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EL GRAN MIÉRCOLES

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BIG WEDNESDAY. 1978. 118´. Color.

Dirección: John Milius; Guión: John Milius y Denis Aaberg; Dirección de fotografía: Bruce Surtees; Montaje:  C. Timothy O´Meara y Robert L. Wolfe; Música: Basil Poledouris; Diseño de producción: Charles Rosen; Dirección artística: Dean Mintzner; Producción: Buzz Feitshans, para A Team- Warner Bros. (EE.UU.- Italia)

Intérpretes: Jan-Michael Vincent (Matt Johnson); William Katt (Jack Barlow); Gary Busey (Leroy Smith); Patti D´Arbanville (Sally); Lee Purcell (Peggy Gordon); Sam Melville (Bear); Gerry López (Él mismo); Darrell Fetty (Waxer); Barbara Hale (Mrs. Barlow); Fran Ryan (Lucy); Robert Englund, Hank Worden, Joe Spinell, Rick Dano, Frank McRae, Charlene Tilton, Reb Brown, Michael Talbott, Gray Frederickson.

Sinopsis: En la California de principios de los 60, tres jóvenes surferos viven la vida al máximo. Con el paso de los años empiezan para ellos las responsabilidades de la edad adulta, mientras esperan a que lleguen a sus costas grandes olas como las que han encumbrado a los mitos del surf.

Tres años después del estreno de la que a mi parecer es su obra maestra como director, El viento y el león, John Milius reapareció con El gran miércoles, drama en clave surfera que repasa una década en la vida de tres amigos cuya gran pasión es cabalgar olas en las playas de California. No puede decirse que el film fuera un éxito, aunque con el paso del tiempo se ha convertido en una obra de culto que pasa por ser la mejor película que se haya rodado sobre el mundo del surf, actividad que no me cuenta entre sus adeptos.

John Milius es un hombre de talento y de firmes convicciones: en ellas se encuentra lo mejor y lo peor de El gran miércoles o, siendo más concretos, debe decirse que los mayores defectos de la película aparecen cuando su director acentúa demasiado sus rasgos más distintivos. Por ejemplo, no tengo nada en contra de que la historia sea un canto a la amistad masculina, pero me sobra exaltación de la testosterona: la escena de la pelea en el tugurio mexicano está de más, pues poco aporta a la narración, estructurada en cuatro distintos períodos temporales que abarcan más de una década, con un tono que se va oscureciendo a medida que transcurre el metraje: si al principio, totalmente luminoso, las únicas preocupaciones del trío protagonista son el surf, el alcohol y las chicas, el paso de los años, subrayado a nivel visual con la aparición de diversas escenas nocturnas y un tono general más gris, abre para los tres hercúleos muchachos un mundo en el que surgen las responsabilidades familiares, los fracasos sentimentales, la necesidad de ganarse la vida de maneras menos divertidas que el surf y el reclutamiento para la guerra del Vietnam, que estos despreocupados jóvenes tratan de esquivar de las maneras más estrambóticas que se les ocurren. Como retrato de unos individuos peculiares y de su época, la película funciona realmente bien. Los momentos de comedia son facilones y, al contrario, a veces a Milius le pierden sus excesivas ansias de solemnidad. El gran miércoles consigue comunicar, ayudada por unas escenas marítimas espectaculares, la pasión por el surf de sus protagonistas (y, por supuesto, de su director), pero sus mejores momentos ocurren cuando la película se hace más sombría y el final de la juventud se nos muestra como la inmensa pérdida que realmente es. Esas grandes olas que, años después de los mejores años surferos de los personajes principales, vuelven a arrastrarles hacia el mar, no son más (ni menos) que la metáfora de la juventud momentánea y felizmente recuperada.

Como ya he dicho, en el aspecto visual la película da el espectáculo que promete, con un loable trabajo de Bruce Surtees y de todos los técnicos y cámaras que se dedicaron a captar la magnificencia de las olas del Pacífico. Mención especial merece la inspirada banda sonora de un Basil Poledouris cuya habilidad para la épica siempre combinó de maravilla con el espíritu grandilocuente de Milius. Pocas flaquezas le veo a esta película en el apartado técnico, pero no ocurre lo mismo con el actoral: El gran miércoles fue el último film destacable en el que apareció un Jan-Michael Vincent que siempre me pareció un intérprete mediocre. Ese Matt Johnson estelar e inadaptado merecía a un actor de mayor calibre. Mejor están William Katt, que tampoco es que sea Marlon Brando pero cumple bien en el papel del surfero más centrado del trío, y un ya algo sobreactuado Gary Busey. Los papeles femeninos son demasiado tópicos y cumplen una función poco más que decorativa (aunque tal vez sea Barbara Hale la mejor parada de todo el reparto), y también creo que el rol del mentor surfero caído en desgracia, encarnado por Sam Melville, debería haber recaído en un actor de más nivel. A modo de anécdota, destacar la aparición de Robert Englund, años antes de ponerse el jersey a rayas de Freddy Krueger.

Película reivindicable pese a sus excesos, El gran miércoles va más allá de ser un producto destinado en exclusiva a los amantes del surf y queda como un relato de una época que gana enteros a medida que su tono se hace elegíaco.

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