de Willoughby), a los toques de humor y a la hábil manera de encajar lo humanista y lo macabro escena tras escena. Tres anuncios en las afueras nos habla del rencor, de la injusticia, del perdón y de la pérdida sin querer pasarse de trascendente, y se agradece. También lo que se dice sobre la Iglesia y el periodismo carroñero merece mi aplauso. En el terreno visual, escenas como la del incendio nocturno de los carteles o el de la comisaría de policía (el fuego redentor, una y otra vez: veo las huellas de Paul Schrader) están muy logradas, y la música de Carter Burwell subraya con acierto los aspectos principales de la trama con su acentuado sello del Medio Oeste.

Frances McDormand me parece una excelente actriz, de las mejores del cine norteamericano de las últimas décadas. Su papel en esta película le ha dado, y le dará, numerosos premios, porque su interpretación es muy buena, aunque a mí me parece demasiado afectada en escenas como aquella en la que rememora la última conversación con su hija, o en el encuentro con su ex-marido en el restaurante: su actuación es maravillosa cuando consigue mostrarse más contenida, todo hay que decirlo. Para mí, aunque Woody Harrelson esté impecable, quien se lleva la palma en el plano interpretativo es ese excelente actor que es Sam Rockwell, capaz de mostrar, aun vendado, cómo un vaso de zumo de naranja puede cambiar a un hombre (en esa escena veo emoción de la mejor especie). En general, la labor de todo el reparto, desde Zeljko Ivanek, un gran secundario, hasta Caleb Landry Jones, pasando por Abby Cornish o el televisivo Peter Dinklage, me parece de alto nivel, y confirma que Martin McDonagh es bueno a la hora de escoger y dirigir a sus intérpretes.

Gran película, que se sitúa apenas un escalón por debajo de la excelencia, y enésima confirmación de que la América profunda, ese lugar que convirtió en presidente a un multimillonario patán, es un territorio de lo más cinematográfico. Esta vez, Martin McDonagh ha dado en la diana.

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